PSICOLOGÍA

PARADOJAS DEL AMOR, Y EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Por Patricia Mónica Ploder Lic. en Psicología – MP 80358 

Hay distintas situaciones que ponen en jaque a los amores, y el aislamiento sanitario es uno de ellos. La imposibilidad de acercarse físicamente es una de las formas de evitar el contagio, y de preservar la vida propia y ajena. Surge de lo anterior que no demostrar físicamente manifestaciones del amor termina siendo un acto de amor. El dilema planteado es que al acto de amor consiste en no expresar el amor con cercanía física. Algunos eligen no acercarse y otros lo aceptan como acto de amor. Otros eligen exponer al otro a situaciones paradojales.
Hoy deseo describir los efectos de la instrucción paradojal en los vínculos humanos. Existen enunciados que son enloquecedoras para el interlocutor y encubren el ejercicio de la violencia. Hay personas que exigen “pruebas de amor” anexados a la falta de cuidados. Van algunos ejemplos:
El uso de preservativo durante algún encuentro sexual es condición para evitar contagios, como HIV o hepatitis por ejemplo. Independientemente del lugar que un condón puede tener en la erótica de la relación, es posible que alguien pida no usarlo diciendo algo como “¿no confiás en mí?, entonces no me amás”. Paradoja difícil de resolver, porque si el amor implica cuidados recíprocos, la eximición de su uso no es prueba de amor, aunque se describa asociada a la confianza, la que a su vez sería la prueba del amor. Por el otro lado, “la desconfianza” de que alguno de los partenaires sea portador, queda del lado de un supuesto desamor, y no de un cuidado amoroso.
La comunicación paradojal queda claramente expuesta en esta descripción.
Va otro ejemplo en pandemia, similar a uno que me contaron el otro día, y más disfrazado de ofrecimiento generoso.
Una persona le escribe por whatsapp a otra: “me voy a tomar el colectivo, voy a tu casa a llevarte los condimentos que te faltan para cocinar los canelones, y me quedo a cenar con vos”. La cocinera le contesta que puede hacer los canelones con los ingredientes con que ya cuenta en su casa, que no es necesario que le lleve esos condimentos específicos. El oferente insiste, por lo que ella le contesta que si quiere llevarlos puede hacerlo pero que no le permitirá el ingreso a su casa, atendiendo a las medidas de cuidado necesarias para evitar el contagio de Covid19. A lo que esta persona le contesta, con tono enojado, “pero cuando voy a otras casas, me reciben; voy con alcohol en gel y barbijo”… y luego con tono irónico agrega “si no querés estar cerca mío, nos quedamos a dos metros de distancia”.
La cocinera se siente acorralada entre las supuestas buenas intenciones del que dice que se sacrificará yendo en colectivo para llevar unos condimentos, exponiéndose al contagio (por amor) para aportarle los condimentos que ella no tiene y que el sacrificado supone que deben incluirse en la preparación. Cabe aclarar que la cocinera nunca los solicitó, ya que surgió a partir del intercambio por whatsapp. El sacrificado realizó su propuesta sugiriéndole una receta con todos estos condimentos, disfrazando desea manera la concreción de un encuentro deseado por él.
Todo este intercambio discursivo no deja en primer lugar la necesaria ética recíproca del cuidado del semejante, sino que el punto visible queda situado en la negativa de la cocinera. Ella no estaría valorizando el sacrificio ajeno realizado “por amor”, ni está dispuesta a sacrificar su propia seguridad “por amor”, así como tampoco festeja ni acepta el encuentro, cosa que el oferente desea.
El manipulador, que ejerce violencia, establece este tipo de comunicaciones que adquieren todas las características de instrucciones paradojales, que dejan sin salida a su interlocutor. El manipulador modifica intencionalmente (y con gran habilidad) los elementos presentes en la comunicación con el objetivo de mantener el control del otro, haciéndolo sentir culpable y confundido.
Querido lector, seguramente mientras leía se le habrán ocurrido varios ejemplos que haya vivido o esté viviendo. El amor puede querer ser disfrazado de sacrificio innecesario y a los efectos manipulatorios. Cuidemos a los demás y cuidémosnos a nosotros mismos de situaciones malintencionadas, detectando este tipo de intercambios con quienes suponemos que nos quieren y que nos exigen “pruebas de amor”.

Nota: INSTRUCCIONES PARADOJALES: Son figuras comunicacionales que consisten en emplear expresiones que son contradictorias, y contrarias a la lógica. Independientemente de la opción elegida, no existe final feliz posible.  

“DE SEGUNDA NO BAILO”

Por Patricia Mónica Ploder Lic. en Psicología – MP 80358

De vez en cuando la vida nos besa en la boca
Y a colores se despliega como un atlas
Nos pasea por las calles en volandas
Y nos sentimos en buenas manos
Se hace de nuestra medida, coge nuestro paso
Y saca un conejo de la vieja chistera
Y uno es feliz como el niño
Cuando sale de la escuela
De vez en cuando la vida toma conmigo café
Y está tan bonita que da gusto verla
Se suelta el pelo y me invita
A salir con ella a escena

Fragmentos de: “De vez en cuando la vida”, de Joan Manuel Serrat
Tomando el consejo de la vieja canción de Serrat y habiendo tomado distintas invitaciones de la vida (y que no fueron hechas de primera), confieso que he vivido, y que he aprendido. Supongo que la sabiduría sirve para pensar y analizar las cosas que tuviste la posibilidad de vivir, si las mirás desde distintas ópticas. Está bueno dar vuelta las cosas para ver cómo se ven desde otros lados.
Yendo al título de lo que quiero que pensemos juntos hoy, hace poco me acordaba que cuando yo era adolescente si ibas a bailar, tenías que esperar a que un muchacho te sacara a bailar, si no era así “planchabas”, y te quedabas sin bailar. La invitación a bailar era personalizada: se acercaba un muchacho y te sacaba a bailar. Podía ocurrir que declinaras alguna invitación, ya sea por no dejar sola a alguna amiga o porque el muchacho no te gustaba.
Yo sólo contemplaba la posibilidad de que la salida correcta a bailar se debía concretar si ambos se gustaban, y sólo si la recíproca elección se concretaba. El varón daba vueltas mirando cuál le gustaba, y la mujer aceptaba si había mirado también y ese varón le parecía aceptable.
Pero también podía ocurrir que algún muchacho se acercara a un grupo de chicas y encarando de a una, la señalara con el dedo el dedo y decía “¿bailás?” y si ésta decía que no, continuara con la siguiente, y así sucesivamente hasta que alguna quería bailar. En ese caso, ambos volaban a la pista.
Más de una vez escuché a alguna contestar “de segunda no bailo”, y en ese momento me pareció razonable, en la línea lógica de elegir con quién bailar, y de ser elegida. Si no era la primera, la chica (que yo consideraba de alta autoestima) rechazaba (acertadamente para mí en ese momento) la invitación que ocurría en esa ronda donde el muchacho les iba preguntando a todas, ya que no era digno salir si la invitación no era de primera.
En esos momentos jamás se me ocurrió pensar que si vas a bailar deseando bailar, lo mejor que te podía pasar para no “planchar”, era aceptar la invitación. Ya que si lo que buscabas era bailar, ese muchacho buscaba justamente a alguna deseosa de salir a la pista. En cambio, si lo que estaba en juego era ser elegido o elegir, con la mirada puesta en ser el o la primera/o, o sea algo parecido a ser único o única, se perdía totalmente el foco del baile, y el devenir del evento quedaba detenido en una cuestión puramente narcisista.
A poco de pensarlo, y dando vuelta la historia, los que realmente “planchaban” eran esos: los que elegían tan obsesivamente con quién bailar, que se quedaban sin dar y sin darse la oportunidad de vivir las invitaciones de la vida.
Y yendo a la vida de todos los días, en todos los ámbitos, pienso que si de vez en cuando la vida se suelta el pelo y te invita a salir con ella, no te lo pierdas. Casi nunca las cosas se dan “de primera”, y ahora estoy convencida que la sabiduría está en considerar las segundas y todas las demás oportunidades, aunque no sean sólo “de primera”. También estoy convencida que la autoestima se construye con lo vivido en cada intento y que al tomar las invitaciones de la vida se descubren alternativas impensadas inicialmente.

La pandemia hoy 

Por Patricia Mónica Ploder Lic. en Psicología – MP 80358

Hoy me es imposible no escribir sobre el coronavirus. Desde que se empezó a saber de esta enfermedad, surgida en la zona cero, en China, fui transitando distintos sentimientos y pensamientos. En este momento, mientras estoy ante el teclado, se me agolpa un torbellino de recuerdos de reacciones (mías y ajenas) ante las infinitas noticias, ante los comunicados a veces contradictorios, ante las recomendaciones de distintos orígenes, ante las bromas inteligentes o de mal gusto.

Hoy voy a escribir sobre qué nos pasa a los humanos ante la percepción de la tragedia. En esta línea, recordé mi artículo publicado en este medio en 2012 en ocasión del trágico accidente del Ferrocarril Sarmiento, donde intenté conceptualizar sobre los efectos que tiene sobre las personas el estar expuestos a una tragedia. Asimismo, escribí acerca de las alternativas elaboradoras con que contamos, como intentos de superar el dolor, la frustración y el miedo que nos produce la exposición tanto a la muerte física (nuestra o de alguien cercano) como al arrasamiento subjetivo. Muerte de los cuerpos y muerte de los sujetos.

Sabemos que podemos morir con falla respiratoria, ya conocemos todas las medidas de prevención físicas. Pero no sabemos cómo nos afecta, y pocos nos hablan de cómo afrontar el posible arrasamiento subjetivo que nos genera esta pandemia, en relación a un futuro posible y a todo lo dicho y publicado sobre ella.
Los humanos naturalmente imaginarizamos nuestro futuro. La ilusión siempre es que en el futuro vamos a estar mejor. Cuando la perspectiva futura nos amenaza nuestra posibilidad de proyectarnos, aparecen sentimientos negativos: angustia, miedo, desazón, entre otros… En el caso de una enfermedad contagiosa que no discrimina en su propagación, y ante imposibilidad de visibilizar la noxa para evitarla, las personas podemos vivirla como excepcionalmente amenazadora.

Puede llegar a colapsar nuestra posibilidad de inmunidad anímica. Pueden aparecer reacciones de intentos de protección psíquica cuya estructura es bastante primaria o primitiva. Estas respuestas no nos suman ni como individuos, ni como sociedad. Pueden aparecer pánico, egoísmo, impotencia, desesperación; los peores sentimientos individuales y las peores crueldades intersubjetivas.
¿Sugerencias? Pasemos todo lo que escuchamos y todo lo que nos llega por el crisol solidario, racional y ético. Estemos muy atentos a todos nuestros sentimientos, y ponderemoslos a la luz de la situación de cada momento, evitando anticipar futuros catastróficos que son sólo una posibilidad. No permitamos que esta pandemia se convierta en una guerra de supervivencia en la que perdamos de vista que todos estamos en la misma, y que como sociedad humana todos dependemos de todos para nuestras supervivencias físicas y anímicas.

Si recibiste una publicación, un video o un audio que te angustió o te asustó, y querés compartirlo, acordate que se la estás mandando a amigos, a familiares y a compañeros, que probablemente sientan lo mismo que vos. Aún si así decidís mandarla, contale a tu destinatario acerca de tu sentimiento. Conversen acerca de esto. Armen redes de contención que ayuden a evitar el pánico y que favorezcan el fortalecimiento de los lazos solidarios.
Nuestra respuesta inmune (física y anímica) se fortalece con vínculos cariñosos, respetuosos y saludables, y creo que por ahora es la mejor vacuna con la que contamos.

Facebook: ¿Es una aplicación facilitadora?

Por Lic. Graciela V. García Psicóloga Clínica MP: 80.359

Facebook nace como una aplicación para buscar caras conocidas, y establecer contactos por fuera de lo social cotidiano. Nació para sostener a un grupo de individualistas en búsqueda de agrupamientos y cercanías. Tal es que un amigo, de un amigo, de un amigo formaría parte de mis contactos. Se calculaba cuando nació esta red, que al séptimo contacto desconocido al menos un amigo, era compartido.
La cualidad de la aplicación fue transformándose y transformándonos. Por ejemplo, para saber qué hacían nuestros hijos considerados como “indefensos”, abrimos cuentas para localizar configuraciones “peligrosas” para ellos. Los jóvenes fueron mudándose y hoy otras redes, como Instagram, quedaron bajo el dominio de la juventud. Es muy raro ver adultos sueltos en esta aplicación buscando contactos amigos; más bien se vuelcan a la exhibición y comercialización de productos y servicios.
Hoy por hoy Facebook, cuyos contactos nos abrieron las puertas de su intimidad, para conocer sus estados, preferencias y tendencias, se convirtió en el lugar de la envidia y los piedrazos. Algunos contactos son falsos, nombres, fotos y vidas falsas, acoplan con nuestros contactos de conocidos por la red.
Los efectos que producen en aquellos que nacimos con la aplicación y nos quedamos definiéndola como antaño, vemos con sorpresa que no nos alberga en absoluto. Podemos espiar, mirar, leer, pasar, bloquear, registrar quién nos mira. Pulsiones parciales como el exhibicionismo, el voyeurismo invitan a quienes se regocijan en ello. El vandalismo es predominante en aquellos que tienen fe y creen en política y religión. Sus “Muros” nos desbordan sin filtro con sólo entrar a la aplicación, y condicionan nuestra percepción en la búsqueda de alguna propuesta personal por la cual entramos. Los contenidos son piedrazos reboleados que nos pegan, a veces en el corazón, otras en la mente, en el cuerpo y otras tantas pasan de largo. Aquellos contenidos que nos generan alegrías y risas, muchas veces nos despiertan la ira. Muy pocas noticias compartidas, demasiadas mentiras abruman y nos proyecta a fantasías de persecución y paranoia… ¿en qué andará?, ¿En qué andaré yo? Nos despierta la fantasmática más esquizofrenizante: el lavado de cerebro, la guerra fría, el cataclismo, el uso de nuestros datos, la manipulación más allá de lo que nuestra conciencia nos pueda permitir.
Por suerte, el psicoanálisis tiene una respuesta para quienes las redes se han transformado parte de la crisis de nuestros pacientes, que relatan en la consulta sus sufrimientos acerca de lo que han visto o leído en los muros de los otros. No alcanza con la orden de no entrar a Facebook si te hace mal.
La conciencia humana se distingue de la conciencia de los animales. La atención es el único criterio que define a la conciencia animal. Rondan en la supervivencia. Los sujetos primero deben reprimir las asociaciones ligadas a la percepción. Hay un inconsciente que pulsa por seleccionar de todo lo que puede percibirse, aquello que nos sea del orden del deseo, pues estamos lejos de la supervivencia ya que nuestra condición de carne se aleja gracias a la palabra que nos la dan los seres significativos que nos rodearon desde el punto cero de nuestro nacimiento y la época (cultural-histórico-político-regional) en que nacimos. Existe “alguien” entonces, antes de percibir, desde ese “alguien” seleccionamos inconscientemente qué ingresa a nuestro reconocimiento. Lenguaje y pensamiento nos preceden por añadidura de un semejante-otro.
Entonces, si aquello que abordamos en la red, es recibido como vandalismo, piedrazos, nos desborda por presentificarnos nuestra fantasmática, será mejor trabajarla en terapia que seguir actuándola o sufriéndola. También podemos prescindir de encontrar en Facebook un libro de caras o vidas abierto para nosotros. Los otros son opacos, de ellos nada sabemos, sus publicaciones son semblanteo de intencionalidades o inconsciencias de las que nada sabemos. Y nada puede hacernos mal, siempre que no le demos entidad de demonio. El otro no es malo, ni bueno, ni mejor, ni peor, es una constante. Siempre está y estará y con ello hacemos funámbulo ya que estamos muy lejos de conocerlo y saber algo de sí. 

El paradigma de la inclusión es un discurso de poder

Podría fundamentar que el “paradigma de la inclusión” es una herramienta del discurso del poder, gracias a las matemáticas modernas. Los diagramas de Venn me permitirán, en el universo de lo abstracto, explicar la lógica del discurso del poder solapado en dicho paradigma. Pero para no complicar una lectura cuya idea es pensar juntos qué decimos cuando decimos algo, lo voy a conceptualizar en palabras.
La definición de inclusión implica calificar a un sujeto de estudio del cual no se sabe qué sufrimiento padece para colocarlo en un grupo conocido, por supuesto, pequeño, de personas con ciertas capacidades diferentes a las esperadas para su edad, con discapacidades leves, o totales; motoras, mentales, o padeciendo varias a la vez, con síndromes que tienen nombre y apellido como Down, o cuadros del espectro autista como Asperger y tantos otros. Los profesionales buscan características compartidas por estos grupos y cada sujeto de estudio se lo tamiza por la agrupación de síntomas y signos permanentes o muy frecuentes para arribar a un diagnóstico que es clasificatorio para “depositarlos” en el grupo que corresponden. Esta manera de diagnosticar, alberga un discurso de poder ya que son los profesionales "normales” los que hacen los protocolos que sirven para diagnosticar. Y en esas generalidades, las diferencias se aploman. Es decir se igualan, ¿pero no era que había que fomentar la diferencia?
La inclusión busca que se fomente y garantice que toda persona sea “parte de” y que no permanezca “separado de”. Inclusión, por lo tanto, significa que los sistemas establecidos proveerán acceso y participación reciproca; y que el individuo con discapacidad y su familia tengan la posibilidad de participar en igualdad de condiciones. https://www.incluyeme.com/tag/definicion-de-inclusion/
Estudiemos este texto apartado. La frase “parte de” implica que son menos, reducidos y que están dentro (incluidos) en un conjunto mayor (normales) que los alberga, para que no permanezcan “separados de” y esto sucede en la medida de que la inclusión es como meter en una bolsa de personas otra bolsa, más pequeña y parecidos entre sí, por la manera en que fueron diagnosticados (“sistemas establecidos”) que “proveen”, (como dice el texto). Otra vez encontramos en la definición del texto señalado, palabras que nos dilucidan cierta partición o separación de trato especializado. La “igualdad de condiciones” es una utopía porque sabemos, por definición que todos somos diferentes y frente a una misma realidad, vemos, vivimos y comprendemos de diferente manera de acuerdo a nuestra subjetividad. Somos diferentes aunque el medio que nos rodea sea una única oportunidad u oportunidades para todos. La reciprocidad no es equitativa, puede ser tan diferente como vínculos armemos con los otros y cada uno sentirá desde ese vínculo ciertos aspectos según su constelación subjetiva. La reciprocidad es un ida y vuelta diferente cada vez que sucede. ¿Entonces quién incluye a quién? Pues algunos niños llamados “con diferentes capacidades” nos ofrecen conocimientos acerca de ellos mismos, pensamientos, miradas, universos diferentes a los que conocemos. Y en vez de calificar, ¿no será mejor contemplar, para conocernos?
Sabemos que desde hace años, el paradigma de la inclusión toma fuerza en las escuelas, en los hogares, en las instituciones interdisciplinarias pero no resulta. Padres y alumnos se quejan de que no se puede trabajar cuando la diferencia de ciertos niños no entran en las normativas vigentes de la convivencia en la escuela y en el aula, entonces se genera lo que que se quiso disolver: intolerancia, miedos, quejas, hasta se llega a pensar en cuántos niños diferentes puede tener un aula y con algunos docentes en las escuelas comunes…uno? , Dos?,¿ eso es inclusión? Parece que habría que repensar que la escuela Sarmientina de un docente por cada 30/40 en el mundo de hoy, ya no funciona y habría que pensar en equipos interdisciplinarios en un aula. Trabajando el pensamiento complejo, abarcando la diversidad junto con los alumnos que aparezcan.
¿Quién se atribuye el poderío de la inclusión que puede decir que éste o aquel es una persona “con diferentes capacidades” a perpetuidad?, ¿Lo dice un maestro o maestro especial por sus evaluaciones, un psicopedagogo por sus diagnósticos psicopedagógicos establecidos en una tabla o baremo poblacional que ubica a su sujeto de estudio dentro de ese grupo?, ¿Un Dios del saber y la verdad? ¿Un psicólogo que realiza un psicodiagnóstico e interpreta los resultados de los tests desde estructuras clínicas, patologías supuestamente compartidas sólo por las personas que son diferentes en sus capacidades?, ¿Es del saber de las neurociencias con sus andamiajes de saberes neurobiológicos de avanzada que cualifican y cuantifican a una persona del conjunto de los discapacitados, porque son muy piadosos y lo van a hacer practicar hasta que forme redes neuronales?, ¿Son los mismos padres que inconscientemente excluyen queriendo incluir a su hijo a toda costa amparados por el paradigma de la inclusión forzando situaciones, cayendo en una contradicción?, ¿Qué tratamiento les damos bajo este prisma?, ¿sólo el de los derechos porque son un sub-conjunto de niños que requieren compartir con otros por ley? . ¿No sería interesante tener escuelas abiertas con grupo de profesionales que trabajen con todos los niños y en el mismo momento que sucede el fenómeno complejo de aprendizaje. Profesionales facilitadores en trabajar las transferencias humanas, especialistas en vínculos grupales? Esta es mi propuesta para los profesionales de las ciencias conjeturales y mi respuesta a los padres que tienen que trasladarse tantas horas con sus hijos hacia escuelas que por ser especiales o más contemplativas, albergan a sus hijos, otro día al psicólogos y otro al psicopedagogo, y toda la vida dedicada a tratamientos sueltos?
El paradigma que podríamos adoptar hasta que haya uno mejor es el de la DIVERSIDAD. Ésta resuena a ecosistema, comunidad, cooperativismo, equipo, potencia, y desde esa diversidad, todos pertenecemos. No hay que incluir a nadie. Estamos todos, porque por definición, cada uno de nosotros es único y diferente, en el universo de lo posible.
El término diversidad, se refiere a la diferencia o a la distinción entre personas, animales o cosas, a la variedad, a la infinidad o a la abundancia de cosas diferentes, a la desemejanza, a la disparidad o a la multiplicidad.

*Lic. Graciela V. García Psícóloga Clínica MP: 80.359//Posgrado en Clínica psicoanalítica con niños y adolescentes.//Con Orientación Psicoanalítica en Pareja y Familia.// Atención en Hurlingham.//Email:gvghur60@gmail.com

Mi novio tiene hijos.

Por Patricia Mónica Ploder Lic. en Psicología – MP 80358

El otro día una amiga que no tuvo hijos propios, me contó que está saliendo con un señor que tiene hijos, y me pedía mi opinión como psicóloga. Me preguntaba cómo era saludable que ella se vinculara con esos chicos. Además, me contó que ante esta inquietud intentó googlear sobre el tema y dice que encontró muy poco.
Su planteo me llevó a pensar en tantos casos en los que hay familias ensambladas en las que las nuevas parejas interactúan con hijxs que no son hijxs propixs, e hijxs que interactúan con los nuevos vínculos que generan sus progenitores, lo que genera movilizaciones en todos lxs actores.
Lxs actores en esta escenificación pueden ser:
-Nuevas parejas que se constituyen, cuyos miembros pueden o no haber tenido hijxs en historias anteriores que pudieron haber sido matrimonios constituidos, o relaciones pasajeras, o monoparentalidades, o en alguna otra modalidad diversa; o sea padres y madres.
-Hijxs que han sido gestados en grupos familiares con los que han generado vínculo, y que en algún momento son incorporados al nuevo vínculo que alguno de sus progenitores genera, en el que materialmente quedan incluidos por la nueva unión.
-Cualquier otro rol familiar: tíxs, abuelxs, hermanxs, primxs… que puede constituirse también en un vínculo significativo desde un lazo no biológico, con afectividad construida a partir del nuevo vínculo.
Mi amiga me preguntaba cómo hacer para no invadir a los chicos en posibles rivalidades que ella podría generar con la madre de los mismos, ex pareja de su novio, al mismo tiempo que quería ser hospitalaria con los niños. También le preocupaba cómo no dejar de ser ella misma, con sus propios valores y formas de funcionamiento familiar, sin imponerles arbitrariamente a los chicos normas que no fueron consensuadas entre los progenitores de los mismos.
Su pregunta surgió desde el principio de su relación, pero fue profundizándose en la medida que los niños compartieron con ellos fines de semana, salidas, vacaciones y festejos familiares. Dudó en lo que podría generar si ella participaba en el cumpleaños de los niños en los peloteros en que compartían sus festejos con personas de su entorno, como compañeros del colegio y familiares de parte de la madre de los niños.
Me pareció que la línea en la que venía mi amiga era criteriosa, pues además de estar atenta a sus propios sentimientos, quería tener en cuenta los de todos los actores involucrados.
Quería que ese tiempo compartido con los niños fuera agradable para ella, y de hecho disfrutaba mucho estar con ellos. Pero también deseaba que fuera placentero para los chicos, sin generar conflictos de lealtades en ellos. Deseaba respetar a la madre de los niños, y a los consensos a los que habrían llegado los progenitores de los niños (es decir su propia pareja actual, y la ex pareja de él), sin dejar de tenerse presente a sí misma.
Como todo lo humano, la respuesta es compleja. Las nuevas configuraciones familiares (no tradicionales, llamadas también familias ensambladas) implican procesos complejos de inclusión y progresivas construcciones de los nuevos vínculos, aunque no dejan de ser vínculos humanos, afectivos, con las particularidades de todas las construcciones vinculares.
La idea es respetar todos los tiempos subjetivos (no cronológicos) de todos los que deben participar en la creación de estos nuevos vínculos; siempre para sumar, jamás para rivalizar intencionalmente ni generar discordias innecesarias y destructivas. Nadie está obligado a amar a quien no puede amar, pero a través de modalidades respetuosas pueden construirse progresivamente vínculos cariñosos y saludables, con posibilidades de ir sorteando –como lo logran todas las familias saludables- las dificultades que vayan surgiendo.

Viajar.

Alguna vez nos enseñaron que los pueblos se dividían en dos. Los nómades en el mundo como los gitanos, mongoles, chichimecas, beduinos, amazonas, esquimales, tuaregs o los matacos, guaraníes, querandíes, comechingones, patagones u onas en Argentina, vivían trasladándose a regiones circundantes y a paso de hombre en búsqueda de alimento y caza. Los sedentarios en Argentina como los calchaquíes y diaguitas y en el mundo los chinos, egipcios, griegos, fenicios y mayas, se establecían en territorios aptos para la agricultura y la ganadería. Mientras que los períodos glaciares, movimientos sísmicos y cambios climáticos obligaron a muchos a tomar rutas de destinos inciertos a otros, los motivó a establecerse en lo que se denominaron “ciudades o civilizaciones”. Con todo, la sobrevivencia fue la finalidad.
También las características de las personas nacidas entre montañas eran descriptas con persona-lidades cerradas, obtusas, poco comunicativas, endogámicos, un carácter mimético con animales ariscos, salvajes y rústicos. En cambio, los nacidos mirando al mar, eran descriptos con carácter vivaz, locuaces, abiertos, comunicativos, de intercambio generoso, aventureros, soñadores, proclives a la exogamia comparados con los animales del mar, fluyentes, escurridizos, móviles, de difícil caza.
Hoy sabemos que las clasificaciones de los pueblos originarios son limitadas para saber acerca de la antropología, y las características de perso-nalidad dependen de otros factores complejos.
Los humanos tenemos un deseo que no es compartido con los animales, cual tener “deseo de otra cosa”. Podríamos explicarnos entonces, que las ganas de viajar hoy, responde a este placentero recurso del deseo que incluye no sólo las características de nuestros primeros humanos míticos, sino también la geografía, que promueve renovar la sensaciones de aquellos que una vez fuimos y más, alejándonos de la sobrevivencia y acercándonos al placer.
Viajar recrea la amplitud mental de disponerse a otra cosa que no sea lo cotidiano, romper con la proximidad de lo conocido, la promesa de ponernos en la aventura de encontrar en nosotros recursos que no ponemos en juego en nuestras rutinas. Viajar nos cambia el “chip” de dónde venimos para desafiar hacia dónde vamos. Nos replantea quiénes creemos que somos y encontrarnos con la renovación de nuestros aspectos negados o renegados por la chatura del entorno costumbrista. Nos sosiega el vacío existencial, nos regala sentido, promesa de acercamiento humano y desafíos. Rompe con los rituales de interpretar lo que sucede en el mundo desde nuestro ombligo imaginario de que otros son iguales a nosotros y viven, piensan, sienten y sueñan igual. Te baja la guardia, te sumerge en la contemplación y aparece un sentimiento de entrega al foráneo con la insólita seguridad de que te van a ayudar. Sólo, en pareja, con amigos, en contingente, todas experiencias diferentes, y a la vez prometen la alegría de no saber qué va de la vida. Gozar es parecido al amor. Y viajar es un goce. Temporario, fugaz, que marcará los destinos del próximo viaje.


*Lic. Graciela V. García Psícóloga Clínica MP: 80.359//Posgrado en Clínica psicoanalítica con niños y adolescentes.//Con Orientación Psicoanalítica en Pareja y Familia.// Atención en Hurlingham.//Email:gvghur60@gmail.com

Divorcio controvertido. 

*Lic. Graciela V. García.Psícóloga Clínica.MP:
80.359Posgrado en Clínica psicoanalítica con niños y
adolescentes.Con Orientación Psicoanalítica en Pareja y
Familia.Atención en Hurlingham.Email:
gvghur60@gmail.com

Cuando dos personas se separan, la mayoría de las veces, uno de ellos es el que sabe con anticipación que se desvinculará porque siente que “no va más”. Otros se percatan en el instante que le dicen que el vínculo llegó a su fin, sufriendo a destiempo y muchas veces es implicando a un tercero. Difícil es encontrar quienes sinceren sus sentimientos. Los diálogos suelen terminar o empezar con discusiones de alto impacto verbal y/o físico por defender posturas rígidas. Todo esto produciría controversias.
La mayoría de las parejas, discuten sus cuestiones con tal intensidad que los niños están “metidos en el medio” convirtiéndose en rehenes. Y con la separación se va la ilusión de que se termina el problema, cuando en verdad, casi siempre empieza: repartición de bienes, dónde vivir, quién asume gastos, quién se queda con los niños, qué decirles, frecuencia de visitas, y otras tantas situaciones cotidianas.
Lo ideal sería terminar una relación con lo que esto implica (duelos), para comenzar otra. Por lo general, “un clavo no saca otro clavo”, sino que remacha o machaca en el mismo lugar ahondando lo que no fue resuelto.
Sumado a esto, los tiempos modernos llevan a impulsividades de no corte de las pulsiones parciales que buscan goces efímeros. La palabra “goce” designa justamente el encierro del cuerpo en sí mismo, un sueño autístico liberado de la discordancia sexual. Sin esfuerzo, los mensajes epocales de “pasarla bien”, de “vivir el hoy” pulsan a que las personas sientan que los lazos duraderos, ni son lazos, ni son duraderos. Estaríamos en un encierro donde triunfaría el goce que es autárquico, y aparecería el sentimiento de vacío, agujero interior, un sin sentido que despierta el ciclo otra vez, para ser llenado por otros goces efímeros: sustancias, sexo compulsivo, trastornos alimenticios, ansiedad, violencia, ludopatías, descarga, y otros.
Sin embargo, todos sentimos, que estamos en una sociedad de soledades, en búsqueda de un amor inconfesable por temor a que el otro escape. El vínculo es contrapunto, discordancia. Este contrapunto es tan liberador que se asemeja al amor. El planteo de la “fidelidad” agobia apareciendo el temor al encierro y ahogo. Plantearse la fidelidad desde el arranque es idealista. Compartir momentos agradablemente distendidos, suelen naturalmente desplazar a los viejos goces. Acercándose a lo placentero, armarán algo parecido al amor. Entonces la fidelidad es un punto de llegada, no de partida.
Para los que sienten que la vida es más fácil de a dos, es una verdad indiscutible y para aquellos que sienten que estar sólo abriga bienestar, también es su verdad. La distorsión aparece cuando uno está en una sintonía y el partenaire en otra. En estas situaciones hay algo de la desestima del otro cuando no se es auténtico. Engaño, negación, “amores perros”, dolor y abandono son algunos de los elementos de ese conjunto desintonizado.
Para todo, hay una solución que no es la que sale en los diarios: feminicidios, abusos morales, hombres hostigados, hijos rehenes. La vida y lo placentero tiene otro decurso que no es el de la destructividad, lo precario, lo mortífero de la propuesta del desencuentro con los otros. El amor tiene otras coordenadas, y quizá sería conveniente recalcular, como con un GPS. Aún todavía, la constitución de nuestra subjetividad nos enseña que es intersubjetiva.

Tres palabras

*Lic. Graciela V. García.Psícóloga Clínica.MP:
80.359Posgrado en Clínica psicoanalítica con niños y
adolescentes.Con Orientación Psicoanalítica en Pareja y
Familia.Atención en Hurlingham.Email:
gvghur60@gmail.com

NO ES TRISTE LA VERDAD. NO TIENE REMEDIO

Todo momento histórico tiene signos polisémicos de la época que, como tatuajes, imprimen en nuestro psiquismo, modos de interpretar la realidad. En el universo de lo humano, estamos signados por la “Industrialización”. La maquinaria, la producción en serie de objetos de consumo, capitalización, finanzas y lo doméstico de nuestra existencia, están bautizados por los designios de este paradigma que nace, transformándonos, incorporando las ideas, creencias y compor-tamientos que llevan su insignia. En la actualidad ese paradigma de la industria-lización está mutando, ya que muchas subjetividades se formulan cada vez más, por fuera del sistema quedando incomprendidas. Aunque permanecer dentro del sistema es difícil ya que la infelicidad marca el destino del sujeto deseante de otra cosa.
Hoy por hoy aparecen en lo cotidiano, tres palabras cuyos significados son bordeados por las fisuras del paradigma. Estas tres palabras son:
Inseguridad, incertidumbre y ambigüedad.
La inseguridad es conocida por todos en el mundo, no sólo el delito en las calles sino atentados con bombas, fundamentalistas, kamikazes, auto-incineración, suicidio en sectas, refugiados, inmigrantes de países políticamente expulsivos, amenazas de bombas desde caseras hasta atómicas, fulguran en las redes sociales alertándonos que nada es seguro ni estable. Se suma a la inseguridad social, la económica y las teorías derrotistas, apocalípticas y catastróficas estimulan los estados de ansiedad generalizados que padecemos.
La incertidumbre es un “no sé” que no estamos acostumbrados a asumir. Lo queremos saber “todo”, impulsados desde los modelos enciclopedistas de acumulación de conocimientos hasta la Big-Data en donde el saber en Internet también es dudoso ya que cualquiera puede subir información des informante. Discursos escritos con modalidad investigativa son capaces de narrar necedades. ¿Qué subieron en Facebook, Instagram o twitter? ¿Llegaremos a fin de mes a pagar los gastos? ¿Encontraré trabajo? ¿Sobreviviremos a la falta de agua? ¿El planeta tierra desaparecerá tal cual lo conocemos? Las respuestas son: “no sé” y la sabiduría se torna un imposible.
La ambigüedad es definida como “Comportamiento, hecho, palabra o expresión que puede entenderse o interpretarse de diversas maneras”. Es decir, aquella percepción que tenemos nos desorienta en cuanto a lo informe, dudoso, que sugiere equívocos y que nos provoca lo críptico. Para aquellos que se formulan en “es un sí o no” o “Para mí es Blanco o Negro”… la ambigüedad les traerá aparejado la inhibición, superstición, prejuicio, y podría despertar en cada quién los aspectos más miserables de su personalidad.
Para los psicólogos con orientación psicoanalítica estas tres palabras, estos enigmas de la vida actual, no tienen por qué ser negativos. Al contrario, son motores para iniciar el camino acercándonos a nuestro inconsciente. Inconsciente definido como el dínamo del proceso de desarrollo tanto emocional como intelectual y en otras áreas como la creatividad, la imaginativa del poeta, la del juego como reservorio de la alegría de vivir, el vínculo como el ejercicio de compromiso y sujeción en simpatía con otros, la trascendencia. En definitiva: la pulsión de vida.
En ese camino de hacer consciente lo inconsciente, descubriremos los discursos paralizantes definidos como el reservorio de la compulsión a repetir los viejos traspié que inmovilizan. Por lo tanto: inseguridad, incertidumbre y ambigüedad son oportunidades para realizarnos en la apertura a un mundo nuevo que nos invita a renovar la manera de ser, constituyéndonos persona.

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