Divulgación Científica

Arsénico en el agua, y las claves para una solución colectiva

Carolina Vespasiano y Nicolás Camargo Lescano (Agencia CTyS-UNLaM)

La Doctora en Química Marta Litter reflexiona sobre las acciones políticas que faltan para mitigar la presencia de este metal altamente tóxico en las aguas de consumo, un problema que afecta potencialmente a cuatro millones de personas en Argentina.

Hace más de un siglo que la presencia de arsénico en el agua se considera un grave problema sanitario a nivel mundial. Beber agua con este tóxico puede producir una enfermedad llamada HACRE (Hidroarcenicismo Crónico Regional Endémico), y sus consecuencias pueden ser letales.

¿Por qué ocurre esto? En una charla con Agencia CTyS-UNLaM, la Doctora en Química Marta Litter identifica los obstáculos y adelanta que el camino para lograr un agua segura debe ser “interdisciplinario desde el aspecto social, médico, sanitario y científico”, y que  requiere de “la participación de las autoridades nacionales y regionales”. 

Casi ninguna zona de Argentina está exenta de este metaloide. Desde la Puna, pasando por la llanura Chaco-Pampeana hasta la región patagónica, ríos y aguas subterráneas contienen arsénico en mayor o menor medida, con lo que alrededor de cuatro millones de personas podrían estar afectadas, especialmente quienes consumen agua de pozo por no contar con agua corriente de red.

Si bien hoy en día existe un abanico de alternativas para tratar el arsénico, nunca se ha logrado erradicar el problema a nivel nacional. De hecho, muchas de las regiones afectadas ni siquiera sospechan del veneno que corre por sus grifos.

Agua que has de beber, agua que has de conocer
La presencia de arsénico en el agua proviene de procesos de sedimentación naturales que comenzaron en la era Cuaternaria. Para avanzar hacia la aplicación de soluciones, Litter sostiene que el primer paso viene de la mano de geólogos e hidrogeólogos que mapeen el territorio completo y determinen las proporciones de arsénico en cada región.

En segundo lugar, es preciso determinar qué valores límite de arsénico pueden tomarse sin comprometer la salud a largo plazo. La OMS determina que el límite se fija en 10 microgramos por litro, pero hay algunas regiones que exceden cientos de veces ese valor en Argentina, alcanzando los 5300 microgramos por litro.

Según Litter, todavía hay discusión sobre este estándar internacional que plantea la OMS.
Algunos referentes académicos lo consideran muy bajo, porque, para medir el arsénico en esos valores, se requiere de tecnología y recursos humanos muy sofisticados.

En este contexto, Litter sugiere que debería fijarse un parámetro nacional, ajustado a las características de la población. Afortunadamente, ya hay estudios epidemiológicos locales en marcha intentando encontrar un valor óptimo que no produzca riesgos de desarrollar HACRE.

Un diálogo necesario
El tercer aspecto –y no menos importante- tiene que ver con la concientización sobre el problema. “Los principales afectados son las poblaciones aisladas o socioeconómicamente vulnerables que no acceden a información ni a soluciones a su alcance”, explica la experta, pero reconoce que “las autoridades también desconocen todo el trabajo que científicos y tecnólogos están haciendo en el país”.

En este sentido, Litter considera que la salida es la articulación a largo plazo, no sólo al interior de las ciencias humanas y naturales, sino entre ellas y el plano social y político.  Para ello, sugiere la conformación de un comité de expertos en el tratamiento de agua a nivel gubernamental (ejecutivo y/o legislativo), y la elaboración de una legislación federal que reglamente acciones políticas concretas.

La tecnología ya está disponible para cada caso en particular. Algunas de las alternativas de remediación son de bajo costo, como las nanopartículas de hierro, pensadas para uso doméstico y comunitario, y otras requieren de mayor infraestructura, como las plantas para remediación de agua instaladas en distintos lugares como Lezama, en Buenos Aires.

“El tema del arsénico tiene que ser una política de Estado”, sostiene la especialista, y reflexiona que, para llegar a ese punto, hay que alertar a la población desde las escuelas, y forjar el compromiso de los científicos, los políticos y las comunidades. ¿Desafío imposible? Lo parece, pero no tanto si el agua comienza a tomarse como lo que es: un derecho humano.

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Desarrollan un "papel bioactivo" que protege alimentos

Magalí de Diego (Agencia CTyS-UNLaM)

Investigadores del CONICET que desarrollan papeles bioactivos con propiedades antimicrobianas y antioxidantes obtuvieron el "Premio Arcor a la Innovación", entregado por la empresa y por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT).

Muchos son los problemas de conservación durante el almacenaje y transporte de los alimentos que día a día consumimos. Los protagonistas del ataque son, en la mayoría de los casos, microorganismos, -como mohos, levaduras y bacterias- que además de generar pérdidas de alimentos, pueden resultar nocivos para la salud humana.
Un grupo de investigadores del CONICET buscaron soluciones este problema y desarrollaron un envase de papel o cartón con propiedades bioactivas (antioxidante, antimicrobiana, insectífuga y/o insecticida) mediante el injerto de moléculas específicas de origen natural sobre la celulosa.
El proyecto “Desarrollo de papeles bioactivos para el envasado de alimentos” fue ganador de la edición 2017 del premio que entregan Arcor y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT), dotado de 150 mil pesos que se destinarán a la ejecución del mismo.
La Dra. Raquel Martini, investigadora adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Investigación y Desarrollo de Ingeniería de Procesos y Química Aplicada (IPQA, CONICET-UNC) consideró el premio como “un incentivo para seguir adelante y acercar el trabajo científico a la sociedad porque son proyectos que se relacionan con la vida cotidiana de la gente”.
“El objetivo es seguir ampliando y afianzando la línea de investigación de envases activos y otros proyectos relacionados”, explica la doctora Martini, especializada junto con su equipo, al desarrollo de materiales para optimizar la conservación de alimentos.
Otra conocida causa de importantes pérdidas de alimentos es debido a la infestación por plagas de insectos poscosecha que pueden atacar materias primas almacenadas y productos alimenticios semielaborados o finales debido a su capacidad de ingresar en los envases durante su distribución o almacenamiento, ejemplificó la investigadora.
También la oxidación de componentes alimenticios por acción del aire produce sabores rancios, compuestos tóxicos y pérdida de propiedades nutricionales.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) el envasado de alimentos forma parte de los factores que inciden en la pérdida de los mismos junto a la recolección, transporte, infraestructura o a los mecanismos de mercado, o de los precios, así como a los marcos institucionales y legales. Esto hace que hasta un tercio de todos los alimentos se estropee o desperdicie antes de ser consumido por las personas.

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Se amplía el debate en torno a la protección de los glaciares
Por el derrame de la minera Barrick Gold en San Juan

Carolina Vespasiano (Agencia CTyS-UNLaM)

La causa por el incumplimiento de la Ley Nacional de Glaciares generó un espacio de disputa tanto en el plano jurídico como en el científico y ético. En esta entrevista, el geólogo Lucas Ruiz se suma a la polémica rechazando los cuestionamientos al Inventario Nacional de Glaciares que hizo el instituto del cual depende (IANIGLIA).

Investigadores como la socióloga Maristella Svampa y la glacióloga Ana Paula Forte avalaron, en diálogo con esta agencia, el pronunciamiento judicial contra Ricardo Villalba y los ex funcionarios de la cartera de Medio Ambiente.
Frente a este panorama, el Doctor en Ciencias Geológicas e investigador de IANIGLIA, Lucas Ruiz, defiende, en esta entrevista, a Ricardo Villalba y adjudica la responsabilidad de los derrames a “la falta de control provincial sobre la minería”.
A su vez, justifica que la omisión en el registro de ciertos tipos de cuerpos de hielo y de ciertas formas geológicas del ambiente periglaciar está basada en que “no está científicamente probado que actúen como reserva de agua” e, incluso, interpreta que “el inventario no identifica el efecto o el impacto que tiene la minería”.
Según el juez Sebastián Casanello, la forma en la que se desarrolló el Inventario Nacional de Glaciares (ING) dejó expuestas áreas sensibles para el cuidado de las cuencas hídricas, como la cuenca del río Jáchal, en San Juan, contaminadas en varias oportunidades por la empresa canadiense Barrick Gold. A continuación, la respuesta del científico.

¿Qué reflexiones despertaron los argumentos a favor del fallo?
Entendemos que es útil la discusión sobre para qué se hace ciencia y cuáles son las consecuencias de hacer ciencia para la sociedad. Trabajamos en el armado del inventario desde el inicio, y siempre lo hemos pensado como una herramienta para la sociedad, más allá de las cuestiones científicas o de nuestras incumbencias. Lo que vemos es que la situación por la cual se llega al cuestionamiento del inventario es absurda. Nosotros no decimos que el inventario no es perfectible. Pensamos que, una vez publicado, habría que seguir mejorándolo, y se puede debatir cuál es la mejor forma de mejorarlo, pero es absurdo pensar que Ricardo (Villalba), por ser el director del Instituto, o nosotros, por realizar el inventario, tenemos responsabilidad por lo que hace una empresa minera en la provincia de San Juan.
La glacióloga Ana Paula Forte, testigo en la causa, sostiene que no hay un basamento científico para no estimar a los geoformas menores de una hectárea como recurso hídrico.
Ana Paula (Forte) no pone en contexto el trabajo del inventario. Los glaciares pequeños son los que tienen menos de un kilómetro cuadrado (100 hectáreas). Los glaciares de San Juan son glaciares desérticos, que también se encuentran en La Rioja, Catamarca, Salta, Jujuy y en algunos lugares de Bolivia. Cuando hablamos de glaciares muy pequeños, no hablamos de glaciares menores de una hectárea. Pueden existir otras geoformas glaciares menores de una hectárea, pero glaciares propiamente dichos, que son cuerpos de hielo formados por la cristalización de la nieve, no. Cuando se dice que “el inventario no involucra glaciares menores de una hectárea” se está simplificando la discusión. El inventario tiene un umbral que es cien veces menor de lo que consideramos glaciares muy pequeños (1 km2). Cuando nos acercamos a este umbral de área mínima es difícil diferenciar qué es un cuerpo de hielo perenne de lo que no lo es, qué es un manchón de hielo que dura más de dos años de lo que es un manchón de nieve estacional. Hay que analizar varias imágenes de años diferentes y que hayan sido tomadas en momentos del año diferentes para ver realmente si ese manchón de nieve perdura al final del verano o no.
También se cuestiona la omisión de geoformas como los protalus lobes y el permafrost (suelo congelado).
En el fallo del juez también se habla de geoformas periglaciares que no entraron en el inventario, pero tiene que estar comprobado científicamente que eso tiene hielo para considerarlo reserva. Si uno empieza a incluir elementos del paisaje que no tienen ese rol de reserva de agua, el inventario y la Ley de Glaciares se desdibuja. Es por eso que los lóbulos de solifluxión, las morenas o los deslizamientos no están en el inventario. Hasta que no esté comprobado científicamente que algo es una reserva de agua, no puede estar protegido por la ley. Está demostrado que los glaciares de escombro sí tienen hielo. En cambio, los glaciares de escombro fósiles, que Ana Paula mapea y que el juez cuestiona que son cuerpos afectados por la minera y que no han sido inventariados, por definición no tienen hielo.

Entonces, ¿vamos a poner como una reserva a proteger por una Ley de Glaciares que está pensando en el agua del futuro algo que dejó de tener hielo hace 15 mil años?
Hay investigaciones, como las del Doctor Juan Pablo Milana, que ponen de relieve la importancia hídrica del ambiente y las geoformas periglaciares en los Andes Desérticos.
Siempre va a aportar más agua un glaciar descubierto que uno cubierto, y ni hablar que uno de escombros. Básicamente porque el glaciar descubierto tiene hielo en superficie, y ese hielo es propenso a derretirse y aportar agua. Entonces, en los Andes desérticos, uno puede tener una gran superficie de permafrost, una gran porción de suelo que está por debajo de los 0°C, pero, al haber poca humedad, son muy pocos los glaciares de escombros que se pueden formar. Todo lo que sea reserva de agua en los Andes Desérticos está reducido. No hay cuerpos más pequeños que los glaciares de escombros, como los protalus lobes, que tengan hielo comprobado. Dentro de cien, de mil años, puede ser que aporten, pero el aporte que hacen hoy en día es cero. No hay evidencia de que el hielo que está guardado en el permafrost sea un recurso hídrico actual. Suponemos que los glaciares de escombros van a ser importantes en el futuro, cuando los glaciares descubiertos dejen de existir. En ese momento vamos a comenzar a utilizar esa agua porque la temperatura de nuestra región va a aumentar y el permafrost va a dejar de estar por debajo de 0°C todo el tiempo. Pero eso no es lo que protege la ley de glaciares y en ese sentido, es muy clara: en el inventario tienen que estar todas las geoformas glaciares y periglaciares que actúen como reserva de agua.
La exploración y explotación minera en zona de glaciares está prohibida por ley (Ley 26.639/ Art. N°6). La mera constatación de la existencia de glaciares debería haber supuesto el cese de la actividad.
Para saber si una actividad puede o no impactar, primero tenemos que analizar dónde se desarrolla esa actividad, qué tipo de actividad se desarrolla y, a partir de ahí, ver cuál es el impacto que puede tener. Cuando se hace un inventario, se identifican los cuerpos que hay y se miden un montón de parámetros asociados a ese cuerpo para caracterizarlos de la mejor manera, pero un inventario no identifica el efecto o el impacto que tiene la minería. El inventario en la zona de Veladero tiene identificados más de 35 cuerpos de hielo entre glaciares de escombro muy pequeños, manchones de nieve y glaciares descubiertos, todos mayores de una hectárea. Esto sirve para que, en los casos donde haya minería en zona glaciar, se demuestre que no está afectando.

¿Por qué el inventario no comenzó por las zonas prioritarias?
Nadie nunca dijo dónde se están desarrollando los proyectos mineros en la Argentina. Las zonas prioritarias no estuvieron definidas hasta varios años después de la sanción de la ley. La secretaría de Minería de San Juan es la única que tiene publicada información de donde están ubicados los proyectos mineros. En el 2014, el ING identificó glaciares en esa región, pero salió publicado en el 2017 por cuestiones que tienen que ver con el organismo de aplicación de la ley, la ex secretaria de Medio Ambiente que hoy es el Ministerio de Medio Ambiente. Los científicos no podemos ser los que protejamos los glaciares porque no tenemos facultad de hacer cumplir la ley. La aplicación de la ley pasa por las provincias y por el Ministerio de Medio Ambiente, a ellos son los que como sociedad tenemos que reclamarles que cumplan la ley. Deberían informar cuando hay un derrame y no lo informan, o lo informan una semana después de que ocurre porque se filtró la noticia. Ese es el problema de fondo: la falta de control provincial sobre la minería. En la provincia de San Juan hay 1900 km cuadrados identificados como proyectos mineros. En esa superficie, hay más de 668 glaciares. Todo eso está en la página web, de esa información deberíamos estar discutiendo.

¿Cuál es el rol que les cabe a los científicos en este contexto?
Los científicos tenemos el rol de aportar información para la toma de decisiones, no tenemos la posibilidad de tomar esas decisiones. El inventario nacional de glaciares es público para todo el mundo, no hay ninguna restricción a la información del inventario. Cada vez que a nosotros nos llega una consulta, tratamos de dar una respuesta. Tratamos de entregar la información que cumpla con los estándares científicos, pero no tenemos injerencia en el desarrollo o no de la industria minera o de cualquier industria en la Argentina.

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Impacto de la Megaminería en los glaciares andinos

Carolina Vespasiano (Agencia CTyS-UNLaM)

La glacióloga Ana Paula Forte analizó los cambios en el paisaje cordillerano de San Juan con el desarrollo de la actividad minera. El estudio aportó pruebas claves en la causa que investiga el incumplimiento de la Ley Nacional de Glaciares.
Tres investigadores de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) realizaron un estudio comparativo de imágenes aéreas para conocer los cambios producidos en el ambiente de los Andes desérticos en los últimos 17 años.
El principal objetivo de la investigación fue dimensionar el impacto de las minas Veladero y Pascua Lama, ubicadas al noroeste de la provincia de San Juan, sobre los glaciares y diversas geoformas del ambiente glacial y periglacial de esas latitudes. La glacióloga Ana Paula Forte, integrante del equipo, dialogó con Agencia CTyS-UNLaM sobre los resultados.
“El impacto –señaló Forte- es pronunciado. Los glaciares y manchones de nieve han sufrido importantes retrocesos durante los últimos 17 años, de tal manera que un significativo número de manchones de nieve permanente han desaparecido. Mientras que el ambiente periglacial, por estar más ampliamente desarrollado en la zona, ha sufrido la mayor cantidad de afectaciones.”
Según la investigadora, la minería ha intervenido claramente en el ambiente glacial y periglacial, afectando parte de las nacientes de uno de los dos principales recursos hidrológicos que es el río Jáchal. En esa línea, sostiene que la sola instalación de las minas ya implicó cambios en los cursos hídricos de la región, y que ese impacto no ha sido evaluado por un estudio serio tanto en los caudales como en la hidroquímica del agua.
A través de imágenes satelitales, los investigadores observaron distintas intervenciones sobre el ambiente glaciar y periglaciar a partir de la instalación y desarrollo de la actividad extractiva. En primer lugar, registraron que el proyecto minero está ubicado sobre una zona donde se desarrolla permafrost, es decir, sobre un suelo que permanece por debajo de 0°c por dos años consecutivos.
Por otro lado, constataron que la zona donde se ha realizado la extracción de mineral (open pit) se encuentra sobre áreas donde previamente existían procesos físicos característicos del ambiente glaciar y periglacial; que las escombreras (enormes masas de material estéril) se ubican sobre laderas con procesos de solifluxión, y que los caminos de tierra para el paso de camiones intervinieron geoformas glaciales y periglaciales.
Los integrantes del equipo y becarios de CONICET, Cristian Villarroel, Flavia Tejada y Ana Paula Forte, realizaron el estudio de forma independiente y en diálogo con la Asamblea Jáchal No Se Toca, que denuncia desde hace años el desarrollo de la minería a cielo abierto en una región donde se despliega un ambiente de tipo glacial y periglacial, y que, además, se encuentra en las nacientes de la cuenca del río Jáchal, que es el curso hídrico más importante para las poblaciones del norte de la provincia de San Juan.
Recientemente, el estudio aportó datos para la causa que investiga el incumplimiento de la Ley 26.639 de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial por parte de ex funcionarios del Estado, entre ellos, el investigador de CONICET y ex director del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLIA), Ricardo Villalba.
El investigador fue procesado por no haber cumplido en tiempo y forma con el Inventario Nacional de Glaciares, instrumento indispensable para conocer los cuerpos de agua a proteger, que tendría que haber sido presentado en marzo de 2011 para aquellas zonas consideradas “prioritarias”, pero que, cuando ocurrió el primer derrame de cianuro de la empresa Barrick Gold, en septiembre de 2015, todavía no se había terminado.
La metodología del registro de geoformas también despertó la polémica por haber excluido a los glaciares de menos de una hectárea y a las geoformas características del ambiente periglaciar. Sin embargo, el Doctor Villalba argumentó que se basó en estándares internacionales de mapeo de glaciares, y que las pequeñas geoformas no se comportan como reservas hídricas relevantes.
Al respecto, Forte menciona: “El hecho de que los glaciares de menos de una hectárea no puedan ser estimados como reservas hídricas no tiene ningún sustento científico. Hay muchas geoformas pequeñas y dudo que no tengan un aporte hidrológico. En efecto, he visto trabajos que demuestran su importancia en otras partes del mundo. Vale la pena realizar un trabajo así acá también”.
La glacióloga explica que, en la región en disputa, se despliegan los Andes Desérticos, partes de la cordillera sometidas a alta radiación solar, escasas precipitaciones y extrema aridez. Aquí, los glaciares se caracterizan por ser fríos, secos y pequeños, las bajas temperaturas hacen que el movimiento del hielo sea lento y que se encuentren expuestos durante prolongados periodos de tiempo a intensas radiaciones solares. Estas geoformas cumplen la función de reservorio para las dos cuencas hídricas que nacen allí: Jáchal y San Juan.
Los estándares internacionales a los que refiere Villalba, como el empleado por el proyecto GLIMS (Global Land Ice Measurements from Space), tienen como objetivo medir el impacto del cambio climático a escala global en grandes masas de hielo. Según Forte, estos patrones debieran discutirse en escenarios locales como San Juan, en los que cada cuerpo de agua cobra relevancia.
En este contexto, la exclusión de este tipo de geoformas resulta incongruente con los fines de la ley. “En lugares como la Patagonia y los Alpes –ejemplifica Forte- se aplican metodologías de inventario en los que se registran glaciares mayores a una hectárea, allí es razonable porque se trata de ambientes húmedos con glaciares enormes. En cambio, los ambientes áridos se caracterizan por tener muchas geoformas menores y un mayor desarrollo de ambiente periglacial”.
Si bien Forte indica que el trabajo que realizó IANIGLA es muy valioso como puntapié, ya que se trata del primer inventario de glaciares y geoformas periglaciales que se realiza en muchas regiones del país, expresa que la ley de presupuestos mínimos no puede limitar su aplicación a lo registrado hasta ahora, cuando todas las geoformas del ambiente glacial y periglacial deberían ser incluidas, sin importar sus dimensiones.
En ese sentido, reflexiona: “Estoy segura de que las cosas hubieran sido diferentes si no se hubiese concentrado toda la labor en un solo grupo de trabajo, ya que cada ambiente es particular; no es lo mismo el ambiente cordillerano en el noroeste argentino (Andes Desérticos), que la región de Cuyo (Andes Centrales) o los Andes húmedos patagónicos. Cada ambiente tiene sus propias geoformas y cada población sus prioridades, creo que ese era el espíritu de la ley”.
El fallo del juez Casanello sostiene que, de haberse cumplido la Ley, los sucesivos derrames de cianuro podrían haberse evitado, al igual que la actividad extractiva en esa región. En esta línea, Forte considera que el mayor limitante radica en la presión de los intereses económicos sobre organismos de control y aplicación de las leyes, y en la falta de diálogo con las comunidades y sus necesidades.

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Primer Páncreas Artificial de Latinoamérica

ITBA, UNLP y UNQ

Nicolás Camargo Lescano (Agencia CTyS-UNLaM)

La clave de la innovación es un algoritmo, desarrollado en Argentina, que regula el nivel de glucemia en sangre para pacientes con diabetes tipo uno. Ya fue probado con éxito en pacientes en el Hospital Italiano.
En un claro ejemplo de ciencia básica aplicada a la salud, y también de trabajo interdisciplinario, investigadores argentinos presentaron el primer páncreas artificial de América Latina. La clave de la innovación es el algoritmo ARG (Automatic Regulation of Glucose), desarrollado íntegramente en Argentina, que permite regular el nivel de glucemia en la sangre de pacientes con diabetes tipo uno.
“Lo que más me entusiasma de este proyecto es ver cómo les cambia la vida a las personas- resalta el Dr. Ing. Ricardo Sánchez Peña, director del proyecto-Este algoritmo no solamente regula los niveles de glucosa sino que además les da independencia y autonomía, de forma tal que el paciente no tenga que estar permanentemente pensando en cuánto nivele de azúcar consume”.
El algoritmo fue desarrollado por investigadores del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), de donde Sánchez Peña es director, la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).
Dicho algoritmo, que puede ser alojado en un celular, va conectado a una bomba de insulina y un monitor de glucosa. Estas dos últimas partes ya estaban en el mercado.
“La comunicación entre el celular que contiene el algoritmo y la bomba de insulina y el monitor de glucosa se hace a través del sistema bluetooth, por lo que se necesitan protocolos de comunicación”, explica Sánchez Peña, que además es investigador principal del CONICET.
“Ya hicimos un convenio con una empresa que fabrica monitores de glucosa, que nos van a facilitar esos protocolos, y faltaría entonces encontrar alguna empresa que fabrique bombas de insulina que nos proporcione lo mismo”, agrega.

Las pruebas clínicas
Los primeros ensayos en pacientes se habían hecho en noviembre de 2016, pero con un algoritmo de la Universidad de Virginia (Estados Unidos), que ya había sido probado anteriormente.
Durante junio de este año, además, se hicieron pruebas clínicas en cinco pacientes argentinos, ya con el algoritmo ARG, que estuvieron internados 36 horas en el Hospital Italiano. Los médicos de este hospital se habían sumado al equipo de investigación en 2014.
“Son las primeras pruebas clínicas que se han hecho en América Latina; hasta ahora no ha habido pruebas de este tipo muy recientes, excepto en Estados Unidos, Europa e Israel”, aclara Sánchez Peña.
Desde el punto de vista clínico, el investigador explica que, además de necesitar mayor financiación, se deberán hacer más pruebas en pacientes y de forma ambulatoria, “personas que no estén en un ambiente hospitalario sino en sus casas”.
Sánchez Peña, quien hasta 2009 trabajó en España en el área espacial, había decidido mudar sus líneas de investigación al campo de la medicina y la biología. “Uno de mis colegas tenía un nieto con diabetes tipo 1. Empecé a interiorizarme de la enfermedad y me pareció que era una buena línea de investigación”, relata.
El investigador también ponderó el vínculo entre las distintas disciplinas que participaron y, especialmente, con los pacientes. “Uno, como ingeniero, interactúa poco con otros seres humanos; trabaja más con dispositivos, satélites, cohetes y aviones. La interacción con pacientes es muy enriquecedora porque ahí uno ve los frutos de lo que está haciendo”, concluye.

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El talón de Aquiles de las superbacterias

Un equipo de investigadores del CONICET descubrió que distintas especies de bacterias resistentes utilizan un mismo “modus operandi” para degradar antibióticos de última generación. Esperan que el hallazgo permita el desarrollo de fármacos que puedan suministrarse en combinación con carbapenemes.

Carolina Vespasiano (Agencia CTyS-UNLaM) – La Organización Mundial de la Salud prendió la alarma: para 2050, se prevé que la mayor causa de muerte a nivel mundial sean las bacterias multirre-sistentes: microorganismos capaces de degradar a distintos tipos de antibióticos, con diversos blancos de acción.
Un equipo del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR-CONICET), dirigido por el Dr. Alejandro Vila, se hizo eco de este desafío contrarreloj y se propuso estudiar los mecanismos de resistencia a los carbapenemes, la clase de antibióticos β-lactámicos que actualmente se usa como último recurso para el tratamiento de infecciones causadas por “superbacterias”. ¿La misión? Desarrollar compuestos más eficaces frente a distintas especies bacterianas.
El problema es que algunas “superbacterias” ya han adquirido resistencia a los carbapenemes. Las bacterias resistentes a compuestos β-lactámicos producen una proteína, la beta-lactamasa, que destruye el antibiótico, degradándolo.
Dentro de estas proteínas hay distintas clases de enzimas, entre ellas, las metalo-beta-lactamasas (MBLs), capaces de destruir a los carbapenemes y para las que todavía no existen inhibidores que se puedan usar clínicamente.
Como las MBLs tienen muchas variantes, se creía que un único compuesto no podría bloquearlas a todas.
Luego de ocho años de estudio, los investigadores encontraron la clave: descubrieron que todas poseen un mismo mecanismo químico, un idéntico “modus operandi”, para degradar al antibiótico.
“Con este hallazgo creemos que, si un paciente se infecta con una bacteria que contiene estas enzimas, no se necesitaría determinar a priori con cuáles de ellas cuenta: una única combinación de antibiótico inhibidor podría tratar a todas”, explica la Doctora Leticia Llarrull, co-directora del equipo, a Agencia CTyS-UNLaM.
El estudio
Los investigadores se valieron de una combinación de técnicas de biotecnología, bioquímica, química computacional y biofísica para observar cómo es la reacción química que se produce cuando el antibiótico se enfrenta con la proteína MBL y es procesado por ella. “Lo que identificamos es un punto intermedio, en el interior de la proteína, entre que el antibiótico está en su forma intacta y pasa a estar en su forma hidrolizada (destruida)”, precisa la experta.
Para detectar ese intermediario, mezclaron el antibiótico con la enzima en solo dos milisegundos, a temperaturas muy bajas para desacelerar la reacción e irradiaron la mezcla con luz visible y con rayos X para observar lo que ocurría dentro de la proteína.
Este conocimiento de cómo es el mecanismo químico empleado por las MBLs para destruir a los carbapenemes es el punto de partida para diseñar racionalmente compuestos que puedan bloquear la acción de estas enzimas. El objetivo es atacar específicamente los mecanismos de reacción de estas enzimas, volviendo a las superbacterias nuevamente susceptibles a carbapenemes.
De hecho, el grupo ya está trabajando, en conjunto con investigadores de Uruguay, Estados Unidos e Inglaterra, en el mejoramiento de una primera familia de compuestos inhibidores de estas enzimas, de potencia moderada, mediante modificaciones químicas, para volverlos más potentes y poder así en un futuro, si se prueba su eficacia y seguridad, reducir las dosis necesarias para tratar las infecciones.
Una batalla colectiva
Según Llarrull, reducir los riesgos por las superbacterias no solo depende de la investigación y de la industria farmacéutica. La revisión de las prácticas de sanidad en los hospitales, el desarrollo y empleo de técnicas rápidas de identificación de bacterias y del tipo de resistencia, y la prescripción correcta de tratamientos con antibióticos, así como la toma del antibiótico completando el tiempo indicado (aun cuando los síntomas hayan desaparecido), son factores clave para evitar la proliferación de resistencias.
“Es necesario buscar métodos de diagnóstico más eficaces para detectar rápidamente con qué bacteria se está enfrentando cada paciente”, sostiene y explica que, cuando no se realiza un antibiograma antes de suministrar un antibiótico y se indica un antibiótico de amplio espectro para una infección que se puede tratar con compuestos más antiguos, como la penicilina, se corre el riesgo de que, en ese paciente, otras bacterias puedan adquirir resistencia a la droga más potente, que debería reservarse como último recurso.
La experta resaltó la importancia de fomentar inversiones en este tipo de investigaciones porque es una problemática grave que compromete el futuro y requiere de prontas respuestas. En este caso, nuevos fármacos más especializados.
El equipo se completa con la Dra. María Natalia Lisa, la Lic. Antonela Palacios, Mariano González (quienes desarrollaron su trabajo de tesis doctoral en el IBR), Diego Moreno (Instituto de Química de Rosario, IQUIR), en colaboración con científicos de Estados Unidos y Reino Unido.

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Las bondades de la papa

Un equipo de CONICET de Mar del Plata analiza las características de este alimento como antioxidante y su posible aplicación como agente preventivo en enfermedades como la Hepatitis B y el mal de Alzheimer.

Desde su descubrimiento como alimento silvestre en tiempos del Neolítico, hasta su conquista como base de la dieta de miles de millones de habitantes en distintos rincones del mundo, la papa se sabe valiosa.
Se trata de un alimento que no solo cuenta con una alta concentración de almidón, vitaminas, minerales y fibra, sino que también posee un notable valor energético por su alto nivel de carbohidratos y, en menor medida, de proteínas.
Pero lo más destacable es su cualidad de alimento funcional, ya que contiene elementos de tipo antioxidante, antimuta-génico, antimicrobiano, antineurodegenerativo y anticancerígeno, que la con-vierten en una gran aliada a la hora de prevenir enfermedades.
Estas cualidades llevaron a un equipo de investigadores del CONICET, liderados por la doctora en Ciencias Biológicas Adriana Andreu, a evaluar su potencial terapéutico a partir del estudio de sus polifenoles, compuestos antioxidantes – como el ácido clorogénico, flavanoles y antocianinas- presentes en las papas comerciales y andinas.
“Estamos enfocados en estudiar la capacidad que tienen estos compuestos de ser citotóxicos, es decir, de inactivar a las células malignas, y en determinar cuáles son sus diferentes mecanismo de acción”, explica la doctora Andreu, en diálogo con Agencia CTyS-UNLaM.
En sus estudios en fase de laboratorio, realizados con cultivos celulares in vitro, detectaron que estos polifenoles tienen actividad antimicrobiana sobre bacterias Escherichia coli de interés sanitario, resultan antitumorales en células de hepato-carcinoma y neuro-blastoma humano, y tienen actividad neuroprotectora sobre células humanas modelo de la enfermedad de Alzheimer. Además, estudios preliminares indican que podrían tener actividad antiviral en hepatitis B.
El poder de prevenir
Muchas enfermedades tienen como antecedente en común lo que se conoce como estrés oxidativo. La ya conocida recomendación de hacer ejercicio o de tomar una copa de vino por día tiene que ver con prevenir esta suerte de antesala de la patología a través de la producción de antioxidantes.
Los antioxidantes retardan el daño molecular generado por los radicales libres, también denominados Especies de Reactivas de Oxígeno (ROS), que se caracterizan por llevar un electrón “desapareado”. La tarea de los antioxidantes es precisamente neutralizar esas moléculas y, así, prevenir la oxidación.
“Nuestro organismo –apunta la especialista- tiene la capacidad de anular estas ROS, pero ocurre que, muchas veces, la cantidad de radicales libres que se generan excede a la capacidad de contra-rrestarlas naturalmente”.
Es aquí que tener una dieta rica en sustancias antioxidantes – y, entre ellas, los polifenoles- tiene un efecto beneficioso, ya que se puede prevenir, en parte, una enfermedad que se desencadene por el estrés.
En busca de la mejor alternativa
El Centro Internacional de la Papa indica que se trata del tercer cultivo alimenticio más importante del mundo en términos de consumo humano, después del arroz y del trigo.
El hecho de que su producción implique bajos costos y esté más presente en las dietas que otros alimentos, tales como el brócoli o la espinaca, que tienen una carga mayor de antioxidantes a comparación de la papa, es lo que motoriza a evaluar las capacidades preventivas de sus compuestos.
Sin embargo, las papas andinas y las comerciales presentan diferencias entre sí. “El mejoramiento de la papa se abocó a los genes que fueron de interés económico, porque se necesitaba una papa más resistente a los virus, hongos y bacterias que atacaran los cultivos”, explica Andreu, pero aclara que, en el proceso, se perdieron genes ligados a la calidad nutracéutica.
Es así que la papa originaria de Andes conserva una mayor cantidad de polifenoles y una mejor actividad de estas sustancias, con una mayor proporción en la cáscara que en la pulpa de este tubérculo.
La matriz (cáscara o pulpa) y el tratamiento que se les dé a las papas también es una variable a tener en cuenta. Ya sean crudas, hervidas, fritas o rústicas, la forma en que se consuman puede incidir en la manera en que los polifenoles se disponen para ser asimilados por el organismo y cumplir su misión de forma más o menos eficiente según el caso.
De igual modo, se debe evaluar cuál será la matriz adecuada para que estas sustancias lleguen a destino intactas para cumplir su misión terapéutica, por ejemplo, en las células neuronales afectadas por cáncer o Alzheimer.

Actualmente, el equipo encabezado por Andreu trabaja junto al grupo de Materiales Compuestos Termoplásticos (CoMP) de INTEMA (CONICET-UNMdP), dirigido por la Dra. Vera Álvarez, en el micro/nanoencapsulado de los polifenoles en biopolímeros.
Este proceso, que aún se encuentra en fase de laboratorio, protegería a los antioxidantes de la degradación en el organismo, dándoles mayor estabilidad en una matriz viable y, en consecuencia, mayor biodisponibilidad.
“La idea –concluye Andreu- es contribuir no solo a aislar y encapsular estos compuestos para que puedan ser aprovechados como suplemento dietario, sino también, y a través de estudios de la vía de síntesis de los polifenoles en el tubérculo, aportar al mejoramiento de la papa comercial, para que vuelva a ser tan nutritiva como fue en sus orígenes.”

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Problemas en el Ministerio de Ciencia

Decenas de científicos ingresaron al MINCYT tras una reunión entre funcionarios y becarios que, una vez más, concluyó en la dilación del conflicto e incertidumbre acerca de la estabilidad y la calidad de los puestos de trabajo de los 410 investigadores afectados.

(Agencia CTyS-UNLaM) Tras una reunión a la que calificaron como “un gran retroceso”, los becarios desplazados del CONICET realizaron, desde el mediodía, una toma pacífica en el hall del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT) para reclamar por el cumplimiento efectivo del Acta-Acuerdo firmada en diciembre de 2016.
Los científicos denunciaron que, hace algunos días, el Ministerio publicó en el Boletín Oficial el convenio firmado con las universidades nacionales para la reincorporación de los 410 becarios sin haber corregido los puntos que, tal como habían señalado los becarios en una instancia anterior, vulneraban las condiciones consen-suadas nueve meses atrás.
“Durante la reunión pasada, nosotros presentamos una grilla que explicaba cómo el convenio violaba todos estos puntos del Acta-Acuerdo: la estabilidad, el salario, la posibilidad de continuar con nuestros equipos de trabajo y la posibilidad de quedarnos en nuestros lugares de origen. Frente a eso, presentamos una propuesta para que se puedan cumplir todos estos ítems, pero no recibimos respuesta alguna”, apuntó Florencia Arancibia, de la Red de Afectados, al comienzo de la toma.
A su vez, Laura Romano, representante de Becarios Empoderados, contó a Agencia CTyS-UNLaM que los investigadores acce-dieron a un modelo de contrato para quienes se incorporarían a las universidades, que determina, en su artículo n°10, la finalización del contrato en caso de que se corte el financiamiento. “El problema ahora es que ni siquiera los dos años de interinato están garantizados”, explicó.
Ante el pedido de eliminación de ese artículo, los funcionarios respondieron que los cambios corresponden a la Secretaría de Política Universitaria (SPU), cuyos directivos se encontraban ausentes, al igual que el ministro Lino Barañao.
Como el convenio ya fue aprobado y publicado de forma unilateral, los becarios presentaron una serie de adendas que versan sobre el salario y las condiciones básicas requeridas para la estabilidad de los cargos. Ninguna de estas propuestas fue aceptada por los funcionarios durante la reunión, cuestión que motivó a los becarios a realizar la toma.

Los reclamos
En materia de estabilidad, la primer adenda establecía que los cargos docentes que una gran parte de los becarios afectados tiene en la actualidad puedan ser mantenidos más allá de la propuesta de incorporación del Ministerio.
A su vez, reclamaba el financiamiento, por parte del Estado, de los cargos hasta que estos se efectivicen.
En esa línea, el documento determinaba que “si se produjese alguna alteración en el contrato firmado por las UUNN, incluyendo su rescisión o desfinan-ciamiento, los docentes investigadores afectados por el mismo serán absorbidos por el CONICET”.
Por otra parte, una segunda adenda instaba a las universidades a desplegar los meca-nismos necesarios para que los docentes-investigadores regula-ricen su cargo de dedicación exclusiva. En lo que respecta al salario, el documento exigía un monto no menor al de un docente Jefe de Trabajos Prácticos o adjunto con dedicación exclusiva y siete años de antigüedad.
“Ellos quieren que cada uno de los afectados negocie uno a uno con la universidad cuáles van a ser sus condiciones. Es decir, se trata de un panorama de negociación individual que nosotros rechazamos de plano. Lo que se está ofreciendo no asegura las mismas condiciones laborales que hubiesen tenido los investigadores de haber ingresado a CONICET”, resumió Romano.
Por su parte, Arancibia expresó: “Sabemos que este es un reclamo contra el desmantelamiento del CONICET que empezó en diciembre del año pasado. Estamos luchando por 500 compañeros y también por 500 líneas de investigación que se estarían quedando truncas. Por eso, hoy convocamos a esta asamblea como Encuentro Nacional en Defensa de la Ciencia y, en eso, es que estamos todos juntos”.
Al cierre de esta nota, Alan Szalai, integrante de Jóvenes Científicos Precarizados, contó a Agencia CTyS-UNLaM que no hubo comunicación con los funcionarios del Ministerio durante la tarde y que se resolvió continuar la toma hasta el miércoles a la mañana. Luego, se realizará una conferencia de prensa.

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Hallazgo inédito en neurociencias

Un equipo de la UBA y del Conicet descubrió que generan pulsos eléctricos y producen reacciones químicas en la sinapsis. Una puerta abierta contra el Parkinson y la esclerosis múltiple.
Carolina Vespasiano (Agencia CTyS-UNLaM) – Adrenalina, dopamina y serotonina son algunos de los términos conocidos que surgen cuando se habla de un cerebro en acción. Estás moléculas, capaces de influir en procesos de aprendizaje, concentración y estados de ánimo, son las encargadas de la neurotransmisión, es decir, la comunicación entre células neuronales.
En este proceso, conocido como sinapsis, los protones siempre estuvieron presentes. Hasta hace no mucho tiempo, se creía que su función era ayudar a los neurotransmisores clásicos a acumularse en vesículas para ser liberados y emprender su función de llevar información a otra neurona. Ahora, una investigación hecha en Argentina echó luz sobre la verdadera naturaleza de estas partículas.
Un grupo de científicos de la UBA y el CONICET descubrió que los protones son mucho más que simples acompañantes. Según un estudio publicado en “The Journal of Neuroscience”, estas partículas subatómicas también generan pulsos eléctricos (en cantidades inferiores a los neurotransmisores comunes) y también inducen generan cambios químicos en las neuronas que los reciben. Específicamente, en aquellas relacionadas a enfermedades neurode-generativas.
“Lo que fundamentalmente se pone al descubierto es que hay otros mecanismos de comunicación que no estaban siendo consi-derados, que no se sabía que existían”, expresa el investigador del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (IFIBYNE-UBA-CONI-CET), Dr. Osvaldo Uchitel, y plantea que la información que trasmite el protón puede ser cualitativamente diferente a la de un neurotransmisor.
El estudio
Para conocer la funcionalidad de los protones, los investigadores basaron su estudio sobre una sinapsis “gigante” (500 veces más grande que las demás) que se encuentra en el sistema auditivo del ratón y se denomina “cáliz de Held”. En este tipo de sinapsis, la neurona estimulada expulsa cientos de paquetes o vesículas con el neurotransmisor glutamato acompañado de protones, que se reciben en la neurona siguiente.
El equipo bloqueó los receptores del glutamato y encontró que los protones activaron unos canales llamados Acid Sensing Ion Channels (ASIC) en la neurona receptora, que permiten el ingreso de moléculas de calcio en esa célula. Es decir, se comprobó que los protones también cumplen la función de neurotransmisores y pueden llevar a cabo la comunicación neuronal por sus propios medios.
Este descubrimiento abre las puertas a nuevas líneas de investigación en materia de enfermedades neurodegenerativas, ya que el aumento de la cantidad de canales ASIC está directamente relacionado a ellas. En este nuevo camino, las cualidades del protón ya no serán las protagonistas, sino la molécula que lo recibe y que actúa en función de él.
“El protón —sostiene el Dr. Uchitel— actúa sobre una proteína que interviene significativamente en las enfermedades neurodegenerativas y en cualquier proceso inflamatorio. Por lo tanto, saber que cumplen una función en la neurotransmisión los hace blanco para estudios y posibles tratamientos”.
De ahí que el estudio llevará a los investigadores a otras preguntas en relación al proceso en que las células le ofrecen más receptores al protón, sobre todo, aquellos receptores que se expresan en situaciones como la de un tejido cerebral que sufre una actividad anormal como en la epilepsia o una falta de oxigenación como ocurre en los infartos cerebrales.
“El objetivo es estudiar cuándo se expresan más los canales sensibles a los protones y cómo los procesa la célula porque, entendiendo que la presencia de los protones es importante, en fenómenos como isquemia cerebral o la esclerosis múltiple en las que hay más receptores disponibles a estas partículas, el efecto de los protones es mucho mayor que en condiciones fisiológicas normales” adelanta y concluye Uchitel.
El equipo se completa con los doctores Carlota González Inchauspe, Francisco Urbano y Mariano Di Guilmi, investigadores del CONICET y de la UBA.

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Argentinos descubren el registro de vida más antiguo de Sudamérica

Geólogos del CONICET hallaron en una cantera de Olavarría una forma de vida de hace 560 millones de años. La primera investigación se había realizado hace más de una década y son impresiones fósiles de especies antecesoras a la fauna actual.
Hace quince años, un joven geólogo terminaba su tesis de grado en Olavarría y se trasladaba a la ciudad inglesa de Liverpool para seguir profundizando sus estudios. Allí, entre otras tareas, analizó materiales fósiles provenientes de Namibia. Se los denominaba biota de Ediacara, nombre con el que se define a las formas de vida primitivas anteriores a la fauna actual. “Esto tiene que estar en Argentina”, pensó Daniel Poiré.
Recientemente, la publicación de Nature, la reconocida revista científica Scientific Reports, le dio la razón ante los ojos del mundo. En la misma ciudad bonaerense donde cursó su Doctorado, dentro de una cantera que pertenece a una empresa cementera, el hoy investigador principal del CONICET encontró junto a su equipo de trabajo, por primera vez en Sudamérica, un registro de vida de hace 560 millones de años.
“Descubrimos impresiones de orga-nismos pluricelulares, extintos y previos a la Explosión Cámbrica, que es cuando comienza a aparecer toda la fauna tal cual la conocemos en la actualidad”, asegura Poiré, en diálogo con la Agencia CTyS-UNLaM. Según las estimaciones, las especies descritas vivían debajo de aguas marinas someras, en una profundidad de 40 centímetros a 30 metros, formando comunidades, una al lado del otro.
De esta manera, gracias a la tarea del Centro de Investigaciones Geológicas de la Universidad de La Plata (UNLP), Argentina pasó a formar parte de un grupo de países selectos. Muestras similares sólo se habían hallado en Canadá, Australia, Namibia, China, Rusia y el Reino Unido. Las marcas de cuerpos fósiles describen un cuerpo fisionómicamente parecido a una pluma, de unos veinte centímetros largo, con una base discoidal y una formación plana que le servía como “ancla” para sostenerse en el sustrato acuático.
El Director del proyecto publicado por Scientific Reports explica que la biota observada corresponde a los primeros multiorganismos grandes, lo cual le da relevancia al trabajo ya que en ese tiempo, unos 560 millones de años atrás, los únicos cuerpos vivos que existían eran unicelulares. Por lo tanto, la estructura primitiva es más compleja que la habitual para esa época histórica.
A partir de las impresiones advertidas en las huellas sobre piedra, los científicos dedujeron que, al ubicarse entre 15 y 20 millones antes del período cámbrico, las especies serían ancestros de la fauna conocidahasta el momento y estaban conformados por células eucariotas, compuestos por membrana, citoplasma y núcleo.
El estudio encabezado por el profesor de la UNLP es clave para potenciar la paleontología de todo el continente y fue realizado en colaboración con la Universidad Estatal Paulista (UNESP), de San Pablo, Brasil. A su vez, el equipo de investigación se encuentra profundizando los análisis y comparando el material hallado para aportar más datos sobre esta clase de organismos.
“Aparentemente, hubo una gran tormenta que arrancó del territorio una parte de la biota y dejó la marca de los discos. Si tardamos 15 años en encontrar esto, podemos esperar un tiempo más para encontrar las otras muestras”, expresó, deseando en voz alta, ese geólogo que encontró, en Olavarría, el registro de vida más antiguo de toda Sudamérica.

fuente: Sebastián Alonso (Agencia CTyS-UNLaM).

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Estudiantes diseñan una biopintura contra la contaminación

Son jóvenes de la UNSAM y UBA que, coordinados por investigadores del CONICET, trabajan en un material ecológico para evitar el fouling, la adhesión de microorganismos a superficies sumergidas.


Actualmente, para tratar ese problema los marineros utilizan pinturas que dañan al ambiente marino y sus especies.
Sebastián Alonso (Agencia CTyS – UNLaM) – En la inmensidad del océano, un caracol sufre cambios en su estructura hasta cambiar su sexo. Una hembra puede volverse macho y fallecer, al no lograr expulsar sus huevos. El fenómeno, llamado “imposex”, afecta a 120 animales de todo el mundo causando una sensible disminución de las especies. por causa de las sustancias que se usan contra el fouling.
Pero, ¿Qué es fouling? Consiste en la adhesión de bacterias, microalgas y hongos en redes de cultivo, cascos de embarcaciones y plataformas portuarias sumergidas. Permite el asentamiento de colonias de moluscos e invertebrados en esas superficies y genera más peso y fricción en las diversas estructuras. Para tratarlo, los marineros utilizan pinturas con alto contenido de estaño y materiales pesados, causando un desequilibrio en el ecosistema marino.
Estudiantes de la UNSAM y la UBA, con la coordinación de profesores e investigadores del CONICET, buscan enfrentar la problemática y desarrollan un biofilm que actúe sin perjudicar al ambiente. “Nos preocupaba la constante extinción de especies y a partir de recolectar información y leer papers optamos por elaborar una pintura ecológica”, afirma, en diálogo con Agencia CTyS, Ana Laura Medina Fraga, miembro del equipo de trabajo.
El proyecto fue presentado este año en TecnoX, la competencia argentina que nuclea a jóvenes de Latinoamérica para motivar trabajos de biología sintética que respondan a un bien común.
El material diseñado se conforma a partir de la conjunción de dos bacterias del género Pseudomonas: contiene una cepa de la bacteria protegens, propia del ecosistema acuático y beneficiosa para el medioambiente y una deaeuroginosa, que permite que el biofilm cumpla el rol de pintura anti-incrustante al producir una sustancia llamada “piocianina”, que interfiere con el crecimiento de otros microorganismos.
A través de la biología sintética, el equipo utilizó los diversos genes para formar la película y combinaron los sustratos que los microorganismos producen normalmente. “Hay dos maneras en que las bacterias pueden vivir: libres o formando colonias. Para el proyecto nos basamos en esta última cualidad”, agrega Florencia Malamud, investigadora del CONICET y coordinadora del estudio.
La industrialización del producto está siendo analizada debido a las diferentes regulaciones que posee el manejo de transgénicos. La piocianina funciona como un mecanismo de defensa y de competencia en el ambiente para la bacteria. Sin embargo, la cepa que produce esa sustancia es patógena y no puede ser utilizada cerca de los humanos. Por eso los especialistas retiraron la partícula que necesitaban y crearon el film incorporándola a la Pseudomonas protegens.

Otro modo de aprender
La propuesta apunta a evitar la contaminación del agua y posterior daño en las especies, pero también impulsa una capacitación diferencial para los jóvenes profesionales. La oportunidad de realizar tareas en laboratorio, apostar al trabajo en conjunto, calcular costos y buscar un posible financiamiento, son situaciones que los estudiantes no siempre enfrentan.
Según Medina Fraga, la experiencia fue “distinta a todo lo que estábamos acostumbrados”, y destaca “la posibilidad de pensar cómo ayudar a la gente” y haber entendido que la ciencia “no es simplemente pensar buenas ideas”. El pasaje de los conceptos teóricos a la aplicación práctica se vuelve conocimiento para los jóvenes, que encontraron en la biotecnología una herramienta para aportar soluciones y seguir aprendiendo.
*El proyecto se elaboró en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas Rodolfo Ugalde y participaron los estudiantes de la Universidad Nacional de San Martín, Nicolás Méndez, Belén Monardo, Florencia Paván, Ana Laura Medina Fraga, Gustavo Vidal, Laura Serantes y Lucca Salomón, este último de la Universidad de Buenos Aires. En la coordinación estuvieron Diego Álvarez, Florencia Malamud, David Moi, Patricio Portal.

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE LITORAL (UNL)
Un microorganismo con capacidad degradativa sobre residuos


Investigadores trabajan en un método que no daña al ambiente y disminuiría el volumen de polipropileno biorientado (BOPP), un material muy utilizado en la industria de los envases flexibles. Argentina, entre los 30 países que más contaminan los mares con desechos plásticos.
Sebastián Alonso (CTyS-UNLaM) – Actualmente, Argentina figura entre los 30 países que más contaminan los mares con materiales sólidos; sólo en 2010 generó 157.777 toneladas de basura plástica. Según un estudio realizado por diferentes instituciones académicas de los Estados Unidos, y la Organización de Investigación Científica e Industrial del Commonwealth de Australia, de no tomar cartas en el asunto, esa cantidad podría duplicarse en 10 años.
El polipropileno biorientado (BOPP), película plástica que, por su bajo costo de fabricación es utilizado para embalaje, como envoltorio de snacks o galletas, es responsable de gran parte de los residuos que se acumulan en la naturaleza, generando un desequilibrio ecológico con la consecuente contaminación ambiental. La biodegradación de este tipo de materiales plásticos por acción de microorganismos, surge como una opción segura y económica para el tratamiento de esos desechos.
Investigadores de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) decidieron enfrentar la problemática y plantearon un método alternativo para reducir los volúmenes de BOPP en los rellenos sanitarios. El sistema que desarrollan los científicos santafesinos no produce ningún tipo de efecto sobre el ambiente, a diferencia de la incineración, que es un recurso empleado en varios países para suprimir materiales, con graves consecuencias por los vapores tóxicos generados.
“Todo lo que no puede disminuirse va hacia los rellenos sanitarios, que se vuelven un uso y abuso de la tierra disponible”, asegura, en diálogo con Agencia CTyS-UNLaM, Fernanda Argarañá, miembro del equipo de trabajo y docente e investigadora de la UNL. Según la especialista, “en diez años, los lotes utilizados quedan inservibles y hay que salir a buscar una nueva superficie para enterrar basura”.
Los investigadores recurrieron a la biodegradación, a partir de microorganismos nativos que viven en el suelo y naturalmente pueden minimizar los desechos plásticos al usarlos como fuente de carbono y energía para nutrirse. Aislaron una bacteria, Pseudomonas aeruginosa, que cumple ese rol, y estudian qué enzimas están involucradas en el proceso, con el objeto de aislar los genes que las codifican y obtener un microorganismo genéticamente modificado.
La bacteria apartada se incubó junto a las tiras de BOPP, y después de cuatro meses fueron pesadas y evaluadas. La reducción del peso del polipropileno biorientado otorgó un parámetro para comprobar la actividad de la misma. Además, se midió la actividad de grupos químicos funcionales mediante Espectroscopía Infrarroja con Transformada de Fourier (FTIR) y, con un microscopio electrónico de barrido, se detectó la formación de huecos en la superficie de las láminas, generados por la degradación.

De la observación a la acción
La degradación ideada no se realizaría in situ, en la tierra, sino en un ambiente favorable, tanto para el crecimiento del microorganismo, como para la óptima expresión del producto buscado. “Esto se lograría utilizando un reactor”, detalla la directora del proyecto, la Dra. María Gabriela Latorre Rapela. El proceso permitiría obtener dióxido de carbono, agua, energía, y una biomasa residual mucho menor que la inicial.
El estudio de la UNL se concentró en la degradación del BOPP pero, según Argarañá, “hay muchos plásticos que tienen una estructura base semejante, como el polietileno, y podrían recibir un tratamiento similar”.
Por otra parte, los científicos avanzan en el proyecto junto a la municipalidad de Santa Fe, que implementaría el sistema a medida que las pruebas de laboratorio sigan siendo satisfactorias.

Fecha de Publicación: 2016-09-27
Fuente: Agencia CTyS-UNLaM