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La violación.
Por Ana Bragaccini
Facebook: Foro de Genero de Hurlingham
E-mail: forodegenerohurlingham@gmail.com

Este es un mundo en el que todo le indica a la mujer que su libertad de circulación, y su misma libertad de existir, está comprometida.

Hoy nos proponemos reflexionar sobre la violación como delito contra la integridad sexual de una persona. Se refiere a un acto sexual no consentido por la víctima, la que ha sido forzada a hacerlo ya sea en forma física o moral.
Es necesario establecer que existen, al menos, dos posturas antagónicas frente a la comprensión de qué tipología encuadra a estos delitos. Una tendencia sostiene que corresponden a personas con "personalidad psicopática". El psiquiatra y médico forense Miguel Ángel Maldonado indica que éstos sujetos padecen un "desorden de la personalidad, sádicos, perversos, gozan con el sufrimiento ajeno y no tienen remordi-miento ni culpa. Suelen tener una segunda vida y se mimetizan con la sociedad con gran facilidad". Y agrega: “Desde hace muchos años, insistimos en que el violador es reincidente entre un 95% y un 98% de los casos”. Así mismo, considera que "son irrecuperables", ya que recuerda que "no hay terapia que permite insertarlos en la sociedad, porque que tarde o temprano vuelven a delinquir". José Manuel Ayllon, presidente de la Asociación de Delitos Violentos de Madrid, subraya la reincidencia y adhiere a la postura de la imposibilidad de resocializar violadores y agre-sores sexuales. Propone que después de haber cumplido la condena debe ser sometido a seguimiento y control permanente. Explicita que estas personas son enfermas crónicas, no se curan, pero sí se controlan, aplicando la postura que se sostiene ante el alcoholismo.
La otra tendencia sustenta, en palabras de Eugenio Zaffaroni, entre otros/as, que no todos los violadores son reincidentes ni psicópatas sexuales. Cesar San Juan Profesor de psicología criminal de Barcelona, reconoce también la alta reincidencia en el delito de violación pero respalda la potencial recuperación y la posibilidad de resocialización aunque reconoce que aún no se sabe todo lo necesario para poder rehabilitar a los agresores sexuales.
Las dos posturas sostienen y son coincidentes en que los violadores son plenamente imputables, porque pueden decidir no hacerlo, pero lo hacen igualmente, luego deben ser procesados y condenados y que, en una gran mayoría, son reincidentes en el delito. Esta alta reincidencia coloca a toda la sociedad y a la mujer en especial en estado de peligro.
Las diferencias y los interrogantes se instauran cuando se trata de definir y responder: ¿Son todos psicópatas sexuales? ¿Cuáles deberían ser las penas? ¿Son resocializables? ¿Cuáles los tratamientos y cómo se implementa dicha reinserción?
Por estas razones y multiplicidad de interrogantes es que se trae a consideración y análisis, una tercera posición, en la amplia y especial visión de Rita Segato, antropóloga especialista en temáticas de género, que propone repensar la violencia de género y la violencia sexual como parte de un conjunto de relaciones de poder. Un análisis polémico, duro y complejo sobre los violadores, sobre la sociedad patriarcal y sobre una estructura de derecho que sigue pensando a la justicia sin vincularla a las relaciones sociales de dominación. Sintetizamos sus ideas cuando expresamos: Es importante entender que los crímenes sexuales, no son similares ni equiparables al resto. El crimen sexual es un crimen del poder. Ahora bien, ¿Qué se hace con una persona que comete un crimen de violación sexual? En principio, es obligatorio y es un acto de fe indispensable para la historia, pensar que todo ser humano puede cambiar. Es muy difícil a veces, y en el caso de la violencia sexual, más aún. Pero es fundamentalmente ético pensar que revisar actos y desinstalar chips de programación que hacen actuar de una determinada forma y que dañan al mundo, es posible. En el acto de violación hay una libido dirigida no al deseo ni al cuerpo de la víctima sino al poder. Se diría que hay dos ejes en la relación de la violación: uno es el eje moralizador, castigador, punitivo, con relación a la víctima y el otro es un eje de exhibicionismo indispensable, del violador frente a los otros hombres que son sus “otros” significativos. Hay que corregir, por tanto, el sentido común, el imaginario colectivo sobre este tema. Por lo tanto, no hay receta fácil. Lo que sí se sabe es que ni la cárcel, ni la castración química, ni la pena de muerte, ni la cadena perpetua resuelven el problema.
Un intrincado, enmarañado y urgente tema a estudiar y resolver porque la integridad fí-sico/psíquica y la libertad de todas las mujeres siguen estando en riesgo.
Ninguna cuestión está cerrada, nada está terminado. Nos reconocemos como seres inacabados e inconclusos en una realidad que está siendo y es tan inacabada como nosotrxs mismxs.

Extraído de la entrevista realizada por Reynaldo Sietecase - 14/04/2017
http://www.lavanguardiadigital.com.ar/index.php/2017/04/14/rita-segato-la-violacion-es-un-acto-de-poder-y-de-dominacion/

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Ni una menos. Basta de violencia machista y de violencia estatal

Por Foro de Género
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El próximo 3 de junio nos encontrará nuevamente a mujeres de todos lados y de diferentes identidades, a las 16hs en el Congreso para marchar hacia Plaza de Mayo, impulsadas por la convocatoria del colectivo NI UNA MENOS, que nació en el 2015 con un grupo de periodistas, artistas y activistas y al que se fueron sumando cada vez más mujeres.
La violencia de género, no es una cuestión del ámbito privado, sino que es una problemática socio cultural en la que el Estado debe intervenir, por eso salimos juntas a reclamar por nuestros derechos, en un contexto de incremento de la pobreza y desigualdad social, donde el desmantelamiento de programas sociales, a la vez que la reducción del presupuesto al Consejo Nacional de las Mujeres, son decisiones políticas planificadas, entre otras, que agravan las condiciones de vulnerabilidad de niñas, adolescentes y mujeres. También exigimos una reforma judicial, porque que si es patriarcal, no es justicia, sino impunidad.
Son muchos los reclamos y muchas lxs cuerpxs y las voces ¡Para luchar contra el patriarcado nos organizamos, y para eso nos necesitamos!
Compartimos las palabras de las compañeras del colectivo NI UNA MENOS, que a través de las redes sociales, nos invitan a todas a ser parte de esta movilización:
“Nos endeudan para someternos para disciplinarnos, mientras hace pocos días marchamos en contra de la impunidad del 2x1. Este gobierno nos endeudó en más de 22 mil millones de dólares, en una clara línea de continuidad con la política económica de la última dictadura cívico militar. El miedo no nos gana, este 3 de junio, nos vemos en la calle”
“Recuerdo la primera movilización del NI UNA MENOS, donde llena de lágrimas en los ojos, comprendí que no estaba sola, que éramos muchas y que juntas íbamos a poder. Hoy ya salí de esa situación de violencia, te quiero decir a vos mujer, que no estás sola, que de esto se puede salir. Por eso es que el 3 de junio, te invito, todas a la calle”
“Las prácticas que violentan nuestros cuerpos en el momento de parir intentan amedrentarnos y disciplinarnos. Pero el miedo no va a paralizarnos, porque queremos disfrutar de nuestra sexualidad sin ataduras. Porque no queremos una muerte materna más, y porque queremos que la experiencia de parto sea una experiencia de amor y no de violencia. Por eso, las trabajadoras de la salud el 3 de junio, salimos a la calle”
“Las violaciones son siempre disciplinantes por intentarnos someter al poder del otro y por intentar mantenernos dentro de los márgenes de lo que se espera de nosotras. En el caso de las lesbianas, cobra la forma de una violación correctiva, en la medida que intentan someternos al régimen heterosexual. Higui está presa por intentar defenderse de una violación correctiva y como ella hay muchas otras. Es por eso que es preciso, sentar jurisprudencia respecto de este tipo de agresiones hacia nuestros cuerpos. Por la libertad y absolución de Higui, el 3 de junio, nos vemos en las calles”
“Hace dos años, en el barrio, no nos juntábamos, ni para conversar en la esquina. Hoy nos organizamos porque cada 18 horas matan a una de las nuestras y todavía no sabemos como pararlo, pero también, hace dos años, la doña de la esquina, no tenía idea de la palabra feminismo, hoy está viendo, como movilizar la semana que viene. Tratamos de estar juntas. Este 3 de junio, nos vemos todas en la calle. NI UNA MENOS, VIVAS NOS QUEREMOS”.
Te esperamos el 3 de junio, y los demás días para acompañarnos, aprender, crecer, y fortalecernos entre todas. Y para construir una sociedad libre de violencia.

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Nunca, nunca es fácil ser mujer

Por Foro de Género
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Ser niña.
Ser mujer/adolescente. Ser mujer/joven.
Ser mujer/adulta.
Ser mujer/adulta mayor

“Y el tiempo pasa. Cuando tenía 12 años, mi padre me espió mientras me bañaba, poco tiempo después saliendo él de la ducha, `se le cayó´ el toallón con el que se había cubierto de la cintura para abajo.
Siempre hasta que me fui, tenía una rara forma de demostrarme amor: a los golpes. Creo que también era una manera de tocarme y no tener culpa.
Tenía 13 cuando caminando con una amiga por el barrio, un tipo que venía en sentido contrario me tocó las tetas con las dos manos. Por esa época, otro en el tren Urquiza, se sentó al lado mío y se masturbó.
Ya en el secundario regresando a casa en horas del mediodía un muchacho arriba de una bicicleta enarbolaba el sexo a unos metros delante mío, no aminoré el paso y tuve la suerte que en camino había un cajón roto, tomé una tabla que tenía un clavo al aire y, sin inmutarme seguí caminado. Se fue, pero juro que estaba dispuesta a clavárselo justo ahí.
No puedo contabilizar las veces que me dijeron barbaridades, algunas acompañadas por gestos obscenos.
Fue ya en la univer-sidad cuando un noviecito me vino a ver en casa de una amiga. Estábamos solos. Y él creyó que eso era una señal inequívoca de que quería tener relaciones. Intentó hacerlo y como opuse resistencia intentó violarme. Los gritos y las trompadas con que me defendí, fue para ese sujeto señal de que era una ¨chica buena” y me pidió perdón. Lo mandé a la puta madre que lo parió.
Era un infeliz lleno de tabúes y esquemas más viejos que la naftalina y como corresponde había tenido gonorrea y hecho abortar a otra chica “mala”.
Después me casé. Cuando quedo embarazada de mi primer hijo, mi marido me pide que deje de trabajar para así poder criarlo como corresponde, le respondí que de ninguna manera iba a serlo que yo no iba a dejar en manos de nadie la independencia relativa que me daba tener un sueldo.
Se sintió mal porque decía que era evidente que yo no me entregaba nunca del todo.
Y sí, tenía razón. ¿Qué es eso de entregarse? Alguien acorralado se entrega a ¿sus captores? ¿Sus jueces? ¿A la justicia? ¿Cómo? ¿Con las manos atadas, con miedo, por debilidad, por autocompasión? Porque alguien medianamente libre tendría que entregarse a otro, ¿el amo? ¿El dueño de los días? ¿El proveedor de bienes? Me divorcio años después.
Entre los 35 y los 50, tuve otra pareja que se ponía cachondo cuando los hombres me miraban con ganas. Supongo, y haciendo uso ilegal del psicoanálisis, que se sentía el macho conquistador, el más más. (Y estaba buena, la guacha: yo). Y ahora quería “carne fresca”. O sea ternera, no vaca vieja. Así no más, al más puro estilo neandertal donde era importante tener hijos para que el animal humano no desapareciera. ¿Cuántos viejos están con jóvenes? Un montón, sobre todo cuando hay mucho dinero y poder.
Y entonces cuando ya no soy apetecible, comestible y deseable, esa pareja de casi treinta años, se aleja, primero sexualmente, y después, defini-tivamente.
Es que él era hombre cuando se medía con otros.
En tanto el tiempo pasa y la soledad impera, no de la pareja, no del hombre, de la mujer, sino de la sociedad que aísla, aparta a las viejas y los viejos porque no oyen, porque son lentos, porque tienen arrugas, porque no son comestibles.
La violencia de género tiene muchas caras, desde las más terribles: la asesina, la golpeadora, la humillante, hasta la sutil de una sociedad hipnotizada de selfies. De gente linda que anda por la vida, usando la tecnología para retratar el mundo personal como si fuera de importancia superlativa para el resto de los congéneres que no conoce, que no se preocupa por conocer.
En fin, ser mujer no es fácil, por eso es bueno tener a mano la propia vida”

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Ahora que estamos juntas, ahora sí que nos ven.

“Qué habría sido de las mujeres en el patriarcado sin el entramado de mujeres alrededor, a un lado, atrás de una, adelante, guiando el camino, aguantando juntas. ¿Qué sería de nosotras sin nuestras amigas? ¿Qué sería de las mujeres sin el amor de las mujeres?” (“Pacto entre mujeres, sororidad”, Marcela Lagarde)
Ese miércoles 8 de marzo no comenzó igual que cualquier otro miércoles de marzo. Desde muy temprano comenzaron a llegar los saludos de buenos días de las compañeras, seguidos de un “¿Dónde nos encontramos hoy?”, el día había llegado.
Desde hacía meses, veníamos palpitando lo que sería el Primer Paro Internacional de Mujeres. Mujeres de todo el mundo, de más de 50 países nos autocon-vocábamos a salir a las calles, a caminarlas, a encontrarnos y a proponernos (¿Por qué no?) por unas horas que la tierra tiemble bajo nuestros pasos.
“Luchar con la compañera le gusta a usted, le gusta a usted…” resonaba en cada una de nuestras mentes camino a la estación. Las mujeres conurbanas arrancamos la jornada con un “trenazo”, porque cuando decimos que “estamos organizadas” no es sólo una simple expresión, la propuesta ya era un hecho, mujeres de todo el conurbano llenando los trenes de color, de canto y de gritos de consignas, nos encaminábamos hacia el Congreso.
Las miradas cómplices, los abrazos compañeros y el sonido de los bombos acompañaron el inicio de la marcha, miles de mujeres con pancartas, banderas y pañuelos verdes comenzaron a avanzar por las calles porteñas, hablando de paros ¿Quién nos podría parar ahora?
¿Por qué paramos? Nos preguntan… Paramos porque no queremos ni una muerta más por violencia machista, porque el aborto clandestino aún sigue matando a cientos de mujeres, porque queremos que se sepa que las tareas domésticas y de cuidado, que mayormente está a nuestro cargo, también es un trabajo y no está remunerado.
Paramos porque estamos cansadas de tener miedo al salir a la calle, pero también paramos porque el hogar continúa siendo el espacio más inseguro cuando se convive con la violencia. Paramos porque las políticas neoliberales afectan puntualmente a las mujeres, ensanchando las brechas salariales y aumentando la pobreza.
Las mujeres paramos porque denunciamos la responsabilidad del Estado. Porque llega tarde después de cada femicidio. Porque a la policía la perturba más que una compañera desabroche su corpiño a que un violador se baje el pantalón.
Paramos porque lo personal también es político.
Las luces de la Plaza de Mayo anunciaban el final de la jornada, sin embargo los abrazos y los cantos no cesaban, las piernas estaban ya un poco más cansadas pero aún con la firme convicción de que había mucho por caminar. Porque las cosas no están bien, porque sabemos muy bien que los derechos conquistados arrancaron con una pancarta en alguna plaza, porque nos queremos vivas pero también libres.
De a poco nos vamos alejando del centro de la ciudad, retornando a las calles conurbanas. Volvemos las mismas que fuimos, pero ahora distintas, empoderadas, hermanadas, enlazadas. Comprendimos en esta histórica jornada que si estamos juntas, seguro nos van a ver, que de esa forma poco a poco el patriarcado se va a caer y que si seguimos con esta lucha en algún futuro, esperemos no tan lejano, el feminismo finalmente va a vencer.