taller literario

El verdadero ser

Candela Gallardo

Tenía un violín antiguo de madera rojiza escondido en su armario, junto a un vestido rojo de terciopelo y un labial bordó como la sangre, que aumentaba su flujo al liberarse cada mañana cuando su casa quedaba vacía. Ya con el atuendo puesto, los labios perfectamente delineados y el cabello peinado, sacaba el violín elegante. Se sentaba y los ojos grandes de color café oscuro se le dilataban al observar con emoción los dibujos tallados por su abuelo, que tanto admiraba. Minutos después, deslizaba el arco sobre las cuerdas portentosas, y comenzaba a sonar una melodía primorosa que le abría los oídos y dejaba al descubierto su alma. Era el legado del abuelo y, asimismo, su más grande secreto en una familia tan acomplejada.
En la habitación también tenía un espejo que lo acompañaba, fino e inigualable. Ahí era exactamente donde había descubierto su verdadero ser; por primera vez, a los 12 años, había encontrado un labial de su hermana. Con asombro lo llevó hasta sus labios y los cubrió respetando cada borde. Lo supo hacer perfectamente. Se sintió maravilloso, con ansias de hacerlo toda una vida entera; porque, a pesar de haberlo descubierto en ese instante, siempre lo había llevado adentro. Desde entonces, cuando se miraba en ese espejo blanco brillante, adornado con luces de navidad -íntimo en su habitación-, comprendía, con gran certeza, que era Alan, pero que también quería ser Ana. Allí, igualmente, quedaba al descubierto su alma. Para él y para ella, el espejo y el violín eran extraordinariamente semejantes; su capacidad de reflejar provocaba brillantez. Un sentimiento único y complejo que solo podrían lograr dos objetos como estos.  

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