Espacio de pensamiento del
Dr. Jorge Rachid

LA PATRIA GRANDE Y LA PACHAMAMA

Desde los tiempos de la conquista de América por parte de la colonización española en principio, luego completada por todos los reinos europeos que saqueando, explotando y asesinando, fueron construyendo, a escala global, lo que hoy llamamos Modernidad.
Desde ese instante la vida de los pueblos, que desde hacía miles de años habitaban estas tierras, que cuidaban en su concepción mística, con el privilegio de cuidar la Madre Tierra, que daba sustento, alimentos y agua, en una vida comunitaria, sólo alterada por imperios que también los había en esos tiempos, que sometían a pueblos hermanos, pero construyendo caminos como la Ruta del Inca que integraba y permitía confluencias de culturas diversas etnias.
Como se integraron después, las culturas posteriores a la conquista, aun cuando bajo la bandera de la fe, se impuso la religión a los pueblos sometidos, que la tomaron y le dieron su propio sesgo, en donde la Pachamama, emergió con toda las fuerzas de la cultura ancestral, como eje de la vida y la esperanza. Cuidar la Madre Tierra, era el destino de los hombres en su paso por la tierra, en su vida biológica y si cumplían ese mandato, al partir terminada su vida biológica, subirían a la Vía Láctea para ir al encuentro de Dios.
Ese relato maravilloso, transmitido de generaciones en generaciones, se imbricó con la religión católica, dándole una impronta propia de la América Latina a esa religión. En un sincretismo cultural y religioso, esos pueblos juntos a los nuevos habitantes de estas tierras, los criollos, los negros, los zambos y mulatos, más los europeos llegados primero y de todos los lares del mundo después, construyeron los pilares de esa identidad americana en pleno desarrollo, que tenemos en nuestra región.
Después de casi 300 años de colonización, nuestros Padres Libertadores entendieron esa nueva buena, de pueblos integrados, pre existentes a la Emancipación, donde los santiagueños lo eran desde el 1500 largo y así otros pueblos tenían su propia identidad transfigurada, en donde ya se estaba dando en gestación esa cultura, por lo cual ninguno de ellos, ni Bolívar, ni San Martín, ni Artigas, Belgrano o Guemes, plantearon nunca otra perspectiva que la Patria Grande, como objetivo de Liberación.
Fue la impronta del NO AL ALCA, en el 2005 lo que permitió a los pueblos compatriotas latinoamericanos, recuperar esa historia y hacerse presentes en el mundo, como una unidad desde el punto de vista comercial y productivo, con planes estratégicos de conjunción de pueblos y objetivos comunes a construir.
Así surgieron las posibilidades de comenzar a producir medicamentos esenciales, hoy todos importados; un avión de entrenamiento con el 100% de piezas regionales y la constitución del Banco del Sur. Por esos planes, la contra ofensiva imperial y neoliberal, fue tan brutal e inhumana.
Pero no sólo ese diseño de EEUU, sino de los mismos europeos que avalaron medidas drásticas contra países hermanos como Venezuela, Cuba y Nicaragua, tolerando además las acciones del Lawfare en la región con los golpes parlamentarios y judiciales contra los líderes populares, culminando con el salvaje asalto a la democracia con el golpe cívico militar en Bolivia, recién restañado.
Es que nunca desde Europa, se respetó la construcción del pensamiento americano, que deviene de ese amor a la Madre Tierra, que construye su vida desde una concepción solidaria y biocéntrica, con profundo respeto por los seres humanos y la naturaleza, como estructura de los modelos solidarios, tanto sociales como productivos a construir.
Ese desafío estratégico impregna el debate de la pos Pandemia, entre la colisión prevista a darse, entre los modelos macro económicos como prioritarios, con su famosa teoría del derrame y los modelos solidarios que eviten el calentamiento global y protejan la Tierra que camina hacia su auto destrucción.
Ese es un debate de valores, del conjunto de ideas con el que van impregnando las conciencias colectivas de los pueblos, que el neoliberalismo pretende manipular, llevando desde el individualismo a la pérdida de la solidaridad social y desde el estado como financiador y privatista aun pérdida de identidad nacional latinoamericana.
Es una lucha por venir en la cual el eje cultural y el relato histórico ocuparán el mismo lugar en la grilla de prioridades, que la planificación estratégica, con soberanía nacional y justicia social. En esa batalla deberán deconstruirse ciertas naturalizaciones, implantadas por décadas de neoliberalismo dominante, que ha hecho del Estado Nacional una sujeción al coloniaje, con mecanismos de control aptos para la sumisión al poder hegemónico, que lo diagramó en los últimos 40 años.
Por esa razón la reconstrucción del UNASUR y la CELAC ejes de la memoria colectiva de Patria Grande, es un imperativo que devuelva a los pueblos, esas utopías plasmadas en los gritos de libertad, identificando a los enemigos de la misma, los personeros del coloniaje, como lo hace el Himno Nacional Argentino amputado en su letra, que debería volver a ejecutarse y corearse completo, como memoria compartida.
Nada mejor para eso que volver a leer a Perón:
“La humanidad necesita fe en sus destinos y acción, y posee la clarividencia suficiente para entrever que el tránsito del yo al nosotros no se opera meteóricamente como un exterminio de las individualidades, sino como una reafirmación de éstas en su función colectiva”.
Juan Domingo Perón, La Comunidad Organizada. 1949
JORGE RACHID
PRIMERO LA PATRIA
www.lapatriaestaprimero.org
CABA, 11 de noviembre de 2020 

CONCRETAR LA RESIGNACIÓN DE LOS PUEBLOS, ES LA VICTORIA DEL COLONIAJE

Jorge Rachid

Los pueblos constituyen la expresión humana máxima, de la conformación de los grupos sociales que los constituyen, y son tales en función de compartir ideales y sueños comunes, construidos por largos años de historia, que les otorgan identidad y perfil propio de esa cultura, hecha esperanza.

Ningún abuelo en esa extraordinaria experiencia que es la transmisión oral, de generación en generación, relata otras historias que aquellas que visten la descendencia, llenando el inconsciente del niño, de valores y virtudes, forjados en luchas lejanas, épicas conmovedoras, historias de vida sobrevivientes a mil peripecias. Ese hecho constituye uno de los hitos más elevados en la consolidación cultural de los pueblos.

La Matria y la Patria, el suelo y la tierra que le brinda sustento, más la pertenencia a su cultura, une a los pueblos, alientan sus luchas, defienden sus derechos, asientan sus saberes, cultivan sus relaciones sociales, fortalecen su identidad, desarrollan su soberanía, construyen su solidaridad social activa, afianzando el amor que sella a las comunidades, como organización social, que trasciende los tiempos y las circunstancias que puedan presentarse.

Así fue a lo largo de la historia, podrán desaparecer países, imperios, ciudades incluso, geografías enteras cambian, pero los pueblos y sus memorias colectivas quedan.

Por esas razones las nuevas formas del coloniaje, buscaron influir definitivamente en las pérdidas de las identidades, en intentar borrar toda huella de patrimonio cultural anterior, en cualquiera de sus formas, ya sea apropiándose del relato histórico, tergiversándolo, o penetrando con sus propias culturas y religiones, enterrando costumbres, avasallando valores ancestrales e incluso eliminando mediante genocidios, la posibilidad intergeneracional de sueños comunes.

Pero aun consiguiendo esos fines perversos del colonialismo, el mismo no pudo, a lo largo de la historia conocida, borrar las huellas de los pueblos que fueron dominando. El caso americano, con el relato “del descubrimiento de América”, habitada desde hacía 10 mil años, es paradigmático. Penetraron con la cruz y la espada, los pueblos se apropiaron de la cruz y lucharon contra la espada, hasta el día de hoy, frente a diferentes colonizaciones, con victorias y derrotas, pero siempre como pueblos, con sueños de un destino común.

Podríamos relatar los armenios, los hebreos, los árabes, los persas, los egipcios, los griegos, los indios, los chinos, los vietnamitas y cientos de pueblos más, que siempre emergieron de la noche oscura de la colonización, como entidad constituida.

Por esas razones los Imperios modernos intentan nuevas formas de colonización y sometimiento de los pueblos, actuando en especial sobre la construcción de sentido, ocupando el espacio simbólico de las representaciones humanas, llevando al convencimiento de la derrota, como epílogo único de la historia, es decir a la resignación de la construcción de un destino común, sometiéndose a los designios del poder de turno. Esa amputación de la posibilidad histórica, que intentaría hacer desaparecer a los pueblos como tales, es una de las formas más claras, del neoliberalismo dominante.

Pensemos críticamente en la apropiación de las palabras, el lenguaje que domina, incorporando terminologías y costumbrismos importados, supuestos festejos de otras latitudes, no como los que tenían nuestros viejos inmigrantes, solidificando su pertenencia, sino impuestos por nuevas modalidades de control social, entre ellas conmemoraciones que no nos pertenecen, pero empiezan a ser naturalizadas por el pueblo.

Las nuevas generaciones, sólo van conociendo ese relato, se instala un discurso único, se denigra la propia historia y se la combate, se le adjudican todos los males a una supuesta no integración al mundo, a la globalización, a la modernidad. Se instalan sus instrumentos y herramientas comunicacionales, las redes que todo lo ven y escuchan, tiene un mensaje unificador, destinando a dejar de ser como pueblo y constituirse como gente del mundo, sin rostro, ni pertenencia, abandonando su cultura de cuna, para incorporarse a una aldea desconocida, cuyos afectos no son los suyos, ni las comidas, ni las costumbres, pero lo llaman a “pertenecer”, a ser alguien individual que crezca por sí y para sí, sin historia ni compromisos previos, menos aún afectos que comprometan su desarrollo y sus objetivos personales.

Eso se llama instalar la resignación en los pueblos, robarles la historia y demostrarles que no hay otro camino posible que el de la integración a los poderes económicos y culturales de la etapa, que cualquier cambio de esa ecuación será sometido al escarnio y reprimido, por medio de extorsiones económicas u operaciones políticas o militares. Intentan paralizar a los pueblos en sus luchas, acabar con los sueños compartidos, Por esa razón eliminar el UNASUR era prioritario en el diseño estratégico de EEUU, crear el grupo de Lima para perseguir a los pueblos hermanos que resisten la embestida imperial, con los propios nativos cipayos, como hicieron las tropas coloniales españolas, luchando contra San Martín y Bolívar con ejércitos conformados por peruanos, o como forzó el Imperio inglés la batalla de Caseros y el derrocamiento de Rosas, con tropas brasileñas. También Perón fue derrocado con auxilio de la armada inglesa, que abasteció los buques de la masacre fusiladora del 55 y EEUU propició el golpe de 76 a través de Kissinger con instrucciones para Videla.

Entonces no es nueva esta forma del coloniaje, ni serán nuevas las formas de lucha que emprenderemos para derrotarlos, a los de adentro y a los de afuera, más visibles y más claros para enfrentarlos. En ese camino la Unidad del campo Popular es indispensable para la lucha, no se trata de que todos sean revolucionarios, con no ser parte del enemigo colonial, pueden ser aliados de la causa popular.

El enemigo intenta la fragmentación permanente, el discurso único, la instalación de la agenda y apropiarse de la iniciativa. Todo aquellos que el pueblo haga para evitarlo, será parte de una larga lucha, por recuperar la identidad desgarrada de Patria y fortalecer la Matria soberana, para que sea parte de la calidad de vida de los argentinos y no del espacio del lucro, del saqueo y la depredación, voraz del Imperio.

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