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Espacio Psicología

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Facebook: ¿Es una aplicación facilitadora?

Por Lic. Graciela V. García
Psicóloga Clínica
MP: 80.359

Facebook nace como una aplicación para buscar caras conocidas, y establecer contactos por fuera de lo social cotidiano. Nació para sostener a un grupo de individualistas en búsqueda de agrupamientos y cercanías. Tal es que un amigo, de un amigo, de un amigo formaría parte de mis contactos. Se calculaba cuando nació esta red, que al séptimo contacto desconocido al menos un amigo, era compartido.
La cualidad de la aplicación fue transformándose y transformándonos. Por ejemplo, para saber qué hacían nuestros hijos considerados como “indefensos”, abrimos cuentas para localizar configuraciones “peligrosas” para ellos. Los jóvenes fueron mudándose y hoy otras redes, como Instagram, quedaron bajo el dominio de la juventud. Es muy raro ver adultos sueltos en esta aplicación buscando contactos amigos; más bien se vuelcan a la exhibición y comercialización de productos y servicios.
Hoy por hoy Facebook, cuyos contactos nos abrieron las puertas de su intimidad, para conocer sus estados, preferencias y tendencias, se convirtió en el lugar de la envidia y los piedrazos. Algunos contactos son falsos, nombres, fotos y vidas falsas, acoplan con nuestros contactos de conocidos por la red.
Los efectos que producen en aquellos que nacimos con la aplicación y nos quedamos definiéndola como antaño, vemos con sorpresa que no nos alberga en absoluto. Podemos espiar, mirar, leer, pasar, bloquear, registrar quién nos mira. Pulsiones parciales como el exhibicionismo, el voyeurismo invitan a quienes se regocijan en ello. El vandalismo es predominante en aquellos que tienen fe y creen en política y religión. Sus “Muros” nos desbordan sin filtro con sólo entrar a la aplicación, y condicionan nuestra percepción en la búsqueda de alguna propuesta personal por la cual entramos. Los contenidos son piedrazos reboleados que nos pegan, a veces en el corazón, otras en la mente, en el cuerpo y otras tantas pasan de largo. Aquellos contenidos que nos generan alegrías y risas, muchas veces nos despiertan la ira. Muy pocas noticias compartidas, demasiadas mentiras abruman y nos proyecta a fantasías de persecución y paranoia… ¿en qué andará?, ¿En qué andaré yo? Nos despierta la fantasmática más esquizofrenizante: el lavado de cerebro, la guerra fría, el cataclismo, el uso de nuestros datos, la manipulación más allá de lo que nuestra conciencia nos pueda permitir.
Por suerte, el psicoanálisis tiene una respuesta para quienes las redes se han transformado parte de la crisis de nuestros pacientes, que relatan en la consulta sus sufrimientos acerca de lo que han visto o leído en los muros de los otros. No alcanza con la orden de no entrar a Facebook si te hace mal.
La conciencia humana se distingue de la conciencia de los animales. La atención es el único criterio que define a la conciencia animal. Rondan en la supervivencia. Los sujetos primero deben reprimir las asociaciones ligadas a la percepción. Hay un inconsciente que pulsa por seleccionar de todo lo que puede percibirse, aquello que nos sea del orden del deseo, pues estamos lejos de la supervivencia ya que nuestra condición de carne se aleja gracias a la palabra que nos la dan los seres significativos que nos rodearon desde el punto cero de nuestro nacimiento y la época (cultural-histórico-político-regional) en que nacimos. Existe “alguien” entonces, antes de percibir, desde ese “alguien” seleccionamos inconscientemente qué ingresa a nuestro reconocimiento. Lenguaje y pensamiento nos preceden por añadidura de un semejante-otro.
Entonces, si aquello que abordamos en la red, es recibido como vandalismo, piedrazos, nos desborda por presentificarnos nuestra fantasmática, será mejor trabajarla en terapia que seguir actuándola o sufriéndola. También podemos prescindir de encontrar en Facebook un libro de caras o vidas abierto para nosotros. Los otros son opacos, de ellos nada sabemos, sus publicaciones son semblanteo de intencionalidades o inconsciencias de las que nada sabemos. Y nada puede hacernos mal, siempre que no le demos entidad de demonio. El otro no es malo, ni bueno, ni mejor, ni peor, es una constante. Siempre está y estará y con ello hacemos funámbulo ya que estamos muy lejos de conocerlo y saber algo de sí.

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Mi novio tiene hijos.

Por Patricia Mónica Ploder Lic. en Psicología – MP 80358

El otro día una amiga que no tuvo hijos propios, me contó que está saliendo con un señor que tiene hijos, y me pedía mi opinión como psicóloga. Me preguntaba cómo era saludable que ella se vinculara con esos chicos. Además, me contó que ante esta inquietud intentó googlear sobre el tema y dice que encontró muy poco.
Su planteo me llevó a pensar en tantos casos en los que hay familias ensambladas en las que las nuevas parejas interactúan con hijxs que no son hijxs propixs, e hijxs que interactúan con los nuevos vínculos que generan sus progenitores, lo que genera movilizaciones en todos lxs actores.
Lxs actores en esta escenificación pueden ser:
-Nuevas parejas que se constituyen, cuyos miembros pueden o no haber tenido hijxs en historias anteriores que pudieron haber sido matrimonios constituidos, o relaciones pasajeras, o monoparentalidades, o en alguna otra modalidad diversa; o sea padres y madres.
-Hijxs que han sido gestados en grupos familiares con los que han generado vínculo, y que en algún momento son incorporados al nuevo vínculo que alguno de sus progenitores genera, en el que materialmente quedan incluidos por la nueva unión.
-Cualquier otro rol familiar: tíxs, abuelxs, hermanxs, primxs… que puede constituirse también en un vínculo significativo desde un lazo no biológico, con afectividad construida a partir del nuevo vínculo.
Mi amiga me preguntaba cómo hacer para no invadir a los chicos en posibles rivalidades que ella podría generar con la madre de los mismos, ex pareja de su novio, al mismo tiempo que quería ser hospitalaria con los niños. También le preocupaba cómo no dejar de ser ella misma, con sus propios valores y formas de funcionamiento familiar, sin imponerles arbitrariamente a los chicos normas que no fueron consensuadas entre los progenitores de los mismos.
Su pregunta surgió desde el principio de su relación, pero fue profundizándose en la medida que los niños compartieron con ellos fines de semana, salidas, vacaciones y festejos familiares. Dudó en lo que podría generar si ella participaba en el cumpleaños de los niños en los peloteros en que compartían sus festejos con personas de su entorno, como compañeros del colegio y familiares de parte de la madre de los niños.
Me pareció que la línea en la que venía mi amiga era criteriosa, pues además de estar atenta a sus propios sentimientos, quería tener en cuenta los de todos los actores involucrados.
Quería que ese tiempo compartido con los niños fuera agradable para ella, y de hecho disfrutaba mucho estar con ellos. Pero también deseaba que fuera placentero para los chicos, sin generar conflictos de lealtades en ellos. Deseaba respetar a la madre de los niños, y a los consensos a los que habrían llegado los progenitores de los niños (es decir su propia pareja actual, y la ex pareja de él), sin dejar de tenerse presente a sí misma.
Como todo lo humano, la respuesta es compleja. Las nuevas configuraciones familiares (no tradicionales, llamadas también familias ensambladas) implican procesos complejos de inclusión y progresivas construcciones de los nuevos vínculos, aunque no dejan de ser vínculos humanos, afectivos, con las particularidades de todas las construcciones vinculares.
La idea es respetar todos los tiempos subjetivos (no cronológicos) de todos los que deben participar en la creación de estos nuevos vínculos; siempre para sumar, jamás para rivalizar intencionalmente ni generar discordias innecesarias y destructivas. Nadie está obligado a amar a quien no puede amar, pero a través de modalidades respetuosas pueden construirse progresivamente vínculos cariñosos y saludables, con posibilidades de ir sorteando –como lo logran todas las familias saludables- las dificultades que vayan surgiendo.

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Divorcio controvertido.

*Lic. Graciela V. García.Psícóloga Clínica.MP:
80.359Posgrado en Clínica psicoanalítica con niños y
adolescentes.Con Orientación Psicoanalítica en Pareja y
Familia.Atención en Hurlingham.Email:
gvghur60@gmail.com


Cuando dos personas se separan, la mayoría de las veces, uno de ellos es el que sabe con anticipación que se desvinculará porque siente que “no va más”. Otros se percatan en el instante que le dicen que el vínculo llegó a su fin, sufriendo a destiempo y muchas veces es implicando a un tercero. Difícil es encontrar quienes sinceren sus sentimientos. Los diálogos suelen terminar o empezar con discusiones de alto impacto verbal y/o físico por defender posturas rígidas. Todo esto produciría controversias.
La mayoría de las parejas, discuten sus cuestiones con tal intensidad que los niños están “metidos en el medio” convirtiéndose en rehenes. Y con la separación se va la ilusión de que se termina el problema, cuando en verdad, casi siempre empieza: repartición de bienes, dónde vivir, quién asume gastos, quién se queda con los niños, qué decirles, frecuencia de visitas, y otras tantas situaciones cotidianas.
Lo ideal sería terminar una relación con lo que esto implica (duelos), para comenzar otra. Por lo general, “un clavo no saca otro clavo”, sino que remacha o machaca en el mismo lugar ahondando lo que no fue resuelto.
Sumado a esto, los tiempos modernos llevan a impulsividades de no corte de las pulsiones parciales que buscan goces efímeros. La palabra “goce” designa justamente el encierro del cuerpo en sí mismo, un sueño autístico liberado de la discordancia sexual. Sin esfuerzo, los mensajes epocales de “pasarla bien”, de “vivir el hoy” pulsan a que las personas sientan que los lazos duraderos, ni son lazos, ni son duraderos. Estaríamos en un encierro donde triunfaría el goce que es autárquico, y aparecería el sentimiento de vacío, agujero interior, un sin sentido que despierta el ciclo otra vez, para ser llenado por otros goces efímeros: sustancias, sexo compulsivo, trastornos alimenticios, ansiedad, violencia, ludopatías, descarga, y otros.
Sin embargo, todos sentimos, que estamos en una sociedad de soledades, en búsqueda de un amor inconfesable por temor a que el otro escape. El vínculo es contrapunto, discordancia. Este contrapunto es tan liberador que se asemeja al amor. El planteo de la “fidelidad” agobia apareciendo el temor al encierro y ahogo. Plantearse la fidelidad desde el arranque es idealista. Compartir momentos agradablemente distendidos, suelen naturalmente desplazar a los viejos goces. Acercándose a lo placentero, armarán algo parecido al amor. Entonces la fidelidad es un punto de llegada, no de partida.
Para los que sienten que la vida es más fácil de a dos, es una verdad indiscutible y para aquellos que sienten que estar sólo abriga bienestar, también es su verdad. La distorsión aparece cuando uno está en una sintonía y el partenaire en otra. En estas situaciones hay algo de la desestima del otro cuando no se es auténtico. Engaño, negación, “amores perros”, dolor y abandono son algunos de los elementos de ese conjunto desintonizado.
Para todo, hay una solución que no es la que sale en los diarios: feminicidios, abusos morales, hombres hostigados, hijos rehenes. La vida y lo placentero tiene otro decurso que no es el de la destructividad, lo precario, lo mortífero de la propuesta del desencuentro con los otros. El amor tiene otras coordenadas, y quizá sería conveniente recalcular, como con un GPS. Aún todavía, la constitución de nuestra subjetividad nos enseña que es intersubjetiva.

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Cómo afecta la economía en nuestra constitución psíquica.

*Lic. Graciela V. García.Psícóloga Clínica.MP:
80.359Posgrado en Clínica psicoanalítica con niños y
adolescentes.Con Orientación Psicoanalítica en Pareja y
Familia.Atención en Hurlingham.Email:
gvghur60@gmail.com


No hace falta desarrollar en breve ni en extenso las afecciones que producen las políticas económicas y financieras de un país emergente y en emergencia.
Quisiera retomar estas dificultades que todos podemos inferir, para no instalarnos en ellas y transformar a aquellas que parecen encrucijadas, en resistencias a trabajar y en desafíos que presenta la vida actual, en el aquí-ahora.
La palabra “vulnerable” se utiliza como adjetivo para hacer referencia a una persona o cosa que puede ser dañado o recibir lesiones, bien sea físicas o morales. La palabra vulnerable es de origen latín “vulnerabilis”, una palabra formada por “vulnus” que significa “herida” y el sufijo “-abilis” que expresa “posibilidad”, por lo tanto, significa la “posibilidad” de ser herido. En este caso que analizamos, la variable “economía” posiblemente nos hiera, posiblemente no.
Los escenarios socio-ambientales, educativos, económicos y familiares disponen a las personas. Bien pudieran ser arrasados en su despliegue, o no. Son condicionantes pero no determinantes, es decir, no hay nada de destino ni de herencia en todas estas situaciones. Quizá acompañen o empañen el devenir personal de cada uno de nosotros.
Por ser condiciones, los adultos somos quienes podemos dar respuestas a la modificación de las mismas para transfor-marlas en oportunidades, y luego, ir al rescate de los niños y ancianos que están en situación de vulnerabilidad por sus condiciones de tales.
Crisis significa también crecer. Y resistirse a ello, o sujetar nuestra vida a los mandatos pre-establecidos, obedecer una agenda o que nos indiquen sobre qué debemos preocuparnos, es nuestro quehacer. Es nuestro encuentro con lo que éticamente nos convoca: a deshacernos del discurso que oprime nuestra capacidad de desarrollarnos. No es otro el que sienta o sepa mejor que nosotros hacia dónde debemos ir para encontrarnos con nuestras ganas de vivir y cómo queremos constituir nuestra identidad en las rutas de nuestra vida. Hay tantas maneras de vivir, como tantas personas hay en el mundo.
El filósofo Kant dijo que “vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros”. Si apoyamos los sucesos que nos afectan, los fomentamos, los adquirimos como premisas verdaderas y los naturalizamos, se convierten en un cuello de botella y todo aquello que quisiéramos devenir se frena o paraliza. Vivir tiene multiplicidad de rumbos. No hay un camino directo y automático a conseguir lo que nos proponemos. El mundo de la inmediatez nos persigue para ponernos los lentes rojos y brillantes. También los hay quienes tienen los lentes negros y con aumento.
Para todos los que creemos que tomamos decisiones con respecto a nuestras vidas y se nos hace difícil lo económico, los aspectos del área de la creatividad y el agruparnos con otros para compartir ideas, va a mejorar nuestra calidad de vida. Entonces, lo económico pasaría a segundo plano.
Hay una premisa (y no la única) que arma subjetividad: No podemos esperar que los otros se hagan cargo de nuestros avatares. La propuesta parte de uno mismo, para ayudarse a uno mismo, y el otro acompaña (en el mejor de los casos). Si así no sucede, y uno sólo no puede cambiar, es cuestión de consultar con los profesionales competentes a la problemática que uno presenta. La ayuda está contemplada en nuestra cultura. Salir a buscarla depende de nosotros mismos.
No todo se puede con la voluntad, y es en esas situaciones de no poder mediar por sí mismos, cuando el entorno familiar ejercería la función facilitadora, de sostén y amparo, retomando la propuesta de acompañar al sufriente en situación de vulnerabilidad y juntos, con los profesionales de la salud psíquica, acercarle la atención concomitante a estas inquietudes.

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Los lazos.

Por Patricia Mónica Ploder Lic. en Psicología – MP 80358

“…las transformaciones subjetivas que tramitan sus protagonistas implican procesos de empodera-miento y reposiciona-mientos constantes como también construcciones colectivas de sentido.” (Fernández, A.M., 2006)
Desde que el ser humano pudo ser conciente de sí mismo, y tomarse como objeto del pensar, empezó a “hacer psicología”, intentando entender y fundamentar los comportamientos o los sentimientos de las personas, aunque no aplicara métodos científicos, ya que la psicología como ciencia aparece recién en 1879. La filosofía, le metafísica, la religión…han abordado cuestiones relativas a todo lo humano, han intentado ensayos que explican, describen, pres-criben…modos en que lo humano trascurre o modos en que debe transcurrir. No hay reflexión humana que haya escapado a teorizar sobre los vínculos intersubjetivos, y hoy quiero escribir sobre la importancia de los lazos afectivos entre las personas.
Para todos los seres gregarios el haber sido contenido por su grupo hace una diferencia fundamental en su salud mental, en su seguridad, en sus respuestas ante las amenazas de la vida, y en su equilibrio mental. Esto vale no sólo para los humanos, sino para todas las especies con comportamientos gregarios: perros, monos, osos… Entonces, ni hablar de la importancia que tiene para los humanos. Más allá de los estudios científicos, es de una obviedad innegable a la mera observación que generar lazos es una condición natural y espontánea de los seres gregarios, que apunta no sólo a la protección material de supervivencia, sino que principalmente construye posibilidades afectivas. Posibilidades que se visibilizan tanto en el modo en que uno se dirige al semejante, sino también en el modo en que uno funciona en la vida.
Tener capacidad de amar y cuidar es muchas veces la contracara de haber sido amado y cuidado. Alguien que ha sido amado, tenido en cuenta, protegido, y que ha podido contar con contención emocional, posee más recursos para sortear saludablemente cualquier evento doloroso, traumático, o desestabilizante de la vida. Y si en ese preciso momento, además, puede buscar contención, el trance será menos difícil.
Corren momentos difíciles, y en esta lógica que brevemente describí más arriba, de que contener y ser contenido ayuda a atravesar momentos dolorosos, agreguémosle que en ese momento ocurren además interacciones múltiples y complejas que permiten generar nuevas formas de funcionamiento, superadoras, y de nuevos otorgamientos de significaciones a las problemáticas por las que se está atravesando. Si ante el dolor de lo actualmente vivido la persona tiende a aislarse, busca estar sola, huye del contacto con otros, el proceso será mucho más difícil de atravesar. Lo intersubjetivo no resuelve todo, y hasta a veces puede empeorarlo. Pero si los lazos son saludables, si el intercambio interpersonal es enriquecedor, y si la contención emocional recíproca existe, no quedarse solo es un recurso invaluable para el dolor. Busquemos y refugiémosnos en los vínculos afectivos saludables, lo que mejorará el atravesamiento de lo doloroso.
Referencia: FERNANDEZ, Ana María, 2006, Política y subjetividad, Ed. Biblos, Bs As.

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¿Cuál es la verdad? ¿Existe una sola verdad?

Por Patricia Mónica Ploder / Lic. en Psicología – MP 80358 / pattyplod@hotmail.com

Teóricamente sólo dos ciencias son portadoras de verdades universales: la lógica y la matemática.
En relación a las verdades de dichas ciencias, teóricamente dos más dos (2+2) da el mismo resultado siempre, en cualquier lado, en cualquier momento. Estas ciencias no son mi área de incumbencia, y hoy quiero escribir sobre las otras verdades, que no son siempre las mismas, ni en todos los casos, sino que tienen infinitos matices.
Quiero escribir sobre esas afirmaciones que no tienen alcance de universales, sino de particulares, circunstanciales, subjetivas o parciales.
Las afirmaciones que alguien pueda realizar sobre la realidad que nos es matemática no poseen el carácter de verdades universales.
Las verdades de las que voy a escribir hoy no están en la realidad misma, sino que están en los enunciados que los sujetos realizan acerca de la realidad (1).
Tampoco voy a escribir hoy sobre la realidad del inconciente (si es que el inconciente tiene alguna verdad), sino sobre las verdades que construyen los sujetos. Desde chiquitos escuchamos a nuestros adultos explicarnos cosas o los escuchamos elucubrar explicaciones y signi-ficaciones que se le otorgan a la realidad.
Por este motivo, generamos la ilusión que hay cosas que son de una sola manera, y que esa es la verdad sobre la cosa.
Las verdades construidas en algunas de estas áreas son fácilmente derribables, como por ejemplo cuál es el mejor equipo de futbol: ¿Boca? ¿River?...dependerá de cada simpatizante, aunque en algunos hogares el “verdadero” equipo es uno solo.
Pero en otras áreas no es tan simple arribar a la conclusión de que no se trata de verdades universales. “La verdad es que esos gay son enfermitos” podrá decir mi padre; “esas chicas son unas trolas” dirá mi abuela mirando un programa de televisión; “si se viste así….” diría mi tía al ver la foto de la chica que violaron y mataron; “estás enojada” diría mi nieta mientras leo atentamente un libro con el ceño fruncido; “me abandonaste” me dice mi hijito cuando lo dejé solo con la enfermera que le aplicaba la vacuna… Podríamos dar muchos ejemplos que implican valoraciones, otorgamientos de significados, intentos de explicación u ordenamiento de la realidad, que son UNA verdad pero que no son unívocamente LA verdad.
Dice Bleichmar que aparece “una discordancia entre la teoría existente y la realidad percibida” (1) que abre un debate en la relación “entre verdad y verosimilitud” (1), que son temas que remiten a la historia y la historización, ya que el imaginario es “un punto de recomposición permanente en el sujeto” (1).
Esto significa que los humanos, que somos otorgadores de significados, estamos buscando todo el tiempo una verdad que nos cierre, que nos explique o nos tranquilice. Y las fuentes de esas necesidades son múltiples, y todas al servicio de recuperar un equilibrio psíquico que la vida nos rompe todo el tiempo. Así como necesitamos saber a qué equipo de futbol halagar, o a qué partido político votar, también necesitamos saber cómo vestirnos para no ser víctimas de violadores o asesinos. Es un hecho que ninguna de estas verdades nos garantizan la tranquilidad material absoluta, pero por un rato nos garantizan la tranquilidad psíquica buscada. Necesitamos: entender, protegernos, conocer vías permitidas de acción, desculpabilizarnos, lograr aceptación social, intentar ser coherentes con nuestras ideologías…Son todos motivos por los cuales buscamos todo el tiempo generar enunciados acerca de las realidades que cargan la aspiración de cubrir la verdad universal, para hoy y para siempre, pero que son siempre parciales, subjetivas y temporarias.
La gente se pelea, se separa, arma guerras, discute, argumenta…para convencer a los otros de la propia verdad. Sólo en el mejor de los casos, podemos saber que nuestra verdad no es la misma de todos y para la eternidad entera, logrando así ser tolerantes a las diferencias, mientras seguimos sometiéndolas a crítica permanentemente a efectos de no creernos lo que no es.
No siempre que decimos “te odio” es la verdadera verdad, aunque lo estemos odiando en ese momento; ya que al mismo tiempo nuestro amor es verdadero, pero está amenazada nuestra autoestima.
Tampoco cuando decimos que no queremos algo, es totalmente verdadero, porque por ahí la verdad es que queremos, pero verdaderamente nos da miedo y de verdad que preferimos no arriesgarnos.
La próxima vez que a alguien le requiramos: “decime la verdad!!”, acordémosnos que lo que diga no será LA verdad, sino SU verdad…la de ese momento, la que le cierre al equilibrio necesario de esa circunstancia.

NOTAS
(1) 2007 – SILVIA BLEICHMAR – “La identidad como construcción” – en: “Homoparentalidades. Nuevas familias”, compiladoras Eva Rotenberg y Beatriz Agrest Wainer, de Lugar Editorial, Buenos Aires 2007

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Los Mandatos

“Que todo sea como está mandado, y que no mande nadie”. Joan Manuel Serrat
En el colegio alguna vez nos contaron sobre las máximas de San Martín, transmitidas a su hija Merceditas, y una de ellas decía algo así como “serás lo que debes ser o no serás nada”.

Existen en todas las culturas prescripciones y prohibiciones que nos indican cómo debemos ser, casi a riesgo -como dice la máxima- de no ser nada (o nadie).
San Martín repetía una indicación que la cultura transmite a sus miembros. Muchas veces los mandatos no son ni justos, ni razonables; y generan en las personas serios conflictos cargados de gran angustia.
Por ejemplo, si un hijo de familia de profesionales decide no ir a la Universidad, y si la familia ha validado el mandato de que hay que ser universitario, este hijo transitará por un camino con más dificul-tades para defender su decisión que si esa decisión hubiera coincidido con el mandato. Todos los ideales culturales son transmitidos en forma de mandatos, e internalizados por todos los humanos. Puede ocurrir que en relación al mismo tema haya varios mandatos, que probablemente se contradigan, lo cual también genera conflicto. Por ejemplo, existe hacia las mujeres tanto la prescripción de que ser buena madre es quedarse en casa con los hijos, pero al mismo tiempo se prescribe que la mujer se realice laboralmente y gane su propio dinero.
Estos mandatos están cargados ideológicamente de lo que está valorizado o desvalorizado y hasta de desestimas acerca del concepto. Lo prescripto es lo valorizado y lo prohibido es lo desvalorizado. ¿Pero si lo prescripto es quedarse en casa y salir a trabajar?, tareas difícil de compatibilizar sin conflicto.
Como ejemplo de la desestima, muchas veces tendemos a considerar que las tareas domésticas no son un trabajo ¿porque con él no gana dinero?. En estos casos, si se le pregunta a la mujer: “¿trabajás?”, probablemente responda que no. Ahora si la pregunta es “¿ocupación?, probablemente dirá “ama de casa”. Anecdóticamente reproduzco una conversación de mujeres, portadoras también de estas contaminaciones ideo-lógicas: “¿Trabajás hoy?”, me preguntaba una amiga, refiriéndose a mi trabajo en el consultorio, y si ese día yo no iba al consultorio, le contestaba: “sí, de mamá y ama de casa”, queriendo visibilizar ante nosotras mismas, mujeres atravesadas por estos mandatos, que el doméstico también es un trabajo, en un intento de no desvalorizar o no desestimar dicho trabajo.
Entonces, los géneros también están atravesados por mandatos, que les imponen determinados tipos de conductas ante determinadas situaciones, a veces contradictorias, como ya dije. Por ejemplo, se espera de un hombre una cuota de agresividad, que tenga ambiciones económicas, que no llore…y a su vez se le indica que sea tierno con sus hijos, o que logre no deprimirse si se queda sin trabajo y sin ingresos. Los géneros heredan mandatos que exigen ciertas formas de funcionamiento, en los roles sociales, que estarían signados por la pertenencia al sexo anatómico. Se esperan roles de varón a aquellos portadores de genes xy con anatomía masculina, y lo propio para las portadoras de xx. Actualmente estamos mucho más abiertos a revisar estas cuestiones, permitiéndonos pensar cada vez más en lo complejos que somos y en los “permisos” que tenemos para funcionar de infinitas maneras, más allá de nuestras anatomías. En otra época la anatomía, que signaba un masculino, le imponía funcionar sometiendo a su familia, esto es a su mujer y sus hijos. Afortunadamente, los vínculos van siendo más abiertos, más éticos, visibilizando los derechos de tod@s: niñ@s y adultos, a funcionar más libres de estas estrictas prescrip-ciones que dejaban a los humanos anclados a modos de funcionamiento rigidizados, y de los que en general no eran concientes.
Se suponía como “naturales” el ejercicio de esos roles.
Lo que es “natural”, del orden de la naturaleza, no puede cambiarse; lo que es ideológico sí puede cambiarse, pues está sostenido en juicios valorativos.
Como todo en el ser humano, que es exponen-cialmente complejo, las expectativas culturales atraviesan a las personas produciendo formas de funcionar en los vínculos y en las tareas diarias.
Durante siglos se esperó que la mujer fuera dócil a cualquier decisión de su padre o su marido, y no sólo recibía un castigo exterior (hoguera, pedradas, golpes, insultos) totalmente validado por el entorno, sino que también en su interior se producía un conflicto. Ella podía imaginarse y desear que a lo mejor podría no ser de esa manera pero algo interior le indicaba que tenía que acatar; y si no lo hacía la culpa la embargaba.
Es probable que fluctuara entre el acatamiento al mandato y un intento de transgredirlo y socializar su discusión, para intentar su modificación. A quien sea amante del cine, le recomiendo la película francesa del 2011, “La fuente de las mujeres”. En este film se muestra claramente el intento de un grupo de mujeres de cambiar los hábitos ancestrales, sustentados en mandatos, y cómo cada mujer y cada familia pueden sostener esta lucha, atravesada por: formas individuales de funciona-mientos intrapsíquicos (dentro de la propia mente de las esposas y de los esposos), las tradiciones y costumbres del pueblo insertas en una cultura de un lugar geográfico particular en determinado momento histórico y otros factores que describen el conflicto por la provisión del agua al pueblo y sus avatares en relación a esta tarea que ancestralmente fue res-ponsabilidad de las mujeres, a un alto costo, pero acatada por los mandatos.
En otro artículo futuro, intentaré abordar la violencia desde esta línea de pensamiento, que pone a los hombres en determi-nado lugar y a las mujeres en otro complementario, que sostiene circuitos de violencia por años, de los cuales habitualmente las víctimas son l@s niñ@s y las mujeres.

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La locura del crack.

Por Ezequiel Francesca Lic. Psicologia Mat. 42390

Existe una variedad infinita de sujetos singulares que inevitablemente cae en el fenómeno de clase; los buenos, los malos, los regulares etc. En cualquier tipo de actividad estamos de alguna manera estigmatizados por la clase a la que pertenecemos, no se trata solamente de clase social, también se trata de qué clase de habilidad tenemos en la actividad que nos desempeñamos, trabajo, deporte, arte, etc. La tendencia es clasificar las individualidades, ejemplo, la clase de los deportistas, dentro de esta, la sub clase de jugadores de fútbol y dentro la sub clase de los buenos. Pecado original de la ciencia, la estandarización y selección a partir de ciertos ideales y características: jugador que se destaca por sobre el resto, siendo desde niño la estrella del grupo, ese al que se le dan ciertas licencias porque a partir de una condición física o estética sobresale de la media. Pero ese sujeto también compró la idea de destacado, el crack que se cree crack. La locura del crack, esta expresión tomada a la letra no se entiende sin una revisión, no sabemos de qué estamos hablando, la locura ¿de quién es? Objetivamente se enloquece por los crack, subjetivamente el crack puede enloquecer, intersección interesante porque en el deporte es muy fácil confundir y confundirse, las personas están como locas buscando ídolos, lectura que se emparenta a los fenómenos de masa (S. Freud) pero que un deportista se crea crack aún siendo bueno también es una locura, ¿por qué una persona se la cree? Simplificando tendríamos que recurrir a fórmulas abstractas o caer en mitos, tratemos de explicar algo para abrir el debate. La locura incumbe a las relaciones de los sujetos con sus ideales, según J.Lacan siguiendo a Hegel para todo ser hablante existe la posibilidad de la locura, si entre el sujeto hablante y los ideales simbólicos se da una unión directa sin interponerse la encarnadura del Otro estamos hablando de locura, o sea el Otro representado por la figura de un Padre, un director técnico, el púbico o quién sea será el encargado de sancionar a ese sujeto como buen jugador, pero no podrá ser el mismo jugador el que lo diga sin caer en la trampa del éxtasis narcisista condenando al sujeto a una locura Sociosintónica * que el mundo deportivo está acostumbrado a ver (Existen ejemplos de deportistas auto proclamándose como “los mejores” y aprobado por todos), en pocas palabras, la locura es creerse ser sin pasar por la sanción del Otro, en lugar de dialectizar con la composición social, el “éxtasis” se opone a la dialéctica condenando al sujeto a caer en el espejismo de la imagen igual que Narciso ahogándose por querer abrazar su propia imagen, de este modo el sujeto será como la rana que quiso ser buey, ¿la conocen? La locura puede infatuar al sujeto de un modo tal que pierda los estribos creyéndose un crack y actuar de modo loco, al verse superior a los demás en un juego de equipo donde cada cual cumple una función en el conjunto en una relación de covarianza con otros sujetos, pues si un elemento enloquece… Puede suceder que la rana quiera ser grande como un buey entonces comienza a tomar aire e inflarse, pero a fuerza de irse inflando acaba por reventar.
*(Neologismo propio; en sintonía con lo social)

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Las vacaciones

Lic. Patricia Mónica Ploder / Lic. en Psicología / MP 80358

“Tal como nos ha sido impuesta, la vida nos resulta demasiado pesada, nos depara excesivos sufrimientos, decepciones, empresas imposibles. Para soportarla, no podemos pasarnos sin lenitivos («No se puede prescindir de las muletas», nos ha dicho Theodor Fontane). Los hay quizá de tres especies: distracciones poderosas que nos hacen parecer pequeña nuestra miseria; satisfacciones sustitutivas que la reducen; narcóticos que nos tornan insensibles a ella. Alguno cualquiera de estos remedios nos es indispensable.” Freud

En relación a mi vida, este verano no me fui a ningún lado de viaje. Me tomé días libres, dudando si en ellos descansaría, cuando comencé a preguntarme si eso eran vacaciones o no. Descubrí que no es el lugar lo que hace a las vacaciones, sino al modo de vivir ese tiempo de descanso. Entonces, decidí vivir intensamente cada uno de esos días, aunque me haya quedado en casa.
Y en relación a la vida de mis pacientes, ellos muchas veces me hablan de sus cansancios, de sus necesidades de tomarse un descanso. En estas ocasiones, yo les hablo del recreo, de ese rato intermedio entre dos actividades que nos permite despejarnos y relajarnos. En el colegio, pedíamos a gritos en recreo, ¿lo hacemos en la vida adulta? ¿realmente tomamos ratos intermedios en nuestras vidas cotidianas para despejarnos y relajarnos? ¿o seguimos todo el tiempo en actividad, pensando y haciendo?.
Asimismo, en un boletín de mi obra social, escribían sobre este tema, dando tips para aprovechar el descanso de las vacaciones.
Quiero compartir con ustedes las cosas que pensé e investigué acerca de los recreos y las vacaciones.
Para empezar, busqué el significado etimológico de la palabra, y encontré que vacatio y vacationis implican una dispensa de un trabajo o una obligación, o un tiempo en que un cargo está vacante o desocupado. Asimismo, vacare significa estar vacío, estar desocupado. Recreo viene de recreare, que significa crear de nuevo, revivir, restablecer, reanimar, reparar o vivificar los ánimos y las fuerzas. Recreo es todo aquello que nos vivifica y reanima, porque nos repara del trabajo, nos divierte y nos deleita.
Ambos términos, vacaciones y recreo, se refieren entonces a la posibilidad de tener un tiempo vacío de cargas que nos repare y reviva. Pero ¿de qué? ¿cómo?.

Los otros seres de la naturaleza también trabajan para lograr su sustento, y algunos de ellos también se estresan, pero los humanos somos los seres más complejos que existen en nuestro mundo. Los motivos por los que nos estresamos también son múltiples, y para ellos necesitamos “lenitivos” (o calmantes), como dice Freud. La idea es reconocer qué nos agobia y cansa, y lograr establecer lo que nos sirve de calmante para repararnos. Gran parte de las demandas culturales y laborales implican una renuncia constante a parte de nuestras satisfacciones.
Cuando suena el despertador, debo renunciar a seguir durmiendo. Cuando tengo que terminar un trabajo, renuncio al descanso y hago horas extras. Cuando se me impone la necesidad de tener cuidado personal y estética, puedo dedicarle varias horas mensuales, entre afeitadas diarias, maquillajes, tintura para el pelo, cuidado de manos y pies, depilaciones, baños de crema y otras actividades. Si bien todo lo que acabo de mencionar es placentero para cierto aspecto de mi psiquismo, pues cumplo con mandatos de mi cultura, también implica un sometimiento doloroso y de renuncia. Lo novedoso en los seres humanos es que aquello que le resulta displacentero a un sistema le puede resultar placentero al otro, y sostener esta dinámica tiene un costo. Por ejemplo, el tiempo dedicado a ese trabajo extra, es extremadamente cansador, pero me da el placer de la obligación cumplida, de ser un buen trabajador y de ganarme la felicitación de mi jefe, y un probable ascenso luego de varios esfuerzos similares. No sólo cansa el esfuerzo, sino también la tensión generada entre estos dos mandatos, que desde mi interioridad me mandan a hacerlo y a abandonarlo, al mismo tiempo. Esto se llama "conflicto intrapsíquico”, porque es dentro de mi psiquismo, entre mis propias determinaciones contradictorias.
De este tipo de cosas es de las que necesitamos descanso; y no sólo de la tarea en sí. La leona descansa de cazar, se estresa si tiene hambre, pero no existe en su psiquismo conflicto intrapsíquico ninguno, ya que no posee nuestra complejidad. Un caballo descansa luego de su largo recorrido de cabalgata reponiendo su cuerpo para la próxima vez, pero sin conflicto intrapsíquico tampoco.
Con un mínimo esfuerzo, haga usted mism@, lector@, un ejercicio de introspección. Busque dentro de usted mism@ alguna situación reciente que l@ haya cansado, estresado o exigido. A poco de recorrer la situación descubrirá que las motivaciones, exigencias, ganancias y renuncias son múltiples, y al servicio de todos sus sistemas anímicos. Recuérdese decidiendo qué hacer ante esa situación y registrará que tuvo dudas, y probablemente angustia ante la decisión. Este esfuerzo ante los conflictos cansa, y mucho; todo el tiempo, todos los días.
Si varias veces a la semana usted se regala a usted mism@ ratos de ocio, en los cuales intente descansar de este gran trabajo psíquico, se estará dando mini vacaciones aunque no se haya ido de viaje a ningún lado. Su vida será un poco más fácil si deja su ocupación vacía por un rato y recrea un nuevo estado de ánimo.
Pensando al recreo y a las vacaciones –entonces- como un descanso de la tarea, pero también de las exigencias internas…es necesario no sólo una vez al año, sino todos los días.

Freud, Sigmund, 1930, “El malestar en la cultura”
www.omint.com.ar/Website2/Default.aspx?tabid=3605
“El tiempo libre debería cumplir con una triple misión: ser un tiempo de descanso, de diversión y de desarrollo. Saber aprovechar el tiempo libre es algo que se aprende”
“Hacer una pausa en vacaciones implica no crear un mundo paralelo al cotidiano sino comenzar a recorrer espacios donde uno se encuentre más con el deseo que con la obligación”
http://etimologias.dechile.net/?vacacio.n
http://etimologias.dechile.net/?recreo

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Abordajes Psicologicos posibles en Familias

Por Patricia Mónica Ploder / Lic. en Psicología – MP 80358 / pattyplod@hotmail.com

En mis dos lugares donde trabajo como psicóloga, los abordajes que se realizan en familia son importantes, pero muy diferentes. Desde mis fundamentos, tomo la misma concepción de familia para ambas tareas. O sea que no cambia mi concepción de familia, pero lo que sí cambian son los modos de las intervenciones en un lugar y en el otro.
Copio dos definiciones de familia, que me son funcionales:
La primera, de Eva Giberti, dice: “La familia es una institución histórica, social, política, biológica, económica, capaz de aportar el sostén psicológico que precisan los recién nacidos – y todos sus miembros- para realizar su desarrollo e insertarse en el mundo social; también la familia es la encargada de transmitir su filosofía de vida, sus convicciones religiosas –o no- y morales, ya que un sujeto humano reclama esas dimensiones para su crecimiento como ser solidario y convivencial”.
La segunda, de Bruno Bettelheim: “Una familia es feliz si, cuando las cosas le van mal a uno de sus miembros, todos los demás le apoyan y hacen de su desgracia una preocupación común. Una familia feliz no es aquella en la que nada va mal nunca, sino aquella en que, cuando algo va mal, al causante o a la víctima no se le echa la culpa de lo que sucede, sino que recibe ayuda en su desgracia. Porque si uno de los miembros de una familia anda alicaído y nadie le ayuda a levantarse, ¿cómo puede sentir que su familia es el refugio que le brinda seguridad?”.
La familia es la matriz donde se constituyen los seres humanos, es el lugar donde se entretejen la mayor parte de los hilos que constituye a cada ser humano. Fuera de la familia, existen infinitas experiencias que aportan a este tejido, pero la hilandería (para seguir con la metáfora del tejido) fundamental es la familia, tanto para los menores como para los mayores.
El trabajo del consultorio probablemente sea más claro. Hay una persona que necesita ayuda terapéutica y realiza la consulta al psicólogo, en general por decisión propia. Si el que necesita ayuda es un niño o un adolescente, será imprescindible trabajar tanto con el paciente niño o adolescente, como con la familia, especialmente los padres. Pero también pueden estar incluidos en ese trabajo los hermanos, la nueva pareja de la madre, los hijos de la nueva pareja del padre, los abuelos, la niñera, y cualquier persona significativa del entorno del paciente que forme parte de lo familiar del niño. Es importante recalcar acá que lo que define a una familia no son los lazos biológicos, sino los afectivos, de convivencia, de afecto, de contención, de responsabilidades…
También puede ocurrir en el consultorio que el grupo familiar pida ayuda como grupo, sea la pareja o la familia entera, motivo por el cual, el paciente es el grupo familiar consultante.
Existen especialidades en psicología, como en todas las profesiones, que forman al profesional en diferentes abordajes. Existen especialistas en niños, en adolescentes, en adultos, en familia, en pareja, en psicodiagnósiticos y en muchas otras especialidades. En el último caso referido, la familia buscará a un especialista en terapia familiar, que los ayude a lograr funcionalidad en los vínculos y a aliviar el sufrimiento por el que consultan.
En el consultorio, la mayoría de la gente pide los tratamientos por inquietud propia, y no son obligados a permanecer en el tratamiento. Los profesionales intervienen en un proceso que es terapéutico, que apunta a una cura, y que en general se prolonga en el tiempo.
En cambio, los motivos por los cuales una familia requiera la intervención en un juzgado, que es otro de mis lugares de trabajo, deviene de un proceso en el que la familia necesita de la intervención judicial para resolver problemas; aunque no siempre desean dicha intervención. Entonces se puede solicitar que el equipo técnico de un Juzgado de Familia colabore, formado por peritos psiquiatra, psicólogo o trabajador social. Dicha intervención se produce para abordar una problemática muy precisa con intervenciones muy delimitadas. Dichas intervenciones pueden ser diagnósticas, a efectos de informar al Juez o al Asesor (por ejemplo) acerca de la situación de una familia particular, o de colaboración en un proceso que se llama Etapa Previa, en la cual se trabajan en equipo interdisciplinario los temas sobre los cuales deben llegar a acuerdos los causantes del proceso, que son familias en conflicto.
Quienes pueden pedir la intervención pericial, diagnóstica, en una familia, pueden –por ejemplo- ser: el Juez, el Consejero, o el Asesor de menores e incapaces, en un proceso que se llama Etapa de conocimiento. Este proceso puede ser, por ejemplo, en el contexto de una denuncia por violencia familiar (ley 12569).
Como no soy abogada, no corresponde que abunde en el mundo de las leyes; por este motivo continuaré con lo que hace a mi disciplina, dando algunos ejemplos de las intervenciones posibles de un psicólogo en un Juzgado de Familia.
En la Etapa Previa, hay una pareja que se separó, que tiene hijxs en común y no pueden llegar a ponerse de acuerdo respecto a con quién van a vivir lxs hijxs, cuánto dinero aportará cada uno, quién se encargará de tareas diarias de lxs hijxs (consultas pediátricas, lavado de ropa, etc.) y otras cuestiones que siendo que la pareja ya no es conyugal, pueda seguir siendo funcional en lo que hace a lo parental. La intervención apunta a que puedan continuar funcionando como pareja parental a pesar de que ya no son pareja conyugal, e independientemente de la sociedad que hayan establecido o disuelto: casamiento, divorcio, convivencia... Puede ocurrir que el miembro que es “dejado” no haya podido elaborar el duelo de la separación, motivo por el cual, sin proponérselo abiertamente de manera consciente, deposite en las cuestiones de lxs hijxs el lugar donde dirimirá el dolor por la pérdida del proyecto vital que tenía. En este caso, el psicólogo tendrá entrevistas con esta pareja, colaborando con ellos para delimitar las cuestiones individuales de ellos de las que hacen a los niños. El psicólogo irá decidiendo cuál es el abordaje pertinente según el momento: entrevistas individuales con cada miembro de la pareja o conjunta con ambos. Al mismo tiempo, se comunica con el Consejero que mantendrá las audiencias con los abogados de ambos para colaborar en propuestas sucesivas que ambos puedan acordar, a partir del trabajo con el Psicólogo del Equipo Técnico. Por ejemplo, en relación a los tiempos en que lxs hijxs estarán con cada uno de sus progenitores y las familias extensas (tíos, abuelas, padrinos….). En este proceso, también puede citarse a lxs hijxs para escucharlos, considerando permanentemente el valor supremo del Juzgado de Familia: el bien superior del niño. Un porcentaje alto de familias logra llegar a situaciones aceptables para todos luego de las elaboraciones devenidas de este trabajo. Desde estas intervenciones también se puede sugerir que algún miembro de esta familia realice algún tipo de tratamiento que colabore a resolver la problemática: psicológico, psiquiátrico, psicopedagógico u otro.
En cambio, en lo que se llama Etapa de Conocimiento, no hay acuerdo posible, porque hay derechos vulnerados, sobre los que se requiere una intervención de la justicia que impliquen sentencias o medidas que protejan a quienes necesitan ser protegidos. Puede necesitarse una guarda, cuando un niño no pueda estar con sus progenitores y su abuela se hace cargo (el abrigo es una medida transitoria que emite otra instancia). Puede haber una intervención en un proceso de adopción, tanto en las evaluaciones por las cuales se emite una medida de adaptabilidad para un niño que no posee familia o referentes afectivos cercanos a su familia de origen que se hagan cargo de él, como luego en el proceso de adopción de este niño por una pareja anotada como adoptantes. Se trabaja en la vinculación del niño con esta pareja. El Equipo Técnico evalúa y acompaña según estime el Juez, en cada uno de estos momentos. También puede haber una mujer golpeada, insultada, acosada que pida ayuda para que su pareja o ex pareja no ejerza más violencia sobre ella, y a veces sobre los hijos de ambos. El Equipo Técnico evalúa, y el Juez toma las medidas de protección pertinentes. Asimismo, brinda orientaciones a las víctimas de violencia, como por ejemplo la necesidad de un apoyo psicológico especializado en violencia. Si existe una denuncia por abuso sexual, el Equipo Técnico también intervendrá, sin perjuicio de que otros fueros tomen intervención también, como Penal por ejemplo, al considerarse que el abuso sexual de un menor es un delito.
En todos los casos referidos, y en todos aquellos que no describí, la intervención del psicólogo tiene en cuenta inevitablemente la complejidad de los seres humanos, y todo lo estudiado viene a la praxis concreta con la tarea de atender a esas personas. En todos los distintos ámbitos a los sujetos de la intervención se los considera desde su complejidad, pero por ejemplo en el Juzgado de Familia lo que cambia es el modo de la intervención y el alcance de la misma debido al encuadre del sistema o de la institución. Parecería así que la complejidad se resume. No es así, lo que se resume es el tiempo en que dura la intervención, y la cantidad de intervenciones, y por lo tanto los alcances de la misma. Apunta a aportar elementos para que dicha intervención sea el punto de partida para que estas familias puedan utilizar recursos de los que no disponían para elaborar lo que les toca, para recuperar funcionalidad. No es el sistema judicial donde las familias deben realizar todos sus recorridos; lo más deseable es que si llegaron ahí porque no pudieron de otra manera, en el corto plazo la familia y los niños dejen de ser “judicializados”, si pueden seguir recorriendo por sí mismos un camino de recuperación del respeto entre ellos, del cuidado recíproco y de la funcionalidad de los roles.
Para resumir: la valiosa intervención del Psicólogo en el Juzgado de Familia es acotada, pero facilitadora en familias que pueden recuperar funcionalidad. Y en los casos en que los derechos de un miembro de una familia esté vulnerado, es contundente buscando la mejor protección –dentro de los dispositivos existentes- para el vulnerado, víctima indefensa. Y siempre trabajando en interdisciplina, respetando la complejidad humana.

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Violencia laboral contra la mujer y las consecuencias en la salud

Por M. Castro

La discriminación en el ámbito laboral debe entenderse como cualquier omisión, acción consumada o amenaza que tenga por fin o por resultado provocar distinción, exclusión o preferencia, cuyo efecto consista en anular o alterar la igualdad de oportunidades o de trato, empleo u ocupación de las mujeres. Por lo tanto es discriminatoria la exigencia de un requisito inherente a la pertenencia de género para acceder o para mantener un contrato de trabajo; incomodar a la trabajadora con palabras o gestos, bromas o insultos en razón de su sexo, nacionalidad, edad, color, origen étnico, religión, discapacidades, aspecto físico, preferencias o situación familiar, entre otros.
Otra forma de violencia laboral es la "inequidad salarial", es decir, el "quebrantamiento del derecho de igual remuneración". Se entiende por "derecho a igual remuneración por igual tarea o función" al derecho a recibir igual remuneración por trabajo de igual valor.
También, el tipo de violencia más frecuente es el hostigamiento psicológico, el cual se ejecuta en forma sistemática sobre una determinada trabajadora con el fin de lograr su exclusión laboral: El "hostigamiento psicológico", también conocido como acoso moral, acoso psicológico o mobbing, debe consistir en toda acción, omisión o comportamiento destinado a provocar, directa o indirectamente, daño físico, psicológico o moral a una trabajadora, sea como amenaza o acción consumada, y que puede provenir tanto de niveles jerárquicos superiores, del mismo rango o inferiores. Además, tal maltrato debe realizarse "en forma sistemática", es decir, de modo continuo, repetido y persistente. La práctica del mobbing puede consistir en: actitudes discriminatorias o humillantes, ya sea en forma silenciosa o a los gritos; la exclusión de un empleada de actividades sociales que involucren al resto de los trabajadores; no dirigirle la palabra o hacerlo en forma burlona; no darle trabajo o hacerle cumplir tareas que no están a la altura de su calificación laboral; cambios de oficina o lugar de trabajo para separarlo de su grupo cercano o para obligarlo a trabajar en un sitio inadecuado (sin ventanas, por ejemplo); prohibirle hablar con compañeros/as; juzgar de manera ofensiva su desempeño; amenazar con despidos sin fundamento real, etc..
Uno de los fines que persigue la violencia laboral, es "lograr la exclusión laboral"; de manera que, con el acoso psicológico se busca apartar a la trabajadora de su ámbito laboral, pues a causa de este maltrato la víctima termina pidiendo traslado, licencia o finalmente renuncia.
Pero la eliminación del puesto de trabajo no es el único fin que se puede perseguir con esta modalidad, también puede obedecer a una motivación de dominación y sometimiento, a doblegar a la trabajadora para que resigne sus pretensiones (por ejemplo, reclamo de equiparación salarial), a dificultar la realización de sus actividades y tareas, a destruir su reputación o a inducir sentimientos de inseguridad, etc.
Además, hay otro tipo de acoso que también puede tener repercusiones negativas en la salud de las mujeres y es "el acoso sexual” o "violencia sexual". Con este tipo de hostigamiento lo que se busca son favores sexuales y al no obtenerlos se originan las conductas de maltratos que luego derivan en problemas de salud psicológica y física en la mujer.
La violencia física es "la que se emplea contra el cuerpo de la mujer produciendo dolor, daño o riesgo de producirlo y cualquier otra forma de maltrato agresión que afecte su integridad física." Los daños que provoca este tipo de violencia en la salud física son, quizás, los que dejan las secuelas más visibles. En el ámbito laboral, podemos encontrar graves consecuencias producto del "hostigamiento moral y psicológico", ya que el deplorable estado de salud de las trabajadoras repercute en su productividad reduciendo la calidad de su trabajo, derivando en ausentismo, abandono físico y estético, desvalorización, accidentes en el manejo de materiales o instrumental, entre otros. Esta desmotivación laboral es llevada por la víctima también a su hogar y a su vida social, replegándose cada vez más en el ámbito privado y automarginándose de la participación activa. Además de las implicancias para la salud, las consecuencias de las violencias tienen efectos intergeneracionales de corto y mediano plazo y su costo impacta no solo a las personas que sobreviven la experiencia sino que tiene también consecuencias a nivel familiar, comunitario y en la sociedad en su conjunto.
Las secuelas que deja la violencia psicológica en la salud de la mujer desplegado dentro de las tres diferentes modalidades son las siguientes: trastornos emocionales (distimia o depresión, ansiedad, dependencia emocional, inseguridad, miedo, sentimiento de indefensión, sensación de desamparo o impotencia); trastornos cognitivos o relacionales: (baja autoestima, desvalorización, dificultad para afrontar o resolver problemas, sentimiento de culpabilidad, desorientación, confusión, baja capacidad de autonomía o decisión, incomprensión de situaciones, despersonalización, desconfianza del futuro, desinterés de lo que ocurre alrededor); otras clases de trastornos (alteración del sueño, trastorno en la alimentación, somatización, aislamiento, autolesiones, irritabilidad, falta de habilidades personales y sociales, dejadez personal, estrés postraumático, angustia, fobias y estados de pánico, disfunción sexual, abuso de sustancias, dificultad para concentrarse, pérdida de memoria)

Fuente:
ALICIA NOELIA SILVA (2013). Violencia doméstica, institucional y laboral basada en género: tres amenazas al derecho "humano" a la salud de las mujeres. Sus nefastas consecuencias en la Salud de las víctimas.
En: http://www.saij.gob.ar/alicia-noelia-silva-violencia-domestica-institucional-laboral-basada-genero-tres-amenazas-al-derecho-humano-salud-mujeres-sus-nefastas-consecuencias-salud-victimas-dacf130104-2013-05-22/123456789-0abc-defg4010-31fcanirtcod

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La igualdad

Por Patricia Mónica Ploder / Lic. en Psicología – MP 80358 / pattyplod@hotmail.com

Hoy, en la inauguración de este suplemento “Mujer”, voy a participar presentando mi posición sobre el tema del título, con el proyecto de escribir en todas las ediciones futuras en relación a distintas temáticas de la mujer.

Mi inquietud intelectual me lleva a investigar distintos temas, porque “nada de lo humano me es ajeno”. Entre otros temas, durante años investigué el tema de género. Mis conclusiones generales el día de hoy son las que detallaré a continuación.
Por un lado existen intereses de distinta índole que llevaron durante toda la historia de la humanidad a generar discursos ideológicos de los cuales devienen prácticas de discriminación, y por ende de manipulación.
Los discursos ideológicos son grupos de ideas que no poseen sustento científico, y que generan en las personas y en los grupos acciones específicas en sintonía con esos discursos.
Las prácticas devenidas de estos discursos son las acciones que las personas ejecutan, o a las cuales adhieren, y por lo tanto naturalizan, convir-tiéndolas en válidas e incuestionables. En distintas épocas o lugares existen prácticas diversas, como por ejemplo: el exterminio de mujeres adúlteras a piedrazos, el colgamiento de negros esclavos, la quema de mujeres llamadas brujas, la exigencia del uso de un velo ocultando la cara, el asesinato de hombres con tendencia erótica homosexual y así sucesivamente.
La discriminación está dirigida a los grupos minoritarios o más débiles, y sostiene estrategias de dominación. La dominación implica tener a estos grupos a su servicio. ¿Quiénes dominan?: los que desean poder. En ocasiones discriminamos sin aparente deseo de poder, sólo por “hacernos los lindos”, y quedarnos del lado tranquilizador, diciendo algo así como “por algo será…”. No todas las personas somos conscientes de estos discursos, pues la mayor parte de las veces los hemos naturalizado de tal manera que los repetimos sin pensarlos demasiado.
A la conciencia de género es algo a lo cual se arriba luego de mucho análisis y no es algo de lo que se parte. A la conciencia de la discriminación también es algo a lo que se llega luego de reflexionar mucho.
La discriminación implica establecer desigualdades. La diferencia no es lo mismo que la desigualdad. La diferencia apunta a las características de las individualidades, en cambio la desigualdad ubica un arriba y un abajo, un bueno y un malo, un legal y un ilegal.
Los humanos somos todos diferentes, pero esas diferencias no deberían sentar desigualdades. Ni los niños, ni los ancianos, ni las mujeres…ni nadie se merece ser desigualado. Nos merecemos ser tenidos en cuenta por nuestras individualidades, por nuestras diferencias que nos hacen únicos.
El feminismo es un movimiento que surge a partir de la inquietud de muchas mujeres por defender sus derechos. Podría dividir al feminismo en dos grandes ramas. Una de ellas establece la superioridad de las mujeres, lo que volvería a generar el circuito de un arriba y un abajo, un mejor y un peor. Otra rama, busca establecer igualdad de derechos y obligaciones entre hombres y mujeres.
Personalmente, adhiero a investigar sobre todos los prejuicios que impiden pensar en la igualdad de derechos y obligaciones entre todos los seres humanos: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, niños y niñas, adult@s y niñ@s, blanc@s y negr@s, ric@s y pobres.
Descarto que quien posee intereses especiales (económicos, políticos u otros) no aceptará mi invitación de pensar los prejuicios pues no le conviene, pero convoco a quienes no tendríamos ningún interés en la dominación a pensar por qué pensamos lo que pensamos (aunque suene a un juego de palabras).
Espero que nos encontremos en todas las ediciones de este suplemento, pensando juntos.
 

Viajar.

Alguna vez nos enseñaron que los pueblos se dividían en dos. Los nómades en el mundo como los gitanos, mongoles, chichimecas, beduinos, amazonas, esquimales, tuaregs o los matacos, guaraníes, querandíes, comechingones, patagones u onas en Argentina, vivían trasladándose a regiones circundantes y a paso de hombre en búsqueda de alimento y caza. Los sedentarios en Argentina como los calchaquíes y diaguitas y en el mundo los chinos, egipcios, griegos, fenicios y mayas, se establecían en territorios aptos para la agricultura y la ganadería. Mientras que los períodos glaciares, movimientos sísmicos y cambios climáticos obligaron a muchos a tomar rutas de destinos inciertos a otros, los motivó a establecerse en lo que se denominaron “ciudades o civilizaciones”. Con todo, la sobrevivencia fue la finalidad.
También las características de las personas nacidas entre montañas eran descriptas con persona-lidades cerradas, obtusas, poco comunicativas, endogámicos, un carácter mimético con animales ariscos, salvajes y rústicos. En cambio, los nacidos mirando al mar, eran descriptos con carácter vivaz, locuaces, abiertos, comunicativos, de intercambio generoso, aventureros, soñadores, proclives a la exogamia comparados con los animales del mar, fluyentes, escurridizos, móviles, de difícil caza.
Hoy sabemos que las clasificaciones de los pueblos originarios son limitadas para saber acerca de la antropología, y las características de perso-nalidad dependen de otros factores complejos.
Los humanos tenemos un deseo que no es compartido con los animales, cual tener “deseo de otra cosa”. Podríamos explicarnos entonces, que las ganas de viajar hoy, responde a este placentero recurso del deseo que incluye no sólo las características de nuestros primeros humanos míticos, sino también la geografía, que promueve renovar la sensaciones de aquellos que una vez fuimos y más, alejándonos de la sobrevivencia y acercándonos al placer.
Viajar recrea la amplitud mental de disponerse a otra cosa que no sea lo cotidiano, romper con la proximidad de lo conocido, la promesa de ponernos en la aventura de encontrar en nosotros recursos que no ponemos en juego en nuestras rutinas. Viajar nos cambia el “chip” de dónde venimos para desafiar hacia dónde vamos. Nos replantea quiénes creemos que somos y encontrarnos con la renovación de nuestros aspectos negados o renegados por la chatura del entorno costumbrista. Nos sosiega el vacío existencial, nos regala sentido, promesa de acercamiento humano y desafíos. Rompe con los rituales de interpretar lo que sucede en el mundo desde nuestro ombligo imaginario de que otros son iguales a nosotros y viven, piensan, sienten y sueñan igual. Te baja la guardia, te sumerge en la contemplación y aparece un sentimiento de entrega al foráneo con la insólita seguridad de que te van a ayudar. Sólo, en pareja, con amigos, en contingente, todas experiencias diferentes, y a la vez prometen la alegría de no saber qué va de la vida. Gozar es parecido al amor. Y viajar es un goce. Temporario, fugaz, que marcará los destinos del próximo viaje.


*Lic. Graciela V. García Psícóloga Clínica MP: 80.359//Posgrado en Clínica psicoanalítica con niños y adolescentes.//Con Orientación Psicoanalítica en Pareja y Familia.// Atención en Hurlingham.//Email:gvghur60@gmail.com

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Tres palabras

*Lic. Graciela V. García.Psícóloga Clínica.MP:
80.359Posgrado en Clínica psicoanalítica con niños y
adolescentes.Con Orientación Psicoanalítica en Pareja y
Familia.Atención en Hurlingham.Email:
gvghur60@gmail.com

NO ES TRISTE LA VERDAD. NO TIENE REMEDIO

Todo momento histórico tiene signos polisémicos de la época que, como tatuajes, imprimen en nuestro psiquismo, modos de interpretar la realidad. En el universo de lo humano, estamos signados por la “Industrialización”. La maquinaria, la producción en serie de objetos de consumo, capitalización, finanzas y lo doméstico de nuestra existencia, están bautizados por los designios de este paradigma que nace, transformándonos, incorporando las ideas, creencias y compor-tamientos que llevan su insignia. En la actualidad ese paradigma de la industria-lización está mutando, ya que muchas subjetividades se formulan cada vez más, por fuera del sistema quedando incomprendidas. Aunque permanecer dentro del sistema es difícil ya que la infelicidad marca el destino del sujeto deseante de otra cosa.
Hoy por hoy aparecen en lo cotidiano, tres palabras cuyos significados son bordeados por las fisuras del paradigma. Estas tres palabras son:
Inseguridad, incertidumbre y ambigüedad.
La inseguridad es conocida por todos en el mundo, no sólo el delito en las calles sino atentados con bombas, fundamentalistas, kamikazes, auto-incineración, suicidio en sectas, refugiados, inmigrantes de países políticamente expulsivos, amenazas de bombas desde caseras hasta atómicas, fulguran en las redes sociales alertándonos que nada es seguro ni estable. Se suma a la inseguridad social, la económica y las teorías derrotistas, apocalípticas y catastróficas estimulan los estados de ansiedad generalizados que padecemos.
La incertidumbre es un “no sé” que no estamos acostumbrados a asumir. Lo queremos saber “todo”, impulsados desde los modelos enciclopedistas de acumulación de conocimientos hasta la Big-Data en donde el saber en Internet también es dudoso ya que cualquiera puede subir información des informante. Discursos escritos con modalidad investigativa son capaces de narrar necedades. ¿Qué subieron en Facebook, Instagram o twitter? ¿Llegaremos a fin de mes a pagar los gastos? ¿Encontraré trabajo? ¿Sobreviviremos a la falta de agua? ¿El planeta tierra desaparecerá tal cual lo conocemos? Las respuestas son: “no sé” y la sabiduría se torna un imposible.
La ambigüedad es definida como “Comportamiento, hecho, palabra o expresión que puede entenderse o interpretarse de diversas maneras”. Es decir, aquella percepción que tenemos nos desorienta en cuanto a lo informe, dudoso, que sugiere equívocos y que nos provoca lo críptico. Para aquellos que se formulan en “es un sí o no” o “Para mí es Blanco o Negro”… la ambigüedad les traerá aparejado la inhibición, superstición, prejuicio, y podría despertar en cada quién los aspectos más miserables de su personalidad.
Para los psicólogos con orientación psicoanalítica estas tres palabras, estos enigmas de la vida actual, no tienen por qué ser negativos. Al contrario, son motores para iniciar el camino acercándonos a nuestro inconsciente. Inconsciente definido como el dínamo del proceso de desarrollo tanto emocional como intelectual y en otras áreas como la creatividad, la imaginativa del poeta, la del juego como reservorio de la alegría de vivir, el vínculo como el ejercicio de compromiso y sujeción en simpatía con otros, la trascendencia. En definitiva: la pulsión de vida.
En ese camino de hacer consciente lo inconsciente, descubriremos los discursos paralizantes definidos como el reservorio de la compulsión a repetir los viejos traspié que inmovilizan. Por lo tanto: inseguridad, incertidumbre y ambigüedad son oportunidades para realizarnos en la apertura a un mundo nuevo que nos invita a renovar la manera de ser, constituyéndonos persona.

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“No sirvo para nada”

*Lic. Graciela V. García.Psícóloga Clínica.MP:
80.359Posgrado en Clínica psicoanalítica con niños y
adolescentes.Con Orientación Psicoanalítica en Pareja y
Familia.Atención en Hurlingham.Email:
gvghur60@gmail.com

Cada día más jóvenes recién recibidos en una profesión o estudiantes con secundario completo que aún no han descubierto su vocación consultan, angustiados, acerca de qué hacer ya que los invade un sentimiento profundo de cansancio, dolor psíquico, aburrimiento, angustia sobre el futuro.

¿“Cómo van a hacer, cómo conseguirán trabajo, cómo enfrentarse a un panorama laboral de difícil acceso?”. Temor a las entrevistas, a armar y distribuir currículums, a comprometerse con una tarea durante muchas horas de sus días y abrumados por un sentimiento depresivo de aflicción que los hace concluir en un “no sirvo para nada”.
La preocupación de los adultos es de contagio. No sabemos qué decir frente a estos sentimientos y muchos profesionales etiquetan a los jóvenes muy apresuradamente como: TGD (Trastornos de la Ansiedad Generalizados) TOC (trastornos obsesivos compulsivos) TA (Trastornos de ansiedad) Ataques de Pánico y otras tantas fórmulas que sirven para obturar la palabra y el encuentro de respuestas a los modos de vivir, tener experiencias que desarmen los interrogantes naturales de estas etapas del ciclo de la vida.
Los jóvenes que consultan se autocensuran, se catalogan entre los perdedores, creen que hay que nacer con un don, con una virtud que no tienen. Sienten que no pueden fallar, que la experiencia tiene que ser perfecta. Positivistas al máximo, perfeccionistas, autoexigentes, comparándose permanentemente con sus pares de “mayor éxito”. ¿Qué es Éxito? ¿Éxito en qué? ¿Quién tiene el metro patrón para medir mayor o menor? ¿De dónde lo han sacado? ¿Quién lo dice? ¿De quién/es lo han aprendido?
Sin Amo alguno, se explotan a sí mismos de forma voluntaria, la auto-obligación de “tener que hacer algo productivo” los anula, para terminar no haciendo nada.
Sufren de una coacción al rendimiento y la optimización. Se plantean seguir estudiando recién recibidos de profesionales para conseguir un trabajo que ya con título no consiguen. La experiencia de entrevistas laborales los somete a frustraciones intensas y a desprecios si no han logrado entrar (a un puesto entre cientos de postulantes). Viven los tiempos de maduración y metabolización con apuro, saltándolos. Esto los lleva a consumos excesivos de cualquier cosa a la que tengan acceso (sustancias, bebidas alcohólicas, alimentos, objetos, sexo, apuestas de dinero, juegos compulsivos, Internet) apareciendo como trastornos. Los objetivos son tan altos, que los ideales de ser, los abruman y atormentan.
Procurar el ritmo, estimar la espera, apreciar las diferencias, vivir la vida con lo que implica el riesgo a vivirla, no significa poner la vida en riesgo.
Tener oportunidades de sentirse en el foco de la experiencia invita al encuentro con otros, a hallar en cada uno de nosotros las otras habilidades, fabricar las herramientas que precisamos para cada momento de las situaciones. Saber que no están solos, que los compromisos vienen “a pasitos de bebé”, a como uno encuentre la medida del andar, andando. La mera vida que está allí siempre juega a favor, porque es Vida. Sentir que se puede esperar y transitar para escuchar el llamado, la voz interior, la “vocación” de hacer aquello que nos libere siendo auténti-camente nosotros.
Hay mundo para todos, hay trabajo para todos… la desesperación no es el camino. Si hay un mundo que se cae, se desintegra y aparece el sentimiento de catástrofe, es el “Mundo Imaginario”, ya que el mundo, globo terráqueo, sigue su ritmo natural. Está allí, con su lógica de siempre.
A los que han probado todo, desde excesos hasta someterse a ser uno más entre montones, anónimos, desprovistos de su mismidad. A los que han seguido al pie de la letra con la voluntad todas las fórmulas de la obediencia de ejercicios de qué hacer, cómo, cuándo, cuánto y les han vendido los libros de autoayuda de donde siguieron consejos. A todos los que probaron resolver los síntomas o trastornos con medicamentos o religión: les cuento que hay una forma de conocer de qué estamos hechos y ese abordaje, lo realiza un profesional del área de la salud mental (psicólogo, psicoanalista) con la postura de la escucha.
Escuchando/nos sería como permitirnos saldar la deuda interna con nosotros mismos para ser, mientras nos descubrimos siendo, nosotros mismos entre tanta normatividad y exigencias.
Convocados a sorpren-dernos, a dejarnos hablar, a fluir con nuestra auténtica manera de ser, nos enlazaremos a las áreas de nuestra persona que se han decretado como agónicas desde un mundo que, muchas veces, vemos como hostil cuando en realidad es una oportunidad.
Conectarnos con la añoranza y el deseo, sin sentirlo como amenaza, sino ligando con la energía de vida, la pulsión de Eros.
La idea es fluir en aquel manantial que brota, elevándonos a la íntima convicción de sentirnos libres al descubrir quiénes somos.

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“El cuerpo pide arte”

*Lic. Graciela V. García.Psícóloga Clínica.MP:
80.359Posgrado en Clínica psicoanalítica con niños y
adolescentes.Con Orientación Psicoanalítica en Pareja y
Familia.Atención en Hurlingham.Email:
gvghur60@gmail.com

Si hablamos de “cuerpo psíquico”, y es en lo epocal donde encontramos las coordenadas espacio-tiempo de lo vivencial, nos referiremos a aquel, como la percepción de nosotros internalizada, que viene apalabrada desde la política. En este caso, desde la política influyente en el discurso sobre los cuerpos.
Los dispositivos de la comunicación digital plantean atajos para metabolizar nuestra imagen instantánea. Se referirían a nosotros como aquellos bidimensionales, tildados por una acumulación de “likes” que determina las preferencias y define lo que marca tendencia. Un almacenamiento aditivo y adictivo de nuestra imagen a través de los días. Esto, definitivamente, no es arte. La cotidiana multiplicidad de maneras de encuentros con nosotros y con otros en el mundo-extenso, es en definitiva lo que asusta, pues no puede ser borrado, eliminado. ¿Cómo se expresaría pues, el “cuerpo psíquico” a través de la sublimación? ¿Cómo encontraríamos palabras para armar el propio decir sobre nuestras sensaciones y transmitirla en la esfera de lo posible: en la cultura, en el mundo donde nos encontramos con otros y armamos vínculos afectivos? El cuerpo pide arte: los talleres de teatro, las clases de danza, la expresión corporal a través de la música, el tatuaje historizado, compaginación y armado de escenas, canto individual o grupal y muchos otros más son sus derivados. Con todo, habilitarían al ser humano a sublimar aquello que la imagen digital secuestra: el lado vincular. El vínculo anida los efectos del encuentro con el otro, la presencia de lo diferente, el arte del tropiezo con la ajenidad (tanto del otro como la propia), el desafío de elaborar la escena tan temida, el borde del tacto en su rasgo afectivo, el olfato en su dimensión más humana, la escucha de lo insoportable, el gusto del esteta. El arte posibilita, a través de la sublimación, las suplencias y la superación de lo originario del desamparo. La pulsión de vida dinamiza, equilibrándose con la intermitencia de la pulsión de muerte. Nos da cuenta de la emoción de sentirnos vivos o, por lo menos, no muertos. Cuando el cuerpo pide arte, como en el caso de la otra actividad: la del deseo, el encuentro íntimo plasma algo de la inmortalidad de lo efímero. La sustancia extensa de la masa corporal, alienta los caminos de la complejidad y el trabajo psíquico. Y es en eso que se origina la oportunidad de la vitalidad y la plenitud.
Hay tres imposibles que necesitamos sublimar para no sufrir el estallido del “Yo” y el barrido de nuestra existencia.
Êstos son: “somos inmortales, infinitos y conclusos”.
Tener presentes estos tres imposibles, nos deriva a apasionarnos con el arte que pide el cuerpo, con el “compromiso” y “suje-ción”, que son valores necesarios para armar vínculos de amor.
Amor al que se le teme tanto hoy.

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¿Es esta una era individualista?

Lic. Patricia Mónica Ploder / Lic. en Psicología / MP 80358

“Los hermanos sean unidos, Porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera. En cualquier tiempo que sea Porque si entre ellos se pelean. Los devoran los de ajuera.”
José Hernández
“Martín Fierro”
El sufijo “ista”, “ismo” significa que existe una exacerbación del concepto antepuesto al “ismo”.
O sea, que me estoy preguntando si esta era tiene como atributo la exacerbación de lo individual, en desmedro de lo colectivo.
Voy a escribir pensando en dos posibles fenómenos antinómicos, aunque la realidad no es antinómica, sino que presenta matices.
Los polos opuestos que presentaré son: indivi-dualismo, egocentrismo, narcisismo versus colecti-vismo, altruismo, alteridad.
Definiría, entonces, individualismo como aquella forma de funcio-namiento en la que un individuo antepone su propio interés y su propio bienestar por sobre todas las cosas.
En el polo opuesto, recordando al Martín Fierro, y retomando conceptualizaciones freudianas, diría que ser hermano significa la aceptación de una alteridad, y la renuncia al individualismo.
Significa poder realizar una alianza que resguar-de a todos, en sus debili-dades, en sus diferencias, en sus singularidades por el bien colectivo.
Cuando comenzaba a pensar en el tema que es el título de esta nota, tuve imágenes de hace varias décadas, en las que las sillas estaban en las puertas de las casas, en las veredas de los barrios, y los vecinos reunidos tomando mate. Al inicio pensé que antes el mundo no era individualista, que la gente era re copada y generosa. Pero apenas comencé a analizarlo un poco más, me dí cuenta que no era tan así. Siempre hubo indivi-dualistas.
Y ahora hay mucha gente re copada y generosa.
Entonces empecé a darme cuenta que lo que tenía que hacer era reformular la pregunta. ¿Hay eras tal cosa o tal otra?
Si bien los teóricos intentan lograr abstrac-ciones que permiten ponerles nombre a las épocas, a partir de la descripción y enume-ración de características sobresalientes, que las diferenciarían clara-mente de otras eras, creo que en todas ellas coexisten formas de funcionamiento, ejer-cidas todas ellas por individuos particulares. Eras líquidas, eras posmodernas.
Es cierto que los valores y los disvalores cambian en todas las épocas históricas, en los distintos lugares geográficos y en los distintos grupos culturales.
Es cierto también que hay imperativos”---istas” que en determinados momen-tos son correctos, y en determinados otros momentos no son correctos. No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor, sino sólo distinto.
Si me detengo en los individuos en particular, que funcionan de determinadas maneras, desde el psicoanálisis lo primero que busco es la determinación de su conducta desde la defensa y en respuesta al conflicto intrapsíquico, pero en un contexto intersubjetivo.
Un individuo, respondiendo desde su interioridad a un momento, a una situación.
El psiquismo es muy complejo, está compuesto por ideales, por demandas de satisfacción inmediatas, por identifi-caciones, por conflictos no resueltos.
Un individuo que responde de modo individualista o narcisísticamente puede deberse a dos gran-des tipos de posibilidades: una de ellas es que su estructuración psíquica sea del orden de lo narcisista, y que no haya otra respuesta posible que la versión netamente egocéntrica y egoísta; y la otra es que se esté defendiendo de algo, que le significa una gran amenaza, y que lo lleva a replegarse en una coraza. Para describir la primer situación, hay gente que es individualista más allá de los mandatos sociales imperantes como valor o disvalor, lo son porque su psiquismo se ha estructurado con fallas en la constitución de su instancia moral, y en la intersubjetividad se van a manejar utilizando a las otras personas como objetos a su disposición; existen, existieron y existirán siempre.
No quisiera efectuar un reduccionismo de la realidad, afirmando “sí, esta era es indivi-dualista”, cuando hay hoy individuos que no lo son, cuando hay hechos exteriores a los sujetos éticos que los lleva a defenderse en un aislamiento que parece individualista aunque no son sujetos indivi-dualistas, y cuando hay sujetos éticos totalmente entregados a la preser-vación de los bienes colectivos.
No quiero alentar la desazón, y menos afirmando algo que no pienso. Esta no es una era individualista, aunque lo parezca. Hay individuos luchando por sus pares, y sosteniendo la alteridad a pesar de los avatares desestabilizantes que cada tanto arrecian.
Afirmar que es una era individualista podría, además, dar vía libre a estos modos de funcionamiento, al conformismo impotente, a un sometimiento desvitalizante.
La afirmación no sólo que no es cierta, sino que arrasa, desmiente e invisiviliza a tod@s aquell@s que hacen para y por los demás.
Hay afirmaciones que en vez de sumar al describir o teorizar acerca de características de un fenómeno, restan pues lo estigmatizan o etiquetan, simplificando la real complejidad de los fenómenos humanos, y son generadores de respuestas defensivas. Si afirmáramos “es una era individualista”, podrí-amos estar alentando a quedarse en la cueva a aquellos que se sienten amenazados.
Esta era no es ni individualista, ni per-versa, ni. En esta era hay gente perversa e indivi-dualista, como en todas las épocas; pero también hay gente generosa y ética, aunque muchos de ellos lo parezcan porque están en una cueva intentando resguardarse de las catástrofes que se anuncian, que sólo serán ciertas si permitimos que lo que se dice nos mantenga en la cueva, o que salgamos a destruir a los que siguen trabajando para el colectivo, sin discriminar quién es quién, ni dónde estamos, ni cómo son realmente las cosas.
No debemos perder la esperanza de vivir un presente con hermanos preocupados por el bienestar de todos, ni pensar que existirá un futuro peor, porque no permitiremos que ocurra.
Patricia Mónica Ploder
Lic. en Psicología – MP 80358

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Adoptar, prohijar.

Por Patricia Mónica Ploder Lic. en Psicología – MP 80358

En el escrito de hoy deseo realizar algunas conceptualizaciones en relación al proceso de adoptar, que es emocionalmente muy complejo, tanto del lado del lxs adoptantes, como por el lado del niño o niña o adolescente adoptadx.
Hoy quiero hacer hincapié en lxs adoptantes, en otro escrito abordaré acerca de las vicisitudes de ser adoptadx, describiendo complejidades presentes del lado del hijo no biológico.
Intentaré hacer un breve recorrido sobre la cantidad compleja y múltiple de aristas que atraviesa este proceso del lado de lxs adoptantes. Hay distintos autores que recorren con una profundidad fecunda las conceptualizaciones que voy a resumir en este escrito, y que en mi experiencia he visibilizado en todos los procesos en los que profesionalmente de alguna manera he participado.
Lo que escribiré hoy tiene que ver con procesos cuya descripción y visibilización puede herir susceptibilidades o resultar dolorosamente movilizante. Anticipio al lector acerca de esto, y reitero que son procesos descriptos teóricamente porque son realidades fácticas que verdaderamente ocurren.
Quien desee alojar a un hijo no biológico puede ser una persona sola o una pareja, que pueden estar –o no- acompañados por otrxs familiares, como por ejemplo otrxs hijxs o parientes cercanos, que se constituirán en tíxs o abuelxs del adoptado. El entorno del adoptante también participa en el proceso, aunque no sea quien haya decidido iniciarlo. La persona sola, puede ser indistintamente un hombre o una mujer, lo que se constituye en una monoparentalidad. La pareja puede ser una pareja diversa, dos hombres, dos mujeres o una mujer y un hombre; y pueden estar casados o no.
Las motivaciones que pueden llevar a abrirse a la posibilidad de alojar a un hijo no biológico pueden ser múltiples, que implican siempre procesos emocionales de los que habitualmente no se tiene conciencia y/o de los que no se habla.
Puede ocurrir que la infertilidad sea una de las motivaciones, habiendo -o no- recorrido un proceso de diversos intentos de lograr un embarazo biológico, que no se ha logrado. No implica el mismo duelo tomar la decisión de adoptar por la propia infertilidad que por la de la pareja, lo que implica la renuncia a una mate/paternidad biológica que sería posible por la propia capacidad reproductiva, pero a la que se renuncia por amor al otro. Esta renuncia puede tener o no consecuencias, según las posibilidades elaborativas de este duelo, y/o en distintos momentos del proceso de prohijar un niño concreto.
Puede ser también, que luego de haber tenido hijxs biológicxs, se decida prohijar.
Puede ocurrir también que alguien críe a un hijo no biológico, por circunstancias diversas, sin haber pasado por la decisión previa de hacerlo, y por lo tanto sin haber pasado por la inscripción en el registro de adoptantes. En estos casos, la afectividad puede constituir a este vínculo como paterno/materno – filial, en ausencia de filiación legal, atravesando también vicisitudes complejas con algunas características compartidas con lo escrito acá, aunque no todas. En algunos casos, estos vínculos afectivos pueden legalizarse, constituyendo filiación legal, pero que sean los especialistas en leyes los que expliquen acerca de esta cuestión. Un ejemplo de esto lo constituiría la adopción legal del hijo o la hija del cónyuge.
En todos estos casos el hijo no biológico presenta una ajenidad, al no ser del propio linaje, cuyo proceso ideal supondría implicar un proceso de convertirlo en propio a efectos de que ciertos fantasmas puedan ser atravesados para que el proceso termine siendo más saludable para todos los involucrados. El hecho de no ser propio y de haber venido de otro origen biológico, a veces luego de los intentos a la propia fertilización o luego de haber tenido hijos biológicos, implica que el hijo adoptado esté en un lugar segundo. Fue pensado “luego de”. Luego de intentar la propia fertilidad, o luego de vivir la pate/maternidad biológica. Asimismo, ese hijo pensado, deseado y llegado como segunda opción llega también con una historia en general llena de situaciones traumáticas, de abandonos, y de familias sin posibilidades de alojarlo. Estas historias los convierten en sujetos necesitados de amor y protección, por no haber tenido la posibilidad de ser protegidos en sus propios senos familiares biológicos. Estas son las razones por las terminan como candidatos pasibles de ser adoptados. Esas carencias en sus orígenes son temidas por los adoptantes, en cuanto a las secuelas posibles en ellos. En suma, todo esto convierte a estos niños en sujetos de amor para los adoptantes, pero desvalorizados y temidos.
La aparición de la genética de su linaje es temida. La secuela de los traumas vividos es temida. El posible apego a esas figuras familiares biológicas es temido. El momento de revelar partes de la historia es temido. Las preguntas son temidas.
Trabajar emocionalmente en torno a la aparición de lo temido en ese hijo es primordial, pues aunque se haga un gran esfuerzo en invisibilizar los propios temores suponiendo que el hijo adoptado no va a darse cuenta, opera de manera tal en que lo que aparece es algo parecido a una relación forzada, en la que hay cosas que deben invisibilizarse, silenciarse o tratarse con extrema cautela. Estas formas de funcionamiento pueden generar secretos familiares, inhibiciones vinculares o secuelas en los participantes del proceso.
Es fundamental pensar que el acto de adoptar es un acto en el que al mismo tiempo que se le brinda protección y afecto a un niño, éste les brinda a los adoptantes la posibilidad de devenir cuidadores y padres. Habitualmente tendemos a pensar solamente en la versión en la que el niño es “salvado” de un destino peor gracias a la adopción, pero no debemos dejar de ver el otro polo que es que gracias a este niño los adoptantes también “son salvados”. Este niño logra tener padres gracias a la adopción. Pero también estos adultos logran ser padres gracias a este niño. Se trata de una ganancia recíproca, la cual opera igualando las deudas, si es que hay alguna. Digo esto, porque es habitual que tanto la sociedad como lxs mismxs niñxs adoptadxs aludan a una deuda, por la que deben estar “agradecidos”. Repito que si hay deuda, ésta es recíproca.
Ante la decisión de adoptar, se trata entonces, de tener en cuenta dos cosas importantísimas. En primer lugar de validar el deseo de ser madre o padre, a los efectos de garantizar que el hijo adoptado tenga personas que se hagan cargo emocionalmente de ellos deseándolo. Y en segundo lugar -y esto es tan importante como desear prohijar- los adoptantes tienen que saber que existen cuestiones relativas al proceso que lo complejizan, y tienen que estar dispuesto a trabajar emocionalmente acerca de estas cuestiones. Para este segundo punto existen diversas ofertas de grupos de adoptantes que pueden funcionar bajo la modalidad de talleres o de grupos de contención o reflexión, cuya asistencia regular acompaña tanto al proceso previo de tomar la decisión de adoptar, como al proceso que se inicia en la vinculación con un niño específico. Cualquier posibilidad de los adoptantes de anticipar y trabajar emocionalmente sobre sí mismos ayuda a que el proceso tenga mejores posibilidades.
Sobre las vicisitudes que se consideran habitualmente complejas en el proceso de devenir padre o madre (de un hijo biológico), se le suma toda esta compleja trama fantasmática que agrega una complejidad exponencial. Así como los hijos biológicos no traen un manual de instrucciones bajo el brazo al nacer, menos lo traen los hijos adoptados. Ser madre y ser padre no es un proceso que traemos dado biológicamente innato, sino que se va armando la mate/paternidad en relación al hijo concreto, en articulación con el deseo de ser padre o madre. Por este motivo, es que existen progenitores que no pueden cumplir adecuadamente sus funciones. No son las limitaciones cognitivas o materiales las causas de esto, ya que alguien analfabeto o muy pobre puede perfectamente cumplir las funciones parentales. De la misma manera alguien universitario, con buen nivel económico puede no cumplirlas saludablemente.
Para pensar en adoptar no es necesario tener un contexto educativo o económico privilegiado, sino un contexto en el que la disponibilidad afectiva permita trabajar sobre lo descripto anteriormente, para generar el clima más saludablemente hospitalario para todxs lxs involucradxs en este proceso.

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La protección de las mujeres
ante la violencia


Por Patricia Mónica Ploder / Lic. en Psicología – MP 80358 / pattyplod@hotmail.com

Es habitual que la gente se pregunte por qué las víctimas de violencia son las que deben irse de sus casas, y no son los hombres violentos los que deben irse.


Efectivamente, existe la figura de “exclusión del hogar” que habitualmente se otorga junto con la “restricción perimetral” cuando se realiza una denuncia por violencia. Pero en los casos extremos es la mujer la que debe irse, y voy a tratar de explicar por qué.
Hablo de hombres violentos y de mujeres víctimas, porque de esto se trata el artículo de hoy: femicidios, o sea asesinatos de mujeres a manos de hombres cuyo objetivo es eliminar a esa mujer. Es un asesinato por causa de género. No tiene como razón el ocultamiento de otro crimen (robo, estafa…), sino el exterminio de una mujer, porque es mujer, y se resiste a obedecer. La violencia es consecuencia de que quien la ejerce no sabe resolver los conflictos en la convivencia de otra manera que no sea doblegar a los que viven con él.
La persona violenta ejerce su manipulación de distintas maneras, a veces de forma más invisible y a veces de manera más explícita. Para doblegar a sus víctimas utiliza, entre otros, los siguientes métodos: denigraciones, descalificaciones, manipulaciones sobre la autonomía económica de su víctima, gritos, insultos, cercenamiento progresivo de los vínculos afectivos cercanos de la víctima, golpes, intimidaciones, amenazas…
El objetivo es siempre doblegar a la víctima para tenerla a su disposición absoluta.
Si por cualquier motivo su víctima se defiende o intenta recuperar su libertad, el violento se enfurece, y comienza a redoblar sus ataques.
En algunos casos, justamente es el momento de la denuncia el que enfurece exponencialmente al violento, quien encuentra en el asesinato su única forma de evitar perder a su víctima esclava. Este hombre violento pasa en ese momento a ser un femicida.
Jamás se puede anticipar el nivel de letalidad del violento, y es preventivo partir de la idea que cualquier violento es capaz de terminar con la vida física de su víctima, teniendo en cuenta que progresivamente fue intentando terminar con la vida psíquica de ella.
Es por eso que cuando una mujer visibiliza su condición de víctima y decide salirse de ese lugar debe preservarse con todas las herramientas posibles para no ser una muerta más, asesinada sólo por resistirse a ser el objeto del victimario, sólo porque su furia no admite que esa mujer se resista.
Esas herramientas son las medidas de protección que se brindan en el momento de la denuncia, pero también son las que esa misma mujer vaya construyendo en la toma de conciencia de la situación de peligro en la que probablemente esté. Eso significa, que debe alejarse del violento, irse a vivir con quien la proteja, no permitir ningún tipo de acercamiento del violento ni que él le prometa que va a cambiar, ni pidiéndoles disculpas. Debe erradicar la ingenuidad y la credulidad ante las promesas y las amenazas de aquél que ya la violentó tantas veces de tantas maneras.
En muchos casos, la exclusión y la medida “perimetral” son suficientes. El violento termina aceptando que su víctima ya no es su esclava, y deja de hostigarla. Generalmente busca a otra víctima. En estos casos su objetivo es someterla y doblegarla, tenerla a su servicio, y a lo mejor no tiene en sus planes matarla, pero nunca se sabe…
En el momento en que el violento se entera de la denuncia, su furia se enardece y el acto brutal femicida puede suceder en un instante. Así, el violento se convierte en femicida después de matar a una mujer, y ya es tarde.

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¿Es Justo?

Por Patricia Mónica Ploder / Lic. en Psicología – MP 80358 / pattyplod@hotmail.com

En relación a mi rol como psicóloga en el Juzgado de familia, hoy estaré escribiendo sobre una flor de pregunta: ¿qué es lo justo?
Y mientras lean, por favor recuerden que no soy abogada, por lo que los términos jurídicos que utilice no partirán de una profesional del derecho.
¿Desde qué eventos me surge la pregunta?.
Hay padres o madres que luego de no ver a sus hijos o hijas por un tiempo, en las entrevistas con el equipo técnico, en el contexto de solicitar comunicación con sus hijxs, pueden decir (entre otras cosas): “no es justo, nos echó de casa y nunca se preocupó por nosotrxs” o “no es justo, yo me ocupé de lxs chicxs solx hasta ahora”.
En el juzgado, escuchando pedidos diversos, especialmente los de padres o madres que piden más dinero, o más horas con sus hijos o hijas, o piden repartir de otras formas las responsabilidades parentales… la frase “no es justo” se repite muy frecuentemente.
Recuerdo también cuando mis hijos eran chicos y les imponía algún castigo, me interpelaban con la misma frase “no es justo”.
Cuando daba clases en el secundario y entregaba pruebas escritas, muchos alumnos al ver su nota, decían “no es justo”.
Y si lo seguimos pensando en más detalle, vemos que el tema no es menor.
Hay algunas cosas para las que no quedan dudas que son injustas, como matar, quitándole la vida al fallecido y el ser amado a sus personas cercanas. Tampoco quedaría duda que para dicho delito, es justo que exista un castigo; pero ¿si es en defensa propia? ¿si mientras una mujer es violada encuentra un ladrillo y se lo parte en la cabeza al violador? ¿si una niña es abusada desde pequeña, nadie la escuchó ni la defendió, y en el momento en que descubre que el abusador arremete contra su hermanita menor a la que siempre intentó proteger del abuso, lo mata?.
Es justo que se pague por un delito, ¿pero de qué forma debe cumplirse la condena para que sea justa? ¿justa para quién? ¿para la víctima? ¿para el delincuente? ¿cuánto tiempo? ¿dónde? ¿las cárceles argentinas funcionan de una manera justa?
También es justo que todos los hijos del mundo tengan derecho a ser cuidados y tener relación con sus madres y sus padres. ¿cuántas horas? ¿cuánto cuesta económicamente un hijo?. ¿Es justo que por ser hijx, éste deba quedarse viviendo con su progenitor que ejerce violencia?.
Asimismo, es justo que padres y madres pasen tiempo con sus hijos, ¿pero cuál de ellos? ¿el padre? ¿la madre? ¿con quién vivirían lxs hijxs?. Aparte del pedido de los padres, que estaría en consonancia con sus deseos o con lo que consideran justo, existe otra gran pregunta más importante que el pedido de los padres: ¿lxs niñxs qué quieren? ¿hay una edad en la que el niño puede elegir? ¿o son cosas de adultos?
También hay diferentes visiones entre cónyuges que están disolviendo su sociedad conyugal en relación a lo que le corresponde a cada uno, y es habitual que ninguno de los dos encuentre que es justa la manera en que dicha sociedad se termina repartiendo, sin perjuicio de haber firmado un acuerdo, en el que supuestamente estaban de acuerdo.
Hay jóvenes que no han sido criados por su padre biológico, con el que no tuvieron contacto, pero que llevan su apellido porque al momento de la inscripción del nacimiento de la criatura éste lo inscribió como propio. Algunxs de estxs hijxs piden cambiar su filiación porque consideran injusto llevar un apellido que no los identifica, a veces piden el apellido materno y otras veces el apellido del marido de la madre, quien afectivamente funcionó como padre toda la vida. Derechos adquiridos, y derechos perdidos: el de la herencia, el del vínculo afectivo. ¿Qué es lo justo?.
Buscando definiciones, en un intento de hallar verdades reveladoras o universales, encontré lo siguiente: La justicia tiene como objeto la regulación de las relaciones personales, con lo que se puede inferir que habrá tantos tipos de justicia como cuantos tipos de relaciones se distingan. También encontré que justicia es aquél principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde. Otra: la justicia es un conjunto de valores esenciales sobre los cuales debe basarse una sociedad y el Estado, estos valores son; el respeto, la equidad, la igualdad y la libertad.
Además, aprendí que el discurso jurídico buscaría pruebas fácticas que demostrarían la veracidad de los hechos, lo que determinaría sin lugar a dudas lo ventilado en el conflicto.
Pero a esta altura me animaría a afirmar que no existe una concepción universal de justicia, porque aún los hechos materiales (las pruebas) requieren de una interpretación. Por eso hay delincuentes que no van presos, y hay presos que no cometieron delitos. Por eso hay sentencias de regímenes de comunicación parental con los cuales las partes no están de acuerdo. Por eso hay femicidas que pueden acercarse a sus víctimas para ultimar su propósito y matarlas, a pesar de las medidas de protección.
La gran diferencia con la psicología, es que en el discurso psicológico, la verdad material no se corresponde ni con la vivencia ni con el deseo, que son propios de la interioridad de los sujetos. La vivencia interior le otorga a la concepción de justica otro cariz, indeterminable fácticamente. En la misma línea, el concepto de trauma, y el de daño psicológico, no son medibles objetivamente, aunque se pueda cercar su existencia de manera certera. Pero jamás se puede cuantificar.
De lo descripto hasta acá, re afirmo la existencia de otros profesionales –ajenos al derecho- que participan en el contexto judicial, que aportan desde sus disciplinas para colaborar en el trabajo con los sujetos justiciables para llegar a acuerdos lo más cercano a lo justo para todos. Estos profesionales también colaboran para ayudar a los Abogados a entender las determinaciones psicológicas de los sujetos involucrados en un conflicto judicial, colaborando en el cercamiento de las “pruebas”, una pericia es desde este punto de vista también una prueba.
Y reafirmo la importancia fundamental se la da al derecho de lxs niñxs, velando por su bien superior, lo que implica escucharlo, y no sólo en la versión auditiva de lo que dice, sino también sondenado indicadores de sufrimiento y deseo, que pueden quedar velados en la mera oralidad de los dichos. En esta “escucha” que no es sólo auditiva, también colaboran las disciplinas mencionadas.
Trabajadores Sociales, Psiquiatras y Psicólogos trabajamos junto a los Abogados en el Juzgado de Familia, en un intento de que lo justo sea lo menos injusto posible para los sujetos que solicitan ayuda.

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Violencia de género

Por Patricia Mónica Ploder / Lic. en Psicología – MP 80358 / pattyplod@hotmail.com

Lo que deseo diferenciar en este escrito es qué se considera específicamente violencia de género. Hay muchas formas en que la violencia se ejerce y se padece, pero al hablar de la violencia de género se alude particularmente a la situación en que la víctima es una mujer y el victimario es un varón, ejerciendo actos de dominación sustentados en los preceptos de la cultura patriarcal hegemónica.
En esta conceptua-lización, si una mujer ejerciera violencia hacia un varón, a eso NO se la considera violencia de género, aunque sea desde el género femenino contra el masculino; ni contra su hijo, o su padre o su marido.
La cultura patriarcal, milenaria, ha naturalizado que los varones tienen todos los derechos sobre las mujeres, que serían de su propiedad. Estos “permisos” ancestrales implican que el varón pueda controlar, descalificar, someter, administrar…la vida de sus mujeres; y las mujeres han naturalizado estos derechos de sus hombres sobre sus personas y sobre sus bienes. Los modos de funcionamiento esperados para ambos géneros están internalizadas y son transmitidas de generación en generación. Lo que completa este modo ancestral de funcionamiento es el sufrimiento que las mujeres tienen por estas conductas masculinas.
Entonces, se utiliza el término violencia de género para denominar todas aquellas conductas violentas masculinas contra las mujeres, y que dejan secuelas.
Las conductas violentas pueden ser: simbólicas, verbales, sexuales, económicas, físicas… que en lo cotidiano aparecen bajo la forma de microviolencias, pequeñas pero muy frecuentes.
El efecto de estas microviolencias se compara con lo que produce la gota en la piedra, una horadación lenta pero efectiva.
La violencia nunca es una conducta aislada. No es una reacción de enojo. Es una conducta que tiene una intencionalidad y una direccionalidad, que tiene como objetivos el CONTROL y el PODER de la conducta del otro. Si no somete la voluntad del otro, no es violencia.

La LEY DE PROTECCION INTEGRAL A LAS MUJERES, 26.485, refiere:
“Se entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes.
Se considera violencia indirecta, a los efectos de la presente ley, toda conducta, acción omisión, disposición, criterio o práctica discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón.”
¿Por qué es importante delimitar lo que significa la violencia de género? Porque debido a los siglos de patriarcado, con sus ideologías mediante, se han establecido modos de funcionamiento que naturalizan las conductas de hombres y mujeres, por lo que muchas veces es imposible que las mujeres víctimas puedan salir de una situación de violencia por sus propios medios. Todas las violencias son devastadoras, y colocan a la víctima en un lugar de difícil salida, pero la violencia de género está tan enquistada en nuestros imaginarios, que –al naturalizarla- ni se nos ocurre que el victimario (hombre) esté ejerciendo violencia, o legitimamos su derecho a hacerlo. Asimismo, las víctimas (mujeres) al naturalizar también su condición de subalternas, ni se les ocurre que tienen derecho a ser tratadas de otra manera. De la misma manera, a efectos de intentar sobrevivir psíqui-camente en lo cotidiano, no pueden terminar de registrar los signos y los síntomas que el sostenimiento crónico de la violencia les produce, llegando a veces a estados psicopatológicos graves, que podrían no haberse producido si no hubieran estado expuestas crónica-mente a dichas situaciones.
Aparecen distintos mecanismos de defensa que son propios de las situaciones de trauma, que permiten a la persona sostenerse en los otros ámbitos de su cotidianeidad: la negación, la disociación, la desmentida, la racionalización, entre otros.
A efectos de delimitar si lo que la mujer viene a relatar cuando pide ayuda es violencia de género, se consideran las manifestaciones subjetivas de la mujer, los afectos concomitantes, los mecanismos de defensa puestos en juego, los relatos de los diferentes eventos ocurridos a lo largo de la historia de convivencia entre el violento y la víctima, y todo aquello que permita visibilizar la violencia de género, inferir las secuelas y colaborar en la ayuda a la víctima.
Haciendo hincapié en lo que la víctima puede relatar, refiere: el ejercicio de control de parte del hombre. Refiere, por ejemplo, que siempre la va a buscar a todos lados, o que le revisa sus cajones o su cartera, que le mira el celular. También puede relatar que progresivamente la fue aislando de sus vínculos significativos, como por ejemplo de herman@s o amig@s, con el objetivo de incrementar la dependencia a su propia persona, y de cercenarle las posibilidades de recibir ayuda. Puede relatar la existencia de celos, a veces patológicos, por los cuales el hombre le cuestiona acerca de sus conductas en relación a otros, especialmente hacia hombres, pudiendo llegar por ejemplo a insultarla por supuestos coqueteos que el señor inculpa a su mujer, en relación por ejemplo a un compañero de trabajo. Puede existir un acoso de su parte, especialmente cuando la mujer va tomando distancia y cambiando su posición de víctima sometida. Por ejemplo, el señor se puede aparecer sin avisar en la esquina de su trabajo, o publicar cosas inconvenientes en redes sociales para intimidarla o acosarla. Otras formas en que las microviolencias se manifiestan son: denigración, humillación, intimidación, indiferencia ante la demanda afectiva, amenazas. El hombre le cuestiona cualquier comida que ella prepare, le dice que no sabe nada, la amenaza con alguna consecuencia penosa para intimidarla, le niega afecto sistemáticamente, y otro tipo de conductas similares que van ocurriendo sistemática y progresivamente horadando la autoestima de la mujer. Todas estas maniobras, consideradas de forma independiente, podrían enmarcarse en una disputa de pareja clásica, pero lo que se constituye en violento es la repetición y la duración en el tiempo, así como la asimetría en los intercambios.

Hirigoyen, Marie France: “Mujeres Maltratadas” (2005)
Bonino Menéndez “Develando los micromachismos de la vida conyugal” (en “Violencia masculina en la pareja”, Jorge Corsi compilador, Ed. Paidós)

La construcción de la masculinidad, y la construccion del machismo

Por Patricia Mónica Ploder / Lic. en Psicología – MP 80358 / pattyplod@hotmail.com

Los modos de funcionamiento de los géneros se construyen complejamente, en combinación de múltiples factores que interactúan. En un esfuerzo de simplificación teórica, voy a intentar sintetizar parte de lo que se ha escrito en relación a la construcción de la masculinidad.


La masculinidad occidental está construida alrededor de los mandatos de género que prescriben roles esperados para los varones. Se espera que se construyan alrededor de la esfera de la acción, a expensas de la represión de la esfera de los afectos. Eso significa que de los varones se espera que hagan, proyecten, concreten, ganen, conquisten sin conectarse con los sentimientos que podrían inhibir dichas acciones, como el miedo, la empatía, la vergüenza pues se considera que el sentimiento no es ámbito del varón, ya que las mujeres deberían ser las guardianas de los afectos, y que por eso serían buenas maestras, enfermeras, trabajadoras sociales o psicólogas; profesiones que implican una conexión afectiva en sus prácticas profe-sionales.
Los varones deberían ser conquistadores, gana-dores, millonarios o guerreros, tareas que implican una valorización de la acción.
El varón lograría construir intrapsíquicamente estos procesos principalmente por dos vías: la identificación con lo masculino (su padre y otros modelos de varones cercanos) y por el repudio a lo femenino (su madre, sus hermanas), y por extensión el repudio a todo aquello que no forme parte de los roles masculinos esperados (otras mujeres, niños u homosexuales).
La consecuencia del ejercicio de estos mandatos ineludiblemente está ligada al poder, su uso y su ejercicio. El ejercicio del poder en las relaciones puede estar a su vez ligado al uso de las violencias como forma de llevar a cabo la ejecución efectiva de la dominación prescripta. “Se suele decir que el hombre llega a la violencia para sostener su primacía frente a las mujeres y frente a los hombres por mandato competitivo. Un poco menos dicho, pero no menos evidente es el pacto entre hombres para invisibilizar la violencia contra la mujer”. (1)
Ser varón no implica necesariamente ser machista, pero puede haber apenas un paso entre ambos modos: la masculinidad y el machismo.
El machismo implica el empoderamiento extremo de las acciones prescriptas para la masculinidad, y necesa-riamente implican el uso de violencias verbales, físicas, económicas, emocionales…a efectos de mantener la hegemonía del poder.
La naturalización de lo que se espera para los varones, implica en parte también la natura-lización de las violencias ejercidas por ellos. El primer paso para salvar a hombres y mujeres de este círculo de uso y abuso de poder implica cuestionar la no naturalidad de los mandatos esperados, y la no naturalidad de las acciones devenidas de estos mandatos.
Ni el poder debería ser parte ineludible de la masculinidad, ni el llanto sería propiedad exclusiva de lo femenino. Hombres y mujeres tienen iguales derechos (y permisos) de ganar o de llorar, pero ambos tienen la obligación (y el permiso) de ser corteses y amables con sus semejantes.
Recordemos que las diferencias no deben sentar desigualdades. Todos los hombres y todas las mujeres somos diferentes, así como lo somos todos los seres humanos, pensarnos iguales es una idealidad. Por lo que debería trabajarse es para la igualdad de derechos, esto es que nadie deba sostener una hegemonía del poder.
Esta tarea implica una deconstrucción de estos modelos que obligan a ciertos hombres a mantener el poder a cualquier precio. Esta deconstrucción puede ser trabajada en distintos ámbitos: la escuela, el trabajo, los medios de comunicación...propiciando la visibilización y el análisis de los modelos prescriptos para hombres y mujeres, y favoreciendo de esa manera un cambio profundo en nuestra sociedad.
Erradicar la violencia no implica solamente penalizarla (aunque sea ineludible), sino también analizar el contexto de su surgimiento y de su prescripción. Un hombre que ejerce violencia es culpable de los actos violentos y de los daños que produce, pero puede no ser consciente de su necesidad de ejercer poder ilimitadamente y a cualquier precio.
(1) ”Las Vestiduras de la Masculinidad. Con Bastante Tela Para Cortar”, escrito por Lic. Jorge Garaventa

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Historia de los viajeros por el mundo

Por Ezequiel Francesca Lic. Psicologia Mat. 42390

En esta oportunidad voy a recomendar la lectura de un libro contundente por donde se lo mire, estoy hablando de “Hacia rutas salvajes” El relato real del drama de un joven Chris McCandless en la búsqueda de su propio ser. Un libro distinto por muchos motivos, no es una novela, pero tiene el drama de la misma, podría ser una biografía pero tampoco reúne los. Esta obra genera en el alma del lector un corrimiento importante de los modos de pensar el mundo que nos rodea, ya que la lectura de la misma mínimamente nos dejará pensando si somos lo que realmente queremos ser.
En abril de 1992 un joven, hijo de una familia adinerada de Estados Unidos llegó a Alaska haciendo autostop y a finales del verano de ese mismo año un grupo de cazadores encontró en una zona de Alaska conocida como Ruta de la estampida, dentro de un autobús que se hallaba allí desde los años sesenta una sorpresa desagradable, en una de las literas del autobús, envuelto en un saco de dormir descansaba el cadáver del joven. Esta noticia no llamo la atención en su momento, era una más e inclusive la nota de la revista Outside sobre el hallazgo fue una columna de 9.000 palabras. Pensaban que el cuerpo encontrado correspondía a un vagabundo sin familia, pero al poco tiempo de publicarla, Jon Krakauer quien fuera el autor de la nota periodística comenzó a recibir cartas desde distintos puntos de Estados Unidos correspondiente a personas que decían haber conocido a “Chris” otros lo llamaban “Alex”. Fue tanto lo que se insistió con las cartas, muchas a favor y muchas criticando al chico que Krakauer comenzó la posterior investigación, desvelando que el cuerpo del chico encontrado en el autobús, al que nadie había reclamado pertenecía a Christopher Johnson McCandless, un excelente estudiante y destacado atleta de Washington D.C. de una familia acomodada que llevaba desaparecido dos años, justo después de graduarse en la universidad Emory de Atlanta. Chris McCandless cambio su nombre y donó a una organización humanitaria 24.000 dólares que tenía en su cuenta corriente, abandonó su coche y quemó el dinero que quedaba en sus bolsillos. Con nombre nuevo e historia nueva el rebautizado como “Alexander Supertramp” anduvo vagando por América del Norte en un viaje trascendente.
Esta historia despertó el interés de todos por conocer los detalles de cómo este chico llego a dejar todo y vagabundear. Jon Krakauer en su empeño por conocer mejor a Chris McCandless, se apoya en su propia historia, cuando este tenía más o menos la misma edad que Chris puso rumbo a Alaska, el alpinista y escritor había sentido un impulso similar, no sabía qué camino tomar en la vida y su situación familiar era similar a la de Chris, marcada por la figura de un padre autoritario y de la noche a la mañana se le ocurrió que lo que tenía que hacer era viajar a Alaska y escalar en solitario por una ruta nunca antes intentada, un remoto picacho conocido como El Pulgar del Diablo “No lograba apartar de mi pensamiento los pormenores de la muerte por inanición del muchacho, así como los vagos y turbadores paralelismos que existían entre su vida y la mía”
La historia relatada en esta magnífica obra y ejemplo de trabajo periodístico, generó una agitada polémica; para muchos el joven (McCandless) era un idealista, para otros un loco y un ingenuo (como si existiera una franja clara entre uno y otro). La pregunta que guiara durante toda la obra al autor fue: ¿Por qué un joven recién graduado decidió cortar todos los lazos con su familia y perderse en una región inhóspita?
Hacia rutas salvajes está escrito con un estilo sobrio y directo, logra transmitir con efectividad tanto la impresión causada por los paisajes que Chris ansiaba visitar como el modo de ser de éste. Un modo de ser tan vivo como plagado de contradicciones, que en muchas oportunidades despierta en el lector lástima y admiración. Hoy muchos viajeros en el mundo exhiben en sus remeras la imagen de Alexander Supertramp (Chris McCandless) ya que paso a ser un mito del camino.
“No eches raíces, no te establezcas. Cambia a menudo de lugar, lleva una vida nómada… No necesitas tener a alguien contigo para traer una nueva luz a tu vida. Esta ahí fuera, sencillamente.” (Ultima carta de Chris a un amigo)

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Decidió no ser una más

Lic. Patricia Mónica Ploder / Lic. en Psicología / MP 80358

Abrió su cartera y sacó una hoja doblada cuidado-samente, diría que estaba escondida entre sus cosas. Con la mano temblando un poco, me la entregó, y me dijo: “no me pega ni me grita, y es muy trabajador, pero me pasa esto, ¿me podés ayudar?”.
La leí en voz alta, lentamente, mientras ella escuchaba. Su cuerpo entero se conmovía mientras avanzaba en la lectura de la carta que le escribió a él, y nunca le entregó.
No hay mejor testimonio de su sufrimiento que la propia carta.


“Mientras mi corazón todavía siente, tengo que decirte todo esto. Hace mucho tiempo que estoy triste, y esta tristeza me está matando el corazón. Antes que se muera del todo, y empiece a ser el robot que no quiero ser, te voy a decir lo que siento.
Vos podés hacer con esto lo que quieras, pero a mí así se me hace insoportable.
Pocas cosas me dan alegría, no soy feliz, me siento cautiva. Vivo en un pequeño palacio, que me gusta mucho, pero ahí estoy triste, porque estoy bastante sola, ya casi no veo a los que eran mis amigos. Mis tiempos libres son sólo para estar con vos, para que no te enojes si los comparto con otras actividades.
Quiero evitar a toda costa que estés de mal humor, por eso trato de atenderte y sostener mi atención hacia lo que necesitás o te pasa. Pero no lo logro, y cada vez menos.
A lo mejor mi tristeza te enfurece, pero mi tristeza tiene que ver también con vos, con las cosas que nos pasan. Me gustaría que la entendieras, y no que la cuestionaras. Me pedís una sonrisa, y que borre mi cara de culo. Pero no puedo ser feliz si no puedo ser yo misma, si la espontaneidad me está prohibida.
Vos estás siempre de mal humor, nada te cae bien. Cada vez te enojás más con todo. Te enojás con los políticos, con el que te atiende en el kiosco, con el que te cobra el peaje, con tu jefe. Si te enojás conmigo, me decís que es por culpa mía, que yo digo boludeces o que te pregunto bobadas. O si yo te hago el mismo tipo de bromas que vos me hacés a mí, te enfurecés. Entonces, mis silencios son cada vez más largos, lo que también te enoja. Parece el cuento de la buena pipa. Te enojan mis palabras y te enoja mi silencio. Te enoja mi tristeza y hacés cosas que no me ponen alegre.
Este castillo que me construiste me parece re bonito, y te lo re contra agradezco, pero no quería estar encerrada en la torre sólo esperando a cuando vos venías. Mientras lo construías, sí estaba feliz, porque me parecía que iba a ser nuestro templo. Apenas empecé a sentirme atrapada, me dí cuenta que también me gustaba cuando entraba y salía de mi choza, porque era yo, porque era libre, porque era feliz. Hacía diversas cosas con distintas personas, nada malo, sólo mates con amigas, cursos cada tanto, clases de algo. Ahora, si tengo un rato libre que disponga para otra cosa que no seas vos, sin decirlo directamente (eso es lo más grave) me lo cuestionás.
Tus tonos y tus ironías pretenden ser bromas, y nunca son dichas ni directamente ni mirando a los ojos. Jamás se puede charlar de estas cosas, porque como son “bromas” no existieron. Pero mi corazón lastimado rinde cuenta todos los días de su existencia. A lo sumo, decís “bueh, yo soy así, ya lo sabés, no me dés bola”.
Me comprás un chocolate, y si me lo como me decís “gordita”, y si no me lo como me decís “te lo traje para que lo comas”, o me decís que no era para comérmelo todo. ¿Qué hago? No quiero ni volverme loca ni tirártelo en la cara. Me gustaría disfrutar tus regalos, porque un regalo es para disfrutarlo como uno quiere. En ese caso, prefiero que no me des nada, absolutamente nada. Y esta es otra de las cosas que me preocupan: cada vez quiero menos cosas.
De la misma manera, dejás dinero en el castillo, y me decís que lo use si lo necesito. En general trato de no tocarlo, e insistís, diciéndome que soy una cabeza dura. Si tomo algo de ese dinero, te enojás, y me decís que reduzca gastos, que no puede ser!! Y cuando reduzco gastos, vos te aparecés como un papá Noel lleno de cosas, que me da vergüenza usar, para que no me tildes de derrochona.
Y si tomo algo de esos regalos de Papá Noel, me preguntás por qué se terminó tan rápido.
Si se rompe algo, lo arreglás, por tu propia decisión, pero protestando. Si te ofrezco ayuda o te pregunto algo de lo que estás arreglando, nos derribás a mí y a mis congéneres, diciendo: ”y…sos mina”. Las minas queremos aprender, ¿sabés? El día que alguien sepa todo y pueda todo, lo más probable es que se retire a vivir en medio del desierto, solo, sin compañía. Si no decidiste vivir ahí es porque deseás estar acompañado. Ahora explicame: ¿por qué desvalorizás y desa-creditás a quien elegiste para que te acompañe? A lo mejor para eso me necesitás: para darme cosas, luego repro-chármelas y mostrándome todo lo que no puedo sola, y que vos sí podés. Me horroriza pensar que esta es la verdad. No quiero ocupar ese lugar en tu vida.
Cada vez que te voy a ver se me oprime el pecho y el corazón me late más rápido, embargada de angustia. Pero me he preguntado, si lo que tengo es miedo. Decididamente, miedo no tengo, lo que me invade es la angustia. Angustia y tristeza, porque no lo puedo creer, porque hay cosas tuyas que son tan copadas, y porque al principio no era así. Deseaba nuestros encuen-tros.
No sé si querías minar mi autoestima, porque te cuento que no lo lograste, está intacta. El efecto de todo esto es la tristeza, un gran dolor, que me lleva a dejar de tener ganas de vivir. He pensado cientos de veces en suicidarme y la forma de hacerlo, pero descubrí que esas ideas se me ocurren sólo después de estar inmersa un rato largo en el cuento de la buena pipa. En realidad quiero vivir, confío en mis capacidades, y deseo luchar para tener una mejor calidad de vida.
Así como no se puede hablar con vos, porque no asumís tu violencia (me cuesta escribir esta palabra), y decís que la sensible soy yo, tampoco querés que te escriba. Así que probablemente jamás leas esta carta, a pesar de que todavía estamos a tiempo, porque todavía te quiero. Probablemente cuando tomes noticia de mi dolor, ya sea tarde, porque he pedido ayuda para dejarte preserván-dome de tus agresiones, me habré ido de tu vida para siempre.
Probablemente pensarás que será mi culpa no haber intentado dialogar con vos más veces, o imponerte mis cartas, o entenderte y aceptarte…pero una y cien veces fallidas son intentos suficientemente dolo-rosos.
Estaré sola, extrañaré las partes que todavía veo hermosas de tu persona, pero no estaré esperando dolorosamente la próxima descalificación.
Lo siento tanto, no sabés cuánto!!”
María
Terminé de leer y la miré a los ojos. Estaba llorando. Le alcancé pañuelitos y le dije: “sí, te puedo ayudar”.

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