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La violencia no es solo el golpe.
Por Merlina Castro

La violencia física, tal como lo define la ley 26845 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las mujeres “es la que se emplea contra el cuerpo de la mujer produciendo dolor, daño o riesgo de producirlo y cualquier otra forma de maltrato agresión que afecte su integridad física”, y su forma más extrema es el femicidio. En Argentina, cada 18 horas una mujer es asesinada por un hombre que la considera de su propiedad y por el hecho de ser mujer. Pero antes de se concrete la violencia física, en una relación, se producen otras formas de violencia, a veces más sutiles o difíciles de identificar, que generalmente se consideran comportamientos “naturales”, “muestras de amor” y que suelen “aguantarse” ante promesas de cambio.
Es fundamental entonces, el poder detectar distintos indicadores de violencia en los noviazgos, que suponen la existencia de una relación desigual de poder, la cual resulta nociva para la salud de las mujeres, y las pone en situación de riesgo. Es posible mencionar algunos de ellos:
Que te revise el celular. Que te obliga a que le des tu contraseña de tu e-mail o redes sociales. Que le moleste que recibas mensajes o llamados en tu teléfono. Que te diga como vestirte. Que te diga que sos una “puta” por maquillarte. Que te compare con otrxs y te haga sentir menos. Que crea que tiene que “darte permiso” para salir con tus amigxs. Que te hable mal de tus amistades y seres queridos para aislarte de ellxs. Que no quiera que vayas a ningún lado sin él. Que te cele constantemente. Que controle con quienes te relacionas y quiera saber todo el tiempo donde estas. Que te obligue o presione a tener relaciones sexuales aunque no quieras. Que se niegue a usar preservativo. Que se quite el preservativo por la fuerza o disimuladamente sin que te des cuenta o estés de acuerdo. Que fuerce un embarazo o te obligue a interrumpirlo. Que te obligue a grabar un video cuando tienen relaciones sexuales o lo realice sin tu aprobación. Que divulgue fotos o grabaciones íntimas sin tu autorización. Que te humille. Que te grite o insulte. Que te avergüence en público. Que desvalorice tus opiniones e ideas. Que desprecie todo lo que haces. Que te maltrate cuando contradecís algo que él dice. Que no te “deje” hablar, te haga callar o te ignore cuando le estás hablando. Que se burle de alguna característica de tu cuerpo o personalidad. Que te presione o manipule para que no trabajes, estudies o para que dejes de realizar actividades que te gustan. Que crea que estas obligada a realizar todas las tareas domésticas. Que te haya roto, retenido o robado algún objeto personal tuyo. Que golpee paredes o muebles durante una discusión. Que te amenace con dejarte si no accedes a hacer todo lo que quiere que hagas o con suicidarse cuando deseas terminar una relación. Que él sea quien toma todas las decisiones en la pareja. Que te culpe por la violencia que ejerce hacia vos justificándose con que “lo pones nervioso”.
Este tipo de manifestaciones de la violencia, suponen dominio y posesión de la otra persona, no amor, y a quienes reciben de este tipo de violencias, generalmente, les suele costar bastante tiempo el poder identificar dichas violencias como tales, a la vez, que suelen sentir culpa y miedo por lo que les sucede. En situaciones como estas, se hacen muy importantes las redes de apoyo y contención con personas de confianza que escuchen, y acompañen sin juzgar, y con profesionales capacitadxs en la temática, con perspectiva de género, que puedan orientar, asesorar y atender a quienes sufren de esta problemática. Se puede salir de la violencia, se puede prevenirla y construir vínculos saludables.

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Ninguna quiere.
Por Irene Blanco

La mujer que vuelve con su agresor, es porque le gusta que le peguen, es uno de los mitos que en esta nota propongo romper, ninguna mujer vuelve al vínculo traumático por que le gusta. El vínculo traumático es una teoría que desarrollaron Dutton y Pointer, haciendo una explicación a una relación basada en el desequilibrio de poder que ejerce el maltratador, el hombre que ejerce violencia, golpean-do, abusando o intimidando a su pareja de forma intermitente y creando ella fuertes apegos emocionales.
El vínculo traumático se hace más fuerte cuando un castigo físico es administra-do a intervalos, es decir, periodos de castigos con otras más amigables.
Estas diferencias extremas entre ambas conductas acrecienta el vínculo, la conducta de arrepentimiento se asocia por la mujer al cese de la violencia y la fase de “luna de miel”, queda reforzada.
Cuando una mujer deja una relación abusiva, el miedo comienza a debilitarse a la distancia y esta sensación de alivio y esta sensación de alivio por el cese de la violencia, que quedó grabada como un esquema mental, toma fuerza.
Así la figura de la pareja que se mostraba arrepentida y amorosa es recordada y si el estímulo reforzado es más intenso que el miedo, se hace posible que la mujer decida retornar.
Por tal motivo es solamente un mito que la mujer que se queda con su agresor es porque le gusta. De la violencia se sale, y se sale con ayuda desde afuera, si sos una mujer en situación de violencia o conoces a alguien llama al 144 las 24 HS. es gratuita, acércate a la Dirección de Políticas de Género, en Alsina 2383 esquina Cañuelas o llama al 4452-1431 de lunes a viernes de 8 a 15Hs.
También podes llamar al 15-6499-8440 guardia telefónica pasiva de la Dirección de Políticas de Género.
TENES DERECHO A UNA VIDA SIN VIOLENCIA. NO ESTAS SOLA.
*Téc. En Min. y Flia Directora de Políticas de Género
Secretaria de Abordaje de Políticas Integrales

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Recomendaciones para el tratamiento responsable de la violencia contra las mujeres en los medios audiovisuales

Por Merlina Castro

La Defensoría del Público ofrece este decálogo de suge-rencias para las personas que trabajen en los medios audiovisuales.
1. Recordar que la violencia contra las mujeres no se limita a la violencia física. También es violencia contra las mujeres, entre otras, la violencia psicológica, sexual, económica, mediática y patrimonial.
2. Informar a la persona que está o estuvo en situación de violencia sobre las posibles implicancias de la difusión mediática de su caso, ya que su visibilización y/o denuncia puede impactar en sus vínculos familiares, laborales, amistosos y sociales.
3. Proteger la intimidad y dignidad de la persona para evitar su revictimización mediá-tica. Es fundamental atender a la especificidad de los casos que refieren a niñas y adolescentes, quienes poseen protecciones aun mayores debido al interés superior de sus derechos como niñas y adolescentes.
4. Evitar la obtención de la imagen o la voz de una mujer en situación de violencia sin el consentimiento explícito de la persona.
5. Prescindir de abordajes que estigmaticen, culpabilicen, descrean y/o sexualicen a las mujeres en situación de violencia, y procurar representaciones positivas de quienes están superando o han logrado superar la violencia.
6. Privilegiar los enfoques centrados en la prevención y en la concientización de la problemática social de la violencia contra las mujeres, pres-cindiendo de la espectacularización y ficcionalización de los casos.
7. Chequear y diversificar las fuentes de la noticia y evitar la divulgación de información que pueda obstaculizar los procesos policiales o judiciales en curso.
8. Comunicar los casos a través del uso de un lenguaje preciso y/o de imágenes respetuosas que privilegien la información social-mente relevante.
9. Abordar la violencia contra las mujeres a través de la multiplicidad de géneros mediáticos sin banalizar la proble-mática social y procurar su segui-miento para evitar que los casos en particular y la problemática en general queden en el olvido.
10. Difundir los datos de organismos y políticas públicas, organizaciones sociales y personas que se especializan en la temática.

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