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Educar en la Naturaleza.

Por Margarita Rothenberg

Cuando llega la época primaveral nuestros sentidos perciben en plazas, jardines y veredas la coloración particular de ejemplares de plantas, arbustos y árboles en flor. También aromas exquisitos y, desde tempranas horas, el canto de diferentes especies de aves. Como un patrimonio que la Naturaleza nos delega espontáneamente, esta belleza está a nuestro alcance para favorecernos no solo desde lo estético: cada ser vivo, aun el más pequeño, forma parte de un equilibrio que no debiéramos romper. En los talleres que damos con el Proyecto Educativo Cave Canem (cuya propuesta central es sensibilizar hacia las otras vidas, cualquiera sea su forma) tratamos de llevar a los niños este mensaje: el respeto y la protección de la fauna y la flora. Los animales domésticos y silvestres con sus derechos, la valoración de las especies de plantas y árboles sin los cuales no habría vida sobre el planeta. A través de la observación de materiales (hojas, semillas, plumas, etc.) y fotos de aves, insectos y otros animales en escenarios naturales surge el diálogo espontáneo de los alumnos, y algunas preguntas de los integrantes del equipo orientan para que reflexionen sobre la importancia que tiene cada vegetal o animal sobre la Tierra. La propuesta es que los chicos vayan reforzando esta capacidad de empatía, y comprometiéndose a cuidar la Naturaleza. Y que lleven este mensaje a sus hogares. Mientras tanto deberíamos replantear qué sucede con el comportamiento de los adultos, con la normativa que debe regir para proteger a las especies vegetales y animales, desde el arbolado público hasta la fauna silvestre, que se comercia como mascotas. Mayor nivel de información y difusión para los ciudadanos, incluir en la educación formal de todos los niveles contenidos y acciones que traten la preservación de la Naturaleza, comenzando por la de su comunidad, podrían ser algunas alternativas para una verdadera convivencia con el entorno.

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Terapias alternativas
en animales.

Por Romina Scorza MP 12030

Estas terapias han ido ganando terreno, como propuesta curativa y preventiva, no solo para el hombre, nuestras mascotas también pueden gozar de sus beneficios.
Los animales fueron evolucionando a nuestro lado, nos encontramos con animales cada vez más humanizados, con mayor nivel de conciencia, lo cual hace que en la actualidad ellos sufran a la par de la familia.
De aquí nace la necesidad de buscar tratamientos complementarios para nuestras mascotas, que traten al ser vivo que sufre, no solo en lo físico sino también en lo emocional. Tenemos la posibilidad de gestionar emociones primarias como el miedo, la agresividad, la ansiedad, el estrés o depresión. Dentro de las terapias más usadas con que contamos se encuentra la Homeopatía.
El organismo tiene una tendencia natural al equilibrio, su mante-nimiento depende del correcto fluir de la energía vital. La enfermedad es un desequilibrio de esta energía, es aquí donde actúa la medicina homeopática, trabajando los síntomas individuales que aquejan a cada animal.
Flores de Bach es una terapia vibracional, no trabaja sobre el cuerpo físico sino sobre el sistema energético y emocional, tratando enfermedades, problemas de conducta y desequilibrios emocionales. No contienen sustancia química, por lo que es un sistema totalmente natural y atóxico.
La elección de cada fórmula depende de conocer bien al animal, las características de su especie y el ambiente familiar.
Acupuntura: inserción de pequeñas agujas en puntos específicos del cuerpo. Se basa en los mismos fundamentos que en humanos, los veterinarios especializados conocen los puntos meridianos de las mascotas sobre los cuales trabajar. Indicada en patologías como dolor artrósico, parálisis, etc. Otras terapias son el Reiki, osteopatía, terapia neural. Es importante aclarar que no se reemplaza la medicina convencional, sino que se complementan.
Nuestra mascota puede ser tratada con ambas terapias simultáneamente, pues es medicina no invasiva, natural y no causa efectos colaterales, por lo cual siempre mejora la calidad de vida de nuestras amadas mascotas.

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Primavera en nuestra ciudad.

Por Andrea Tripodoro*

Este mes llega la primavera y ya la vamos percibiendo: los árboles con sus tiernos brotes, las plantas regalándonos sus flores en miles de variedades y colores, flores que atraen a las abejas y otros polinizadores (colibríes, abejorros, murciélagos, mariposas, etc.) sin los cuales la vida en esta tierra no sería posible. Sugiero que a la hora de planificar nuestro jardín, parque o cantero, las plantas y árboles sean especies nativas para atraer a nuestra fauna autóctona.
En esta época plena de vida las aves comienzan a hacer sus cortejos de apareamiento y vemos como activamente durante el día trasladan ramitas, barro, juncos para armar sus nidos.
Esta época de primavera, más allá de ser maravillosa, trae consigo lluvias y tormentas a veces muy severas que pueden producir daños a nuestros hogares y también en los de nuestros “amigos alados”. Después de cada tormenta, y cuando todo haya pasado, te sugiero amigo lector que salgas a tu jardín o a la cuadra de tu casa y observes en el piso si algún nido o pichoncito ha caído y, si es así, trates de ayudarlos. Si el nido ha caído con los pichones, los padres estarán desesperados esperando los ayudes. La manera de hacerlo es tratar en lo posible de ubicarlo en el mismo lugar, si tenemos identificado donde estaba. Los padres se acercarán al ratito para seguir con su labor de alimentación y cuidados. Si por el contrario encontramos a un pichón, deberemos como paso fundamental identificar la especie y ayudarlo nosotros si los padres no están cerca. Salvar un ave no siempre es fácil, ya que puede tener días o semanas de nacido y, según la especie que sea, la alimentación y cuidados varían. Pero intentarlo es maravilloso, y si ese ave crece, poder liberarla y verla volar les aseguro que es una experiencia que todo ser humano debería vivenciar.
Las fotos que acompañan el texto son: de un colibrí bronceado alimentándose del néctar de una flor, y de un zorzal colorado, que rescaté el nido con sus 3 pichones que cayeron luego de una tormenta.

*Naturalista de Campo

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Lo silvestre en su hábitat.

Por Andrea Tripodoro - Naturalista de campo

Hoy les voy a hablar de un tema desconocido para la mayoría de las personas: el tráfico de fauna silvestre. En la actualidad es el tercer negocio ilegal más grande del mundo, situado después del tráfico de drogas y la trata de personas.
Cuando comprás una víbora, un mono, aves silvestres, iguanas, tortugas (sí, la famosa y simpática Manuelita está en peligro crítico de extinción en nuestro país) y un sin fin de otros animales, estás contribuyendo a que prolifere el tráfico. Por cada tortuga que llega a tu casa otras 20 o más murieron, ya que venían en el baúl de un coche hacinadas. Por cada bonita ave que comprás para encerrar en una jaula (y ¿disfrutarlo?) otras 100 se murieron, ya que venían en una jaula, y en el camino por el stress se picotearon hasta matarse. Te cuento una de las técnicas para atraparlos: colocan pegamento en los alambrados donde se posan para cantar; una técnica por demás cruenta. En el caso de los monos, por el pequeño que llega a tu casa los cazadores masacraron a toda su familia, ya que esta defiende a su cría de toda amenaza. Ejemplos como estos hay miles.
Los animales silvestres están protegidos por ley, y si vemos que están vendiéndolos en una veterinaria o en una feria (Ej: la famosa feria de Pompeya), tenemos que y debemos denunciarlo. Por eso te pido, amigo lector, que por favor antes de comprar un animal silvestre lo pienses y comiences a tomar conciencia de que si seguimos así extinguiremos a todos nuestros hermanos animales. Si querés disfrutar del amor y compañía de otro ser vivo, adoptá un perro, gato, hámster, cobayo o cualquier animal considerado domestico. Pero por favor, dejá a los silvestres en su hábitat para que nosotros y las generaciones futuras podamos disfrutar del canto de las aves en libertad, de la sorpresa de avistar un mono en Iguazú, de regocijarnos al ver un zorro en el monte, de observar una tortuga en el Chaco o que el sonido de la víbora cascabel nos alerte en una caminata. Por favor, cuidemos y defendamos a los silvestres. Ellos nos necesitan.

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Cuidar lo natural
Por Andrea F. Tripodoro - Naturalista de campo.

Cuando hace casi 8 años decidí mudarme a Hurlingham, y como buena Naturalista de profesión y alma fui profundamente atraída por esos árboles añejos que envuelven nuestras calles y en los cuales anidan muchísima variedad de aves, algunas de las cuales son sumamente raras de observar en otros lugares del gran Buenos Aires.
Con el correr del tiempo veía que la mayoría de la gente no sabía la belleza natural que teníamos en nuestro barrio y que para cuidar y proteger, hay que conocer. Buscando cómo hacer para educar, conocí gente que compartía mis convicciones, ganas y pasión, y formamos un maravilloso equipo llamado “Proyecto Educativo Cave Canem”. Nos pusimos al hombro la tarea de dar charlas en escuelas públicas de Hurlingham y alrededores sobre tenencia responsable de mascotas y cuidado de flora y fauna silvestre.
De esto ya hace 5 años y puedo dar fe que obtuvimos cosas maravillosas, desde que unos niños de 7 años ayudados por sus maestros escribieran una carta a las autoridades del Planetario para mejorar las condiciones de vida de una tortuga acuática, o que les dijeran a sus papás que tenían que castrar a sus perritas para que no haya más abandono de animales en la vía pública, hasta docentes que organizaron un trabajo final con láminas de fauna autóctona. UFF! Cada taller para nosotras es una nueva esperanza de que podamos entre todos cambiar y mejorar un poquito el mundo que nos rodea.
Mi mayor anhelo es que Hurlingham siga siendo ese lugar bello y verde en el que elegí vivir, y que cada día más vecinos cuidemos nuestra casa, que aprendamos a disfrutar nuestro pequeño oasis verde con todos los sentidos: escuchando el sonido que las aves nos regalan por la mañana, el croar de los sapos anunciando la lluvia, el sonido del viento entre los árboles… esos seres sin los cuales nuestra existencia no sería posible.
En los próximos artículos iremos dando detalles de la fauna y flora de nuestra ciudad porque conocer es cuidar.

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Festejar en armonía con la vida

Por Andrea Tripodoro*

Se vienen las fiestas, Navidad, Año Nuevo y con ello la celebración de nuevos comienzos, y al llegar las 12 de la noche de ambas festividades LA GUERRA. Esa sería la definición si un animal pudiera hablar ya que para lo que los humanos es un motivo de risas y alegrías para los animales domésticos y silvestres es un motivo de estrés y desesperación que puede conducirlos a la muerte. Los seres humanos sabemos que a las 12 de la noche comienzan los estruendos pero para los animales que nada saben de festejos (si así puede llamarse a llenar el ambiente de ruidos insoportables, humo y demás) es de golpe y sin previo aviso. Es sumergirlos en el caos sin que tengan comprensión de lo que ocurre ni sobre cuándo terminará esta verdadera tortura. Los animales tienen el oído muchísimo más sensible que los humanos por lo tanto el ruido los afecta terriblemente, nuestros perros y gatos pueden huir de la casa desesperados en busca de protección, jadean, se agitan, lloran, ladran, maúllan. En animales muy miedosos o ancianos puede llegar a ocasionarles la muerte.
Imaginen un ave en su nido, tranquilo descansando como todas las noches y de golpe y por horas la guerra estalla a su alrededor. Los adultos si están nidificando a veces huyen del nido dejando los huevos sin incubar por horas y estos huevos ya no serán viables, o si ya tienen pichones los dejarán sin protección por mucho tiempo expuestos a los peligros del entorno, incluso los estallidos pueden producir la muerte instantánea del pájaro adulto dejando toda una familia desamparada con un triste destino.
Creo que podemos y debemos festejar de otra manera, siendo más empáticos con todos los seres vivos y con el mundo que nos rodea, sin dañar ni contaminar el medio ambiente, enseñándoles a nuestros hijos, vecinos, amigos, familia, que el verdadero sentido de las fiestas es cada día intentar crear un mundo donde, en un futuro próximo, no haga falta escribir notas como esta.

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Crece desde el pie.

Por Margarita Rothenberg

Quienes formamos Proyecto Educativo Cave Canem nos ocupamos de la prevención de violencia a través de la empatía hacia los seres vivos. Nuestra actividad se desarrolla en instituciones relacionadas con niñez y adolescencia. Cuando nos acercamos a un grupo de niños para dar nuestros talleres, los referentes adultos que trabajan con ellos (docentes, coordinadores, etc.) se suman espontáneamente, integrando todos un equipo. Con la práctica fuimos descubriendo que solo así se asegura la llegada del mensaje que deseamos transmitir, sobre el cuidado de la Naturaleza, el respeto hacia quienes nos rodean, en definitiva, la empatía. Un proverbio asevera que para educar a un niño hace falta la tribu entera. Es la continuidad de cada taller en la institución educativa y sobre todo en la familia lo que refuerza nuestra labor: todos tenemos algo para aportar educando. Creemos que cuanto antes se inicie esta sensibilización hacia todo ser vivo, más posibilidades tenemos de prevenir la violencia interpersonal. Estudios científicos sobre esta temática respaldan el proyecto. Por este motivo visitamos además de escuelas primarias, jardines de infantes e instituciones con población de primera infancia. En concreto, algo tan simple como sembrar una semilla en un puñado de tierra, da a los niños una enorme responsabilidad. Se trata de brindarle las condiciones para que pueda evolucionar hacia una planta nueva. Las necesidades de este pequeño ser se replican, con ciertas variantes, en las obligaciones hacia las mascotas (alimento, hábitat adecuado, atención médica, afecto). Y finalmente llegamos a lo que todo ser humano requiere para desarrollarse íntegramente: ponemos énfasis en el respeto, y los valores que favorecen las relaciones interpersonales. Así, desde la plántula que genera un grano de maíz hasta cada integrante de su comunidad podemos establecer una línea de empatía, que como dice una hermosa canción “Crece desde el pie”. Y con la participación de toda la tribu.

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Tener mascotas, ser responsable.
Por Romina Scorza MP 12030

Me gustaría reflexionar sobre una situación que hace tiempo me preocupa y entristece. Como veterinaria en el distrito desde hace 6 años, dedicada a la difícil tarea de la urgencia y cuidados intensivos, recibo diariamente un gran número de animales mordidos (perros y gatos), pacientes con lesiones tan importantes que en muchos casos terminan con la vida del animal. Luego me toca afrontar otra difícil tarea: contener a una familia frente al dolor que genera decirle adiós a su mascota, no por vejez o enfermedad, sino por una situación de negligencia e irresponsabilidad. Esto me lleva a reflexionar acerca de un importantísimo concepto: “La tenencia responsable de animales” y en esta oportunidad hablar de la tenencia responsable de las llamadas “razas potencialmente peligrosas”: pit bull, rottwailler, doberman, ovejero, bull terrier etc. y sus cruzas. Escucho relatos como: “El pitbull de mi vecino entró en casa y atacó a mi perro” o “Lo sueltan todas las mañanas”. La ley 4078 explica claramente que estos animales solo deben pasear por la vía pública provistos de bozal y sujetos con una correa corta no extensible, de 2 M. como máximo, garantizar en la propiedad privada un cerramiento adecuado para proteger a las personas que se acerquen desde el exterior y para evitar el escape a la calle. Los propietarios deberán identificarlo, registrarlo, contar con un permiso de tenencia y un seguro de responsabilidad civil que cubra daños o lesiones que puedan producir a terceros. Podemos decir que no hay perros agresivos, sino dueños irresponsables. Y que a pesar de contar con la legislación necesaria, sigue fallando la educación, hay desinformación, falta de conciencia social y control seguido de la sanción correspondiente. Hoy agradezco ser parte de un equipo de personas que lleva con pasión y convicción un gran proyecto, una tarea fundamental que es “educar”: Proyecto Educativo Cave Canem. Nos presentamos en escuelas públicas y privadas de Hurlingham, dando charlas a niños, adolescentes y adultos sobre TENENCIA RESPONSABLE DE MASCOTAS Y CUIDADO DE FLORA Y FAUNA SILVESTRE. Así aportamos nuestro granito de arena. Nuestra misión: sembrar desde niños la empatía y responsabilidad hacia estas criaturas que nos enseñan a amar, aun a veces, sin ser ellos amados.

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Un mito otoñal.
Por Margarita Rothenberg

Hurlingham es un espacio geográfico privilegiado por la presencia de especies arbóreas de gran belleza desde el punto de vista estético, y emblemáticas desde una mirada histórica. Veredas, plazas y jardines particulares cuentan con ejemplares que sería extenso enumerar, y que cumplen funciones esenciales como proveer de oxígeno, albergar variedad de aves y pequeños animales, moderar el efecto de los vientos, componer un paisaje armónico y agradable a la vista. Año tras año somos testigos de un mito: “Cuando llega el otoño hay que podar.” Con el argumento de evitar la presencia de hojas en las veredas se procede a mutilaciones que ponen en riesgo la sanidad del ejemplar dañado y deforman para siempre su estructura original. Las fotos que ilustran la nota muestran dos ejemplares de tilo, a pocas cuadras de distancia: los efectos dañinos están a la vista. Las razones para la poda son limitadas y tienen que ver con la prevención: cuando sus ramas tocan cableado, ponen en riesgo personas o instalaciones por caída de ramas, o por razones sanitarias. Esta práctica debe estar a cargo de personal idóneo. La época propicia, si fuese inevitable, es junio, julio, agosto, cuando los árboles se encuentran en estado de latencia por las bajas temperaturas. De esta manera, se reduce el riesgo de enfermedades. La ordenanza municipal 0297 (1.997) con su modificación del año 2.008, habla de la prohibición de poda indiscriminada, tala y erradicación de arbolado público. Se hace imprescindible dar difusión a la norma, pero sobre todo educar a nuestros ciudadanos para que el respeto y protección de los árboles sean una responsabilidad comunitaria. Desde el equipo de Proyecto Educativo Cave Canem enseñamos a niños de diferentes instituciones, y a través de ellos a los adultos, que un mundo sin árboles es un mundo sin pájaros, sin oxígeno, sin frutos, sin flores. Sin vida.

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