“Les presto mi casa a los directores a ver si aguantan dos días”
Entrevista a Oscar Cragno

Por Ubaldo Luna

La lucha contra la contaminación y los nauseabundos olores que provoca la fábrica de gelatinas Rousselot como parte de su proceso productivo es parte de la vida de muchos vecinos de Hurlingham. Uno de ellos, Oscar Cragno, desarrolla ese desigual combate contra la multinacional con sedes en Brasil, Estados Unidos y Europa desde hace décadas. Gran parte de esos años fueron durante gobiernos locales que no tomaron en cuenta e hicieron oídos sordos al reclamo de la gente.

Pero perder algunas batallas no los hizo desistir ni mucho menos abandonar la lucha. Hoy, Cragno y todos los alrededores de la fábrica disfrutan del bien preciado que representa el aire no contaminado por la pestilencia gracias a la clausura dispuesta por el Gobierno Municipal en marzo de este año
La Hora de Hurlingham dialogó con este vecino, uno de los rostros visibles de tantos que anóni-mamente le dijeron no a la contaminación de sus barrios.
“Nací en Hurlingham, vivo en esta casa hace casi cuarenta años, los mismos que pasamos padeciendo los malos olores y la calamidad que se vive gracias a la fábrica de gelatinas Rousselot”, cuenta, a modo de presentación.
Rousselot es una empresa de origen holandés, cuyas acciones hoy pertenecen a una empresa de Estados Unidos, aunque dependen de Brasil.
“Desde que fue clausurada, hace un mes y medio, que tenemos aire puro y los vecinos estamos todos contentos, porque vivimos un cambio. Ojalá perdure por toda la vida, pero tenemos dudas porque la Autoridad del Agua les dio certificación a la empresa y eso fue lo que presentaron a la Municipalidad”, relata el vecino. Y si bien tiene dudas respecto a esa certificación, confía en que el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) deniegue la Aptitud Ambiental como, asegura, les indicó el propio intendente Juan Zabaleta. “Por lo que la empresa tiene dos caminos, o hace las obras que tiene que hacer o busca otro lugar para la fábrica”, afirma, convencido.
“Si los directivos de la empresa supieran el daño que provocan en nuestra salud, respiratorios, nerviosos, porque uno está durmiendo y ese olor se impregna en uno, no se puede conciliar el sueño del olor nauseabundo que genera la fábrica. Las casas están impregnadas, hay gente con náuseas, vómitos. Todo es un problema ambiental. Y las casas se deprecian, lo dicen los propios rematadores de la zona, porque la gente que viene a ver una casa y siente el olor, sale espantada”, sintetiza sobre los que les tocó padecer y, espera, sea ya cosa del pasado.
Casualidad, o no, lo cierto es que otras plantas de la empresa no padecen la misma situación. “Esto no pasa ni en Holanda, ni en Francia o Brasil. Allí, las fábricas también están ubicadas en zonas residenciales, pero no pasa lo que acá. Las obras que no hacen acá, se ve que en otros países sí”, responde ante otro de los argumentos de la firma, que asegura que la planta existió antes que la misma Villa Tesei...
Hoy, con tantos años de persistencia, Cragno recuerda: “Pienso sólo en los vecinos, los que nos autoconvocamos, desde 2003. Esa vez nos movilizamos y logramos clausurar la empresa por 96 horas. Por los olores que ya por entonces se padecían. Ahora dicen que tienen la plata, pero se burlan de los vecinos. Les presto mi casa a los directores a ver si se aguantan dos días!”, concluye.

Una nueva clausura para la fábrica Rousselot
Medida de la Municipalidad ante el incumplimiento de la empresa
Por Ubaldo Luna

La decisión de la Municipalidad de Hurlingham de clausurar el proceso productivo de la empresa Rousselot de Villa Tesei fue ampliamente respaldada por los vecinos de los barrios afectados por la contaminación y los olores nauseabundos que emana la fábrica de gelatinas.


“Estamos muy satisfechos con lo determinado por el intendente Juan Zabaleta”, señaló Oscar Cragno, uno de los referentes de esta lucha barrial.
Esto se logró gracias a los reclamos constantes que llevamos, tanto a la Municipalidad, como al Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) como a la Defensoría del Pueblo. El intendente fue muy contundente cuando nos dijo que, si no terminan con los olores, la fábrica no abre más. Esperamos que se cumpla”, agregó el vecino en declaraciones periodísticas.
El Municipio comunicó a los vecinos su decisión el pasado 213 de marzo. Ese día, el jefe comunal se reunió con los vecinos para adelantar lo que se llevaría a cabo debido al “incumplimiento del plan de mejoras e inversiones pactadas de común acuerdo”, entre la firma y la comuna.
En anteriores oportunidades, la Municipalidad llevó adelante acciones como la demanda de inversiones, a la vez que se realizaron inspecciones rigurosas que llevaron a que el año pasado se realizara una clausura temporaria de la fábrica. En paralelo, el intendente radicó una denuncia por daño ambiental en un juzgado federal.
Del mismo modo, se elevó la demanda al OPDS y a la Autoridad del Agua (ADA), instituciones descentralizadas de la provincia de Buenos Aires competentes en la materia. Debido a que no se obtuvieron respuestas en aquel momento, también se solicitó la intervención de la Defensoría del Pueblo.
Con estas acciones, se logró que la empresa instale un lavadero de gases, que cubra el adensador de barros, que cierre el sector de desechos, que coloque nuevas canaletas y que instale un nuevo filtro de aire.
Frente a toda esta situación, y debido a que la empresa continúa generando malos olores, el Municipio realizó una nueva inspección junto al Juzgado de Faltas y clausuró nuevamente la fábrica hasta tanto no adecúe sus instalaciones y garantice a todos los vecinos la calidad de vida.
Los vecinos, en tanto, apuntan a medidas concretas, como la instalación de filtros y la colocación de tapas para “los piletones de grasa gigantes que hay a cielo abierto”, de acuerdo a Oscar Cragno.
Por su parte, el intendente Zabaleta sostuvo que “a la empresa no le va mal. Hicieron un paso de inversión, pero los olores continuaron. No se si los directivos de la empresa viven en Hurlingham, pero habría que ponerles una carpa enfrente de la fábrica. Que se queden un día con su familia a ver qué dicen de esos olores inmundos. Algunos empresarios nos hacen elegir. O ellos o los vecinos, y yo no tengo ninguna duda”.
Respecto a la posible pérdida de puestos de trabajo que podría acarrear la clausura, Zabaleta admitió que “claro que nos preocupa. Pero más debería preocuparle a la empresa, que es la responsable de esta situación”.