La Naturaleza

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Un mito otoñal.
Por Andrea F. Tripodoro - Naturalista de campo.

Hurlingham es un espacio geográfico privilegiado por la presencia de especies arbóreas de gran belleza desde el punto de vista estético, y emblemáticas desde una mirada histórica. Veredas, plazas y jardines particulares cuentan con ejemplares que sería extenso enumerar, y que cumplen funciones esenciales como proveer de oxígeno, albergar variedad de aves y pequeños animales, moderar el efecto de los vientos, componer un paisaje armónico y agradable a la vista. Año tras año somos testigos de un mito: “Cuando llega el otoño hay que podar.” Con el argumento de evitar la presencia de hojas en las veredas se procede a mutilaciones que ponen en riesgo la sanidad del ejemplar dañado y deforman para siempre su estructura original. Las fotos que ilustran la nota muestran dos ejemplares de tilo, a pocas cuadras de distancia: los efectos dañinos están a la vista. Las razones para la poda son limitadas y tienen que ver con la prevención: cuando sus ramas tocan cableado, ponen en riesgo personas o instalaciones por caída de ramas, o por razones sanitarias. Esta práctica debe estar a cargo de personal idóneo. La época propicia, si fuese inevitable, es junio, julio, agosto, cuando los árboles se encuentran en estado de latencia por las bajas temperaturas. De esta manera, se reduce el riesgo de enfermedades. La ordenanza municipal 0297 (1.997) con su modificación del año 2.008, habla de la prohibición de poda indiscriminada, tala y erradicación de arbolado público. Se hace imprescindible dar difusión a la norma, pero sobre todo educar a nuestros ciudadanos para que el respeto y protección de los árboles sean una responsabilidad comunitaria. Desde el equipo de Proyecto Educativo Cave Canem enseñamos a niños de diferentes instituciones, y a través de ellos a los adultos, que un mundo sin árboles es un mundo sin pájaros, sin oxígeno, sin frutos, sin flores. Sin vida.

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Cuidar lo natural
Por Andrea F. Tripodoro - Naturalista de campo.

Cuando hace casi 8 años decidí mudarme a Hurlingham, y como buena Naturalista de profesión y alma fui profundamente atraída por esos árboles añejos que envuelven nuestras calles y en los cuales anidan muchísima variedad de aves, algunas de las cuales son sumamente raras de observar en otros lugares del gran Buenos Aires.
Con el correr del tiempo veía que la mayoría de la gente no sabía la belleza natural que teníamos en nuestro barrio y que para cuidar y proteger, hay que conocer. Buscando cómo hacer para educar, conocí gente que compartía mis convicciones, ganas y pasión, y formamos un maravilloso equipo llamado “Proyecto Educativo Cave Canem”. Nos pusimos al hombro la tarea de dar charlas en escuelas públicas de Hurlingham y alrededores sobre tenencia responsable de mascotas y cuidado de flora y fauna silvestre.
De esto ya hace 5 años y puedo dar fe que obtuvimos cosas maravillosas, desde que unos niños de 7 años ayudados por sus maestros escribieran una carta a las autoridades del Planetario para mejorar las condiciones de vida de una tortuga acuática, o que les dijeran a sus papás que tenían que castrar a sus perritas para que no haya más abandono de animales en la vía pública, hasta docentes que organizaron un trabajo final con láminas de fauna autóctona. UFF! Cada taller para nosotras es una nueva esperanza de que podamos entre todos cambiar y mejorar un poquito el mundo que nos rodea.
Mi mayor anhelo es que Hurlingham siga siendo ese lugar bello y verde en el que elegí vivir, y que cada día más vecinos cuidemos nuestra casa, que aprendamos a disfrutar nuestro pequeño oasis verde con todos los sentidos: escuchando el sonido que las aves nos regalan por la mañana, el croar de los sapos anunciando la lluvia, el sonido del viento entre los árboles… esos seres sin los cuales nuestra existencia no sería posible.
En los próximos artículos iremos dando detalles de la fauna y flora de nuestra ciudad porque conocer es cuidar.

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