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Carnavalear

Por Andrea Doglia

El carnaval, esa multitud disfrazada de ninfas y sátiros coronados con pimpollos de vid, con el rostro embadurnado y haciéndose los borrachos. Hoy en día se conservan algunas de las características esenciales de los ritos de los antiguos pueblos. Hace 5.000 años los sumerios se disfrazaban para pedir a los dioses que expulsaran a los malos espíritus y celebraban la fertilidad de sus tierras. En Egipto se realizaba esta celebración en honor al Apis. Los griegos festejaban a Dionisio, donde se ignoraban las clases sociales y todo el mundo era igual: los esclavos se disfrazaban para que sus amos no los pudieran reconocer. Esto llegó a los romanos como celebración a Baco y la costumbre se expandió tomando diversas identidades y caracte-rísticas de cada región. El fuego siempre fue primordial, y lo que se quema en el final del carnaval es el mismo representado por un objeto simbólico. En el mundo del revés en el que predominaba la locura era natural que la autoridad intentara siempre abolir estos desbordes, tanto en la antigüedad como hoy en día. En cuanto a los disfraces, la palabra disfraz procede de la voz freza= huella y la partícula negativa /dis/=borrar, quitar huellas. Es decir, el disfraz oculta el rostro de quien lo lleva dando rienda suelta a su verdadero yo.
Hay quienes siguen creyendo que el carnaval es sinónimo de descontrol. Lo sería, pero nos encontramos ante un mundo donde nada funciona como debería: medicamentos que en vez de curarnos nos mantienen vivos para mantener su gran negocio. Políticos que acceden a poder para enriquecerse a sí mismos empobreciendo a la sociedad. Medios de comunicación que en vez de informar mantienen a la gente frente a una farsa. Pero para contrarrestar todo esto está el arte incapaz de mentir. El arte sincero y testimonial, aún cuando no lo pretende. Ahí está la bofetada de colores llamada carnaval. Un artista es también quien ve en la plástica, la música, el teatro o la danza una vía para manifestar sus universos. El carnaval y su organización es un estímulo al talento emergente y a sus diferentes mani-festaciones artísticas. Los festejos de carnaval facilitan una experiencia auténtica y dinámica, que vinculan la manifestación artística con el acontecer diario, la historia barrial, lejos de la formalidad. El arte más cercano al público ávido de nuevas formas de hacer cultura. Estas iniciativas constituyen un medio eficaz para la promoción de derechos y ciudadanía, a la vez que estimulan el desarrollo de capacidades, promo-viendo procesos creativos en todo el barrio.
Les propongo ponerse en pausa en pleno festejo. Apagar el sonido de los tambores y quedarse con los colores y las líneas dibujadas en el aire por los cuerpos en movimiento. La energía de las personas cuando están en multitudes. Ese acto de rebeldía sigue siendo auténtico. Los carnavales no son para divertir a nadie. Son un acto de protesta, un hecho artístico involuntario. Ser feliz y reír es desobediencia.
Que no nos roben el carnaval.

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Que el ajuste te valga.

 
Por Andrea Doglia

Desde el pasado diciembre la ciudad de Hurlingham se convirtió en testigo involuntario de la obra de ARTISTA ACTIVO.


Para los que no los conocen, es un grupo de artistas independientes, autogestivos y autoconvocados, que sensibles ante la impunidad, la represión, el ajuste, la reforma salarial, previsional y educativa, la manipulación de la información y la injusticia, decidieron manifestarse a través el arma y herramienta que los atañe: los diferentes lenguajes artísticos. Artistas plásticxs, músicxs, fotógrafxs, bailarinxs, actorxs y poetas unidos por el concepto del arte como modo de denuncia, elementos de reflexión y transformación social.
El pasado 28 de diciembre, conocido como el día de los inocentes, realizaron una performance en un recorrido que abarcó desde la plaza Ravenscroft, pasando por la estación de Ruben Darío hasta la estación de Hurlingham (corres-pondiente a tren línea San Martín). Se representó con ironía a una cautivadora Heidi brincado alegremente por los prados mientras su compañero, un gato de traje y corbata, promulgaba sus discursos repletos de furcios, mentiras y frases hechas. Al final de cada enunciado solo se podían escuchar carcajadas. Todo parecía una broma “inocente palomita”, las promesas de campaña se convirtieron en sus opuestos. Y los ajustados, arrastrados por el feroz dúo, atrapados en un gigantesco cinturón amarillo que ajusta y ajusta hasta unirnos a todxs en una masa amorfa de gente aferrados a sus pancartas, donde enuncian sus reclamos y esas frases que dan más miedo que risa. Ese pueblo argentino anónimo atrapado en el cinturón, con sus rostros desdibujados tras las máscaras de emoticones sonrientes. Esos ajustados somxs todxs: el anonimato es un primer paso a la universalidad. La presencia de cuerpo en performance y el símbolo de denuncia desenmascaran una única verdad: no soy quien estoy siendo ahora, pero podría haberlo sido al igual que vos, al igual que ustedes.

La performance o “ArtiVismo performático” como obra presenta un concepto que enuncia, denuncia y anuncia. Se centra en el hecho y no en el objeto. Permite hacer un pasaje de lo real de las ideas, a lo real de cuerpo y provocar un impacto volviendo lo oculto en visible. Si bien existe la performance de galerías y escenarios, el artivismo performático se manifiesta okupando el espacio público y en la cotidianeidad. El objetivo consiste en inquirir y poner a prueba a quienes movilizan y caracterizan a una problemática dentro de la vida ciudadana. Las respuestas y reacciones se va dando de forma espontánea alrededor de la creac(c)ión planteada.
Estemos atentos a las nuevas acciones de ARTISTA ACTIVO. Este arte provocativo y realizador puede sorprendernos a la salida del trabajo, cuando hacemos las compras o a la vuelta de la esquina, desviando nuestra mirada del individuo cotidiano y dándonos un shock de arte y cognición.

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