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La importancia del uso de un lenguaje inclusivo y no sexista
Por Merlina Castro

¿Por qué es importante hacer uso también del femenino en el lenguaje, aparte del masculino? (ejemplos: todas y todos, niñas y niños, madres y padres, las y los docentes, etc) ¿Por qué es importante llamar a las mujeres por su nombre y no por el parentesco con algún hombre (como por ejemplo, como“la esposa de”)?

¿Por qué es importante utilizar términos que no mencionen a un único género?
Porque mediante el lenguaje vamos aprendiendo y construyendo al mundo, y porque como plantea el profesor, escritor, crítico y teórico de la literatura y de la cultura, George Steiner “lo que no se nombra no existe”. Cuando nos comunicamos entonces, podemos reproducir la violencia hacia las mujeres al ocultarlas, subordi-narlas, infravalorarlas, y excluirlas, o bien, podemos representar a las mujeres y evitar la discriminación.
“Es sabido que quien tiene el poder es quien da nombre a las cosas (y a las personas)” plantea la filósofa feminista y ensayista española Cecilia Amorós, y “el lenguaje, la palabra, es una forma más de poder, una de las muchas que nos ha estado prohibida", plantea la psicóloga y escritora española Victoria Sau, quien también afirma que “el lenguaje es un buen ejemplo del sexismo cultural vigente (…) El mundo se define en masculino, y el hombre se atribuye la representación de la humanidad entera”. Por lo tanto, y de acuerdo a lo que sostiene Sonia Santoro, periodista y escritora argentina especializada en género y comunicación, “la lengua no es neutra y refleja la relación de los sexos en la sociedad y la posición de la mujer en dicha relación. La lengua es el espejo en el que la sociedad se refleja. El predominio de lo masculino en la sociedad significa que lo masculino determina el uso de la lengua”.
De modo que, trans-formando nuestro lenguaje, contri-buimos a transformar nuestra sociedad para terminar con la desigualdad.
Tomando las palabras expresadas por la filóloga y docente Teresa Meana Suárez, “decir niños y niñas o madres y padres no es una repetición, no es duplicar el lenguaje. Duplicar es hacer una copia igual a otra y éste no es el caso. La diferencia sexual está ya dada, no es la lengua quien la crea. Lo que debe hacer el lenguaje es nombrarla, simplemente nombrarla puesto que existe. No nombrar esta diferencia es no respetar el derecho a la existencia y a la representación de esa existencia en el lenguaje”.


Hablemos del acoso callejero

Por Merlina Castro

El acoso callejero es una de las maneras en que se expresa la violencia de género, que afecta a las mujeres (por el solo hecho de serlo) desde muy jóvenes y de manera sistemática y cotidiana, en los espacios públicos, como en la calle, y en los transportes públicos. Es una forma de dominio del cuerpo de las mujeres por parte de muchos hombres que consideran tener derecho a interceptarlas, intimidarlas y emitir una opinión sobre ellas. Es violencia simbólica, que generalmente no se reconoce como tal, está invisibilizada, ya que se considera “natural” y es aceptada por la mayor parte de la sociedad como si fuera un comportamiento “normal” e inevitable de los hombres, y se puede dar de distintas maneras: con miradas, gestos, posturas, silbidos, insultos, obscenidades, con los mal llamados “piropos” o “chistes”. Hasta puede llegar al manoseo y el exhibicionismo. Todos estos tipos de acosos, son formas de violentar los cuerpos de las mujeres, y constituyen una limitación a su libre circulación y movilidad en los espacios públicos, vulnerando sus derechos.
El acoso callejero, como sucede con el resto de las manifestaciones de la violencia machista, no es algo que se desee, ni que sea provocado por la actitud o vestimenta de las mujeres. Se debe a una serie de valores y comportamientos aprendidos culturalmente en el marco de la sociedad patriarcal en la que vivimos y que construimos, y que deben desnaturalizarse, repudiarse denunciarse, pero también modificarse para lograr erradicar la violencia de género en todos sus niveles.


Algunos registros acerca de la violencia machista

Por Merlina Castro

La violencia por motivos de género hacia las mujeres (violencia ejercida hacia las mujeres por el solo hecho de ser mujeres), también llamada violencia sexista o machista, ha estado presente a lo largo de toda la historia de la humanidad y ha adquirido distintas características de acuerdo a culturas y momentos históricos determinados.


Se constituye como una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales y atraviesa a todos los sectores de la sociedad independientemente de su clase, grupo étnico, nivel educacional o de ingresos, cultura, edad o religión.
A continuación se presentarán algunas consideraciones, estadísticas y cifras que se registran en recientes investigaciones realizadas, para aproximarnos al conocimiento de algunas de las particularidades de esta problemática, y haciendo referencia específicamente a la violencia contra las mujeres en el ámbito doméstico:
“Cada 18 segundos una mujer es maltratada en el mundo, según datos de Naciones Unidas. Y al menos una de cada cinco es víctima de malos tratos en su propio hogar” según la OMS (Organización Mundial de la Salud), que además plantea que “la violencia contra la mujer -especialmente la ejercida por su pareja y la violencia sexual- constituye un grave problema de salud pública y una violación de los derechos humanos de las mujeres”.
En cuanto a nuestro país, “los informes de las distintas instituciones de asistencia a las víctimas de violencia señalan que las víctimas son mujeres en su amplia mayoría, que quienes han ejercido violencia sobre ellas son varones, en su gran mayoría exparejas o parejas actuales. Entre diciembre de 2013 y febrero de 2014 las estadísticas de denuncias muestran que una cifra cercana al 80 % de las personas afectadas corresponde al sexo femenino (incluyendo un segmento de niñas que va de un 14 a un 16 % según el mes), mientras que los denunciados son varones en un porcentaje cercano al 80 %. Asimismo, los datos manifiestan que en la mayoría de las denuncias efectuadas (entre un 39 y un 42 % según el mes) la relación entre la persona afectada y el denunciante es de expareja; en segundo orden, la situación es de pareja actual. Similares datos surgen de analizar la asistencia dada ante situaciones de violencia doméstica entre octubre de 2012 y marzo de 2013 por la Defensoría General de la Nación del Ministerio Público de la Defensa (asesoramiento, derivación y prioritariamente patrocinio jurídico) a 469 personas de las 1330 que se presentaron en mesa de entradas. Casi la totalidad de las personas asistidas se identificaron como mujeres (466). Adicionalmente, se dio asistencia a tres varones, todos ellos menores de 18 años, hijos/as de las consultantes. Con respecto a la persona denunciada, el 95 % fueron varones (211 casos), cuyo vínculo con la persona agredida es en su mayoría el de 'exconcubinos' (Defensoría General de la Nación, 2013). (Fuente: INFORMES INADI. Buenas Prácticas en La Comunicación Pública. Violencia de género. 2011).
Por otro lado, según nos indica el Informe de Investigación de Femicidios en Argentina, a cargo de La Asociación Civil La Casa del Encuentro, correspondiente al año 2013, en el cual se registraron para ese año 295 “Femicidios y Femicidios Vinculados” de mujeres y niñas, cada 30 horas muere una mujer por violencia sexista en Argentina. La figura de Femicidio, incorporada en nuestro Código Penal en el año 2012 con la sanción de la ley 26.791, es entendida como, “una de las formas más extremas de violencia hacia las mujeres, es el asesinato cometido por un hombre hacia una mujer a quien considera de su propiedad”. Y el “Femicidio Vinculado”, término definido por La Casa del Encuentro, hace referencia a las acciones del femicida para consumar su fin, ya sea matar, castigar o destruir psicológicamente a la mujer. “En esta definición se registran dos categorías: personas que fueron asesinadas por el femicida, al intentar impedir el Femicidio o que quedaron atrapadas 'en la línea de fuego', y personas con vínculo familiar o afectivo con la mujer, que fueron asesinadas por el femicida con el objeto de castigar y destruir psíquicamente a la mujer a quien consideran de su propiedad”. De acuerdo al mismo informe de La Casa del Encuentro sobre los Femicidios:
“El 63 por ciento fueron perpetrados por esposos, parejas, novios o amantes (38 por ciento) y ex parejas o ex novios (25 por ciento), una proporción que se mantiene en relación con otros años. En el resto de los hechos, los sospechosos o autores son otros familiares, vecinos o personas sin vínculo aparente con la víctima”.
“El lugar más peligroso sigue resultando el propio hogar más que la vía pública para las víctimas de violencia de género: el 52 por ciento de las víctimas fue asesinada en la vivienda que compartía con el agresor (79 casos) o en la de ella (79 casos)”.


¿Qué es el ciclo o círculo de la violencia?
Por Merlina Castro

Una de las particularidades de la problemática de la violencia conyugal y en los noviazgos, es que la violencia hacia la mujer se manifiesta en una serie de acciones que se repiten, es decir, que ocurren de forma continua
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Este espiral de acciones violentas se denomina “círculo de la violencia” o “ciclo de violencia” y se distingue en tres fases que comienzan a ocurrir luego del enamoramiento y que se van agravando en intensidad y frecuencia. La primera fase que se da en una relación violenta, es llamada, “acumulación de tensión” e implica la existencia de diversas expresiones de violencia psicológica del hombre hacia la mujer tales como insultos, reproches, manipulación, desprecios, entre otros. La segunda fase, es la del “estallido de violencia”, la cual corresponde al momento en el que la violencia física se hace presente, donde el hombre violento genera daños físicos y emocionales en la mujer, desenten-diéndose de las responsabilidad de sus actos, culpabilizando por su “exabrupto” a la mujer o atribuyéndole la culpa a factores externos. La tercera fase, denominada “luna de miel” es la fase de reconciliación de la pareja a partir del arrepentimiento del hombre, quien expresa promesas de cambio, hace entrega de regalos, y corteja a la mujer de diversas maneras para justificar sus actos y persuadirla de que lo perdone.
El poder conocer un poco más, dese una perspectiva de género, acerca de este tipo de violencia, que afecta a las adolescentes y mujeres de todas las edades y clases sociales, nos ayudará a reconocer a tiempo cuando se está siendo parte de este tipo de relaciones desiguales de poder y también nos permitirá identificar esto mismo, en otras, y así entender por qué a muchas les cuesta salir de dichas relaciones. Reconocer la violencia es el primer paso para liberarnos de ella. Vos también podes compartir esta información y ayudar a romper con este “ciclo o círculo de la violencia” que nos encierra y que vulnera nuestros derechos.


Los mitos del Amor Romántico
Por Merlina Castro

Los mitos, son creencias compartidas por gran parte de la sociedad y que se transmiten de generación en generación. Los mitos del amor romántico, son los relatos construidos en torno a las ideas “idealizadas” que se tienen del amor, que varían en el tiempo y según la cultura, y que aprendemos y reproducimos desde niñxs, en la familia, en la escuela, con las películas, las canciones, la publicidad, en los cuentos, con refranes, y en cada lugar donde desarrollamos nuestras vidas.


Este tipo de mitos va a imponer ciertas formas de pensar, sentir y vivir las relaciones amorosas que se van a considerar como las “verdaderas”, las “normales”, las “únicas”, las que “deben ser”, reforzando “mandatos”, roles estereotipados para varones y mujeres, y por ende relaciones desiguales de poder y la violencia machista.
“El amor todo lo puede”, “es la pareja que me tocó” , “es mi media naranja”, “es mi príncipe azul”, “es mi alma gemela“, “es el amor de mi vida”, “vivieron felices para siempre”, “el amor duele”, “quien bien te quiere, te hará sufrir”, “el amor verdadero es eterno”, “el amor verdadero lo perdona todo”, “los celos demuestran amor”, “no se puede ser feliz sin pareja”, “sin vos no soy nada”, “el amor es lo más importante y requiere entrega total”, son algunos ejemplos de frases que nos son muy familiares y que pueden ayudar a reconocer a los mitos del amor romántico tan arraigados en nuestra cultura.
El problema de dichos mitos es que estas creencias, al influir en nuestra manera de comprender y vivenciar nuestras relaciones, pueden producir la aceptación, tolerancia y justificación de conductas de nuestra pareja que resultan dañiñas, abusivas, ofensivas, por eso es importante problematizar estas ideas, para prevenir la violencia y promover relaciones saludables.
“Nos hicieron creer que el `gran amor´, sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años.
No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado.
Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad.
No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece cargar en las espaldas, la responsabilidad de otro.
Nos hicieron creer en una fórmula llamada `dos en uno´: dos personas pensando igual, actuando igual, que era eso lo que funcionaba.
No nos contaron que eso tiene un nombre: anulación. Que sólo siendo con personalidad propia, podremos tener una relación saludable.
Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos.
Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados.
Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos, y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad.
No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes, y que podemos intentar otras alternativas.
¡Ah!, tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir todo esto... cada uno lo va a tener que descubrir solo. Y ahí, cuando estés muy enamorado de vos, vas a poder ser muy feliz y te vas a enamorar de alguien”.
(JOHN LENNON)